Una profe para la FEEM

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Foto: Glenda Boza Ibarra
Foto: Glenda Boza Ibarra

Entra a su aula rebosante de verdor. Se transforma en la joven que alega nunca ha dejado de ser y fluyen las conversaciones como las que suceden entre miembros de una misma generación. “Me gusta que mis niños se sientan confortables; que sepan que sé abrir”.

No le es difícil cuando se hizo tanto por esa juventud en tiempos de pruebas y cambios. Cuando todo se transformó y los jóvenes debieron dar el paso al frente, pues ella estaba allí para darlo.

Sus alumnos, agradecidos de incondicional profesora, amiga y madre, la tratan de usted, y ella se regodea, se siente plena. Es lo que quiso hacer Clara Esther Gómez Gonzalvo desde el momento en que culminó los estudios…, incluso antes, pues sintió que había nacido para enseñar y transmitir su experiencia en esta organización.

¿Acaso la FEEM de hace 30 años se asemeja a la de estos días?

“La FEEM de mi tiempo no era tan diferente a la de hoy, solo que el contexto no es el mismo. Además, tuvimos una experiencia muy bonita: fuimos becados en la Escuela Secundaria Básica en el Campo (ESBEC) Juan Alberto Díaz en su primer año, primer centro de su tipo de la provincia de Cienfuegos, y terminamos de construirla; simplemente éramos jóvenes con deseos de hacer cosas nuevas, coexistíamos como una familia y tomábamos las tareas con mucha vehemencia”.

¿Cómo decidió que sería maestra?

“De ahí pasamos la mayoría al contingente pedagógico, y fuimos profesores de esas mismas escuelas que ayudamos a terminar y crear. Sucede que después de vivir cosas tan intensas, ese amor por la enseñanza creció tanto como para desear transmitirlo a las siguientes generaciones, y hacerles saber por lo que se luchó y se sigue luchando para que perdurara y pudieran tenerlo y disfrutarlo hoy”.

¿Cree que es la misma disposición la de los jóvenes en la actualidad?

“La voluntad y destreza de la juventud no difieren a la de mi generación; donan sangre, se solidarizan igualmente con problemas que afectan a la sociedad y dan el paso al frente. La diferencia es que no son los mismos conflictos.

“Ahora lo tienen todo o casi todo, en cambio la juventud de mi tiempo tuvo que ayudar a construir ese todo, afrontó serios y comprometidos deberes, y con eso no quiero decir que las actuales generaciones no asuman deberes, sino que para aquel entonces, eran tiempos más difíciles”.

¿Les transmite a sus estudiantes esas experiencias?

“Cada vez que hablamos, tanto en clase como fuera de ellas, trato de hacerles entender lo bueno que les tocó vivir y la importancia de mantener todo eso. Es muy gratificante saber que les puedo hablar de ello con un basamento práctico, o sea, yo formé parte de ese colectivo de trabajo en el pasado, y sé que ellos pueden, y tienen la capacidad y voluntad para mantener y hacer progresar esos logros”.

Me decía que ingresó a la FEEM en 1974, apenas cuatro años después de fundada…

“Sí, soy casi fundadora, y recuerdo a muchos de mis compañeros con nostalgia; gente de muy buena, con voluntad de hacer y prosperar; de inmenso valor, valor humano, quiero decir, los cuales se mantienen desempeñando tareas importantes en pos de mejoras y con el mismo propósito por el que comenzaron.

“La verdad es que si no hubiera hecho todo este trabajo, aunque pesado, no me sintiera tan realizada y en paz conmigo misma. Estas experiencias me han hecho mejor persona; y saber que he contribuido a la solidificación de la Revolución, eso me basta”.

Liz de la Caridad López García (estudiante de Periodismo)

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