Una pregunta que espera por siempre la respuesta | 5 de Septiembre.
sáb. Ago 24th, 2019

Una pregunta que espera por siempre la respuesta

Su acercamiento al mundo de la lectura fue un descubrimiento. Captó como un destello deslumbrador el singular poder de la metáfora cuando el burro Platero, aquel borrico tierno nacido de la pluma del español Juan Ramón Jiménez, hundía su cabeza en un simple cubo para comer estrellas.

La imagen aparecida en la narración Platero y yo, y contenida en su libro de lecturas de sexto grado, lo sedujo para siempre, y subyugado por el enlace de su narración y el poder sutil, al tiempo que evocador de la historia, se inicia José Díaz Roque en el mundo de la lectura, para poco después, a los 14 años, comenzar a desgranar narraciones y poesías en los talleres literarios de los que formó parte.

Su currículo es extenso y se engrosa por días: escritor, investigador, profesor, conferencista, bibliógrafo y bibliotecario, licenciado en Lengua y Literatura Hispanoamericana-cubana y en Información y Documentación Pedagógica.

También vicepresidente de la UNEAC en Cienfuegos y presidente de Honor de la Sociedad Cultural José Martí y jefe de la sección de intelectuales del Contingente Cultural Juan Marinello.

Entre sus publicaciones cuentan el ensayo, la poesía y la crítica literaria y artística. Títulos como, José Martí: para una ascensión constante del llanto redimido, Los Mástiles del Tiempo, El Zapato de Piedra, Como de hierba, entre muchos otros, conforman su trayectoria por el mundo editorial.

Clasifica como un verdadero intelectual que confiesa tener mejores condiciones para el ensayo, aunque en la poesía encuentra el modo idóneo para expresar su mundo

¿Por qué?

“Quizás por lo que te comentaba al inicio, esa subyugación por el lenguaje tropológico, por la imagen que más que decir literalmente sugiera y descubra. Recuerdo mi primera poesía se llamó Todo y nació como resultado de los albores revolucionarios en el país.

Crecí en un hogar donde el interés por los temas literarios no existía. Ni siquiera una intención marcada porque estudiara. Mi familia desarrollaba su vida entre pieles repujadas, monturas y zapatos. Mi tío tenía una talabartería, mi padre trabajaba en ella. Mi padre era un comunista acérrimo, mi tío un pequeño burgués. Crecí entonces entre el proletariado y la burguesía, después en una realidad de fuertes cambios. Pero mis andanzas autodidactas por la poesía lírica, la mitología griega y latina y mi interés por la lectura no menguaron.

Quise estudiar filosofía cuando terminé la enseñanza preuniversitaria pero no se cursaba entonces esa especialidad y me incliné entonces por la Licenciatura en Letras”.

Juan Ramón Jiménez y José Martí, dos gigantes de ellas que marcaron las tuyas ¿por qué?

“Bueno, ya te dije, con las obras de Juan Ramón Jiménez me inicié en la literatura y a Martí empecé a descubrirlo también temprano, desde que su imagen, junto a la de Carlos Manuel de Céspedes y José de la Luz y Caballero, colocadas en la pared de mi escuela primaria, me suscitaban la indagación.

“Martí es mi patrón, mi guía, lo tengo en diferentes lugares de mi casa, junto a mi puesto de trabajo en la Biblioteca Provincial. En él se funden espiritualidad y humanismo. En él encuentro la respuesta a muchas interrogantes que como cubano me he hecho para Cuba y para el mundo.

“Para mi no es el cubano más universal, sino el más cubano de los que han pasado por esta tierra. Hombre de concepción pacifista, supo la necesidad de una revolución, pero además la preparó y entregó su vida por ella.

“Es también alguien que me sirve de paradigma para conocer mis limitaciones, como decía Goethe ‘a donde sé no puedo llegar, sin prisa, sin cansancio, como los astros”.

Es la noche un motivo recurrente en tu obra ¿por qué?

“Siempre digo que muchas de mis ideas nacieron dormidas. La noche me inspira para escribir, tanto como me atemoriza, pero ella conjura a mi subconsciente. Ella me confiesa y ella me responde. Por eso creo que leer mi poesía es el mejor modo de conocerme sin que por ello crea que puedo penetrar en los secretos del alma”.

¿Tus temas…?

“Mis temas constantes rondan la vida y la muerte, el ser y no ser. Soy solo un grano de arena en el universo infinito que junto a otros granos de arena convergen para formar un pensamiento político, filosófico, literario”.

¿Cómo concibes el acto de educar y la necesidad de saber?

“Digo que no hay mejor forma de saber que enseñando, es así como reafirmas y profundizas lo que aprendes. Puedes saberlo, aplicarlo, razonarlo, pero si no lo enseñas no lo fijas, ni lo aprendes bien. Pienso además que todo hombre debe amar lo que enseña y a quienes enseña, pero sin olvidar las leyes que rigen ese amor, de lo contrario se pierde método, camino y principios de la pedagogía”.

¿Qué opinión te merece la manera en que se hace la crítica literaria?

“Creo todavía debe ganar en profundidad, en incentivar al lector, debe proveerse de un andamiaje teórico que sepa jerarquizar y trascender así la simple reseña”.

¿La utilidad del arte?

“Más que por cualquier otra cosa el arte es útil porque graba y desentraña lo que piensan y sienten los muchos que no son artistas”.

¿Los enfoques culturales?

“Hay que acentuar más el enfoque científico en los estudios culturales, buscar e identificar lo singular y lo diverso. La unidad sin diversidad es monolítica y la diversidad sin unidad es nula. La discontinuidad y el sentido del espectáculo en la cultura que nos hablaba Chacón y Calvo todavía, a mi juicio, permea algunos enfoques culturales y vemos cosas a las que se les da esa categoría y al final no trascienden a la ideología ni al proceso de las ideas. Creo es importante lo espectacular pero imprescindible lo cotidiano”.

¿Cómo explicas que siendo un hombre que ha tenido como intelectual tantas oportunidades, lleves 29 años en la Biblioteca Provincial?

“En la biblioteca están los libros y como decía Borges un libro es como un universo. La biblioteca es muchos universos juntos en un solo estante y están ahí, al alcance de mi mano. Se aviene además con mi personalidad. En mi interior amo la pasividad, el silencio, la reflexión, los elogios no me gustan, más bien me desarman, pero algo en mi no va a cambiar: soy una pregunta que espera ya por siempre la respuesta”.

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