Valores humanos: la gratitud
dom. Ago 18th, 2019

Valores humanos: la gratitud

La base de la amistad, del amor, de la familia… es la gratitud, que constituye una actitud poderosa y transformadora. /Foto: Internet

La base de la amistad, del amor, de la familia… es la gratitud, que constituye una actitud poderosa y transformadora. /Foto: Internet

Un proverbio estonio dice que “quien no agradece por poco no agradecerá por mucho”. Estamos acostumbrados a un mundo que se mueve muy deprisa. Nos quejamos de lo que no tenemos o de lo que tenemos, sin darnos cuenta de que debemos ser agradecidos, pues en la vida hay muchos motivos para estar alegres y dar las “gracias”. La base de la amistad, del amor, de la familia… es la gratitud, que constituye una actitud poderosa y transformadora. Debe ponerse en práctica, tanto con alguien que te hace algún favor, como a nivel personal y laboral.

Desde una perspectiva científica, la gratitud no es solo una acción. La gratitud es una emoción positiva, es una acción realmente importante, porque sirve para un propósito. Decir gracias no nos quita nada, ni tiempo ni espacio, mucho menos dinero, y aun así, a pesar de ser algo tan fácil de dar, muchas veces nos dejamos invadir por la arrogancia y la indiferencia, o absorber por las preocupaciones y los afanes del día a día. ¡Es tan sencilla de pronunciar o de escribir!, y si la damos acompañada de una sonrisa, sería mucho mejor.

El jazzista norteamericano Lionel Hampton consideraba que “la gratitud se da cuando la memoria se almacena en el corazón y no en la mente”. Y es que el agradecimiento debe estar presente en cada momento, en cada instante de nuestra vida. Por ello, cuando hablamos de gratitud —como valor humano— nos referimos al acto que se ejerce cuando una persona experimenta aprecio y reconocimiento por alguien que le prestó ayuda. No significa ‘pagar’ un favor, sino, por el contrario, una demostración de afecto y un modo de corresponder con una actitud amable y positiva.

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La gratitud conduce a la grandeza. Puede, literalmente, convertir lo que tienes en más que suficiente: el trabajo en alegría, el caos en orden, la incertidumbre en claridad. En el ajetreo diario apenas nos damos cuenta de que recibimos mucho más de lo que damos, y la existencia no puede ser plena sin esa gratitud. Evitemos, pues, criar cuervos para que estos no nos saquen los ojos, como dice un refrán español que bien define a los ingratos.

Prefiero terminar con este proverbio chino: “Cuando comas brotes de bambú, recuerda al hombre que los plantó”.

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