Valores humanos: la justicia

Valores humanos: la justicia

La justicia es un principio ineludible que debería regir nuestras sociedades y las relaciones personales.

La justicia es un principio ineludible que debería regir nuestras sociedades y las relaciones personales.

¿Qué es justo y qué no? Difícil saberlo y definirlo. La justicia depende de los valores de una sociedad y de las creencias individuales de cada persona. Ser justo significa que usted sea equitativo, ecuánime, imparcial, razonable y neutral.

Practicar el verdadero significado de la justicia es conocer, respetar y hacer valer los derechos de las personas que nos rodean. Tomar decisiones apegadas al más profundo sentido de humanidad, reconocer la labor del prójimo, del compañero de labor, del amigo, del vecino. Ser justo es dar a cada cual lo que se merece y necesita para desarrollarse plenamente y vivir con dignidad.

Practicar la justicia implica reconocer, aplaudir y fomentar las buenas acciones y las buenas causas. También condenar todos aquellos comportamientos que hacen daño a los individuos o a la sociedad y velar por que los responsables sean castigados por quienes deben hacerlo. Actuar con honestidad, respeto y, sobre todo, tener sentido de humanidad.

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La justicia es, pues, un principio ineludible que debería regir nuestras sociedades y las relaciones personales, por qué no, toda vez que se inclina a obrar y juzgar, teniendo por guía la verdad y dando a cada uno lo que le pertenece, o sea, su realización y su dignidad.

Sin embargo, la vida en ocasiones dista millas de ser justa y se convierte en una auténtica injusticia. El político y militar venezolano Simón Bolívar lo reseñó con claridad: “Es difícil hacer justicia a quien nos ha ofendido”. O como lo definía Albert Einstein: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”, en franca alusión a los injustos comentarios u opiniones, nacidos de intereses espurios y vulgares.

Pero como no todo está perdido, me aferro a esas sabias frases martianas: “Las palmas son novias que esperan: ¡Y hemos de poner la justicia tan alta como las palmas!”. Porque la justicia siempre triunfa y “(…) no menoscaba el valor; antes lo enaltece”.

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