Una mirada a los decorados del Teatro Tomás Terry
sáb. Ago 17th, 2019

Una mirada a los decorados del Teatro Tomás Terry

Al ojo poco entrenado tal vez le escape el detalle de los dos retratos que aparecen en el majestuoso plafón recién restaurado del artista filipino-madrileño Camilo Salaya Toro. /Foto: Ildefonso Igorra López

Al ojo poco entrenado tal vez le escape el detalle de los dos retratos que aparecen en el majestuoso plafón recién restaurado del artista filipino-madrileño Camilo Salaya Toro. /Foto: Ildefonso Igorra López

Los frescos que en 1889 pintara Camilo Salaya Toro para engalanar el plafón del Teatro Tomás Terry, de Cienfuegos, invitan a la contemplación de una obra que si bien por la posición que impone no deja sitio para acomodar, antes bien conmina a la búsqueda de los detalles.

Eso sucede cuando reparamos en los dos retratos que aparecen en este decorado, pertenecientes a Gertrudis Gómez de Avellaneda y Gaspar Villate y Montes, dos reconocidas figuras en el mundo artístico del siglo XIX, nacidos en Cuba y cuya obra desarrollada principalmente en Europa, reclama una divulgación para intentar colocarla en su justo lugar.

Ella, nacida en Camagüey el 23 de marzo de 1814, salió tempranamente de la Cuba colonial hacia España y se inscribe entre aquellos que han cantado a la isla donde nacieron en la añoranza de sus paisajes y su gente, en ese Al partir, poema muy conocido de la poetisa, que está firmado —entre otras composiciones publicadas tempranamente en España— bajo el seudónimo de La Peregrina.

La camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda es una escritora que debate sus temáticas entre el amor y la mística. Vivió algunos meses en Cienfuegos. /Foto: Archivo
La camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda es una escritora que debate sus temáticas entre el amor y la mística. Vivió algunos meses en Cienfuegos. /Foto: Archivo

Una vida amorosa cargada de incomprensiones y sinsabores, pérdida de una hija, viudez, hacen de la Avellaneda una escritora que debate sus temáticas entre el amor y la mística, y por cuya obra poética se le confieren notables reconocimientos, que se conjugan con los éxitos alcanzados por la puesta en escena de sus dramas: Leoncia, estrenada en Sevilla en 1840; Alfonso Munio, (1844); Saúl (1849); Baltazar (1858); y con la publicación de las novelas Sab, Dos Mujeres y Espatolino, estas últimas de contenido social.

Su regreso a Cuba se produce en el año 1860. Casada con Domingo Verdugo, nombrado Gobernador de Cienfuegos, vive unos meses en esta ciudad, lo que  motivó nombrar Avellaneda a un teatro en Cienfuegos, inaugurado con la obra Alfonso Munio, acto en que estuvo presente la notable escritora. Aunque resulta breve su estancia aquí, la presencia de esta reconocida figura del mundo literario pudiera justificar su representación en la obra de Salaya para engalanar el plafón del Coliseo Mayor de la ciudad.

Ya para ese entonces la Avellaneda está por cumplir 16 años desde su muerte, ocurrida en Madrid en febrero de 1873, y a cuyo funeral apenas asisten doce personas, entre ellos el escritor español Juan Valera, por quien conocemos este detalle, quien comenta sobre las veleidades que muchas veces rodean la manera en que los grandes trascienden a la posteridad

Gaspar Villate

Gaspar Villate, autor de óperas entre las que destaca la Czarina. Fue amigo personal de Verdi. /Foto: Archivo
Gaspar Villate, autor de óperas entre las que destaca la Czarina. Fue amigo personal de Verdi. /Foto: Archivo

Al trabajo pictórico de Salaya Toro se añade el retrato de Gaspar Villate, nacido en 1851 en La Habana, quien comenzó tempranamente sus incursiones en composiciones clásicas, mientras su vida discurría en un ir y venir entre Nueva York y España, donde cursó estudios de música, completados luego en París. Compuso su primera pieza al regresar a Cuba en 1871, y aunque escribe contradanzas y obras criollas, se destaca por ser autor de óperas. Entre ellas destaca la Czarina, estrenada en el Royal Theatre del Havre.

Son notables los éxitos de Villate en Francia y España, donde compone la misa para los esponsales de Alfonso XII con María Mercedes de Orleans, y años más tarde también el Réquiem del propio Rey, méritos por los que incluso recibe condecoraciones en la Corte. Sus reconocimientos en el mundo de la música incluyen al propio Verdi, de quien fuera amigo personal.

No bastarían estos datos para argumentar la presencia de Villate junto a la Avellaneda en este espacio del plafón del Teatro Tomás Terry, cuando sabemos que por estos tiempos están reconocidos otros músicos como Nicolás Ruiz de Espadero —maestro de Villate— y  también han alcanzado lauros por su obra en Europa otros cubanos de la talla de Ignacio Cervantes y José White.

Confluencia

En 1885 Gaspar Villate lleva a escena la ópera Baldassare, en el Teatro Real de Madrid, basada en la obra de teatro Baltazar, escrita por la Avellaneda. Esta representación, hecha por artistas italianos, se mantuvo en cartelera desde febrero hasta abril, y contó con la aceptación de numeroso público y la complacencia de la prensa madrileña, todo lo cual otorgó reconocimientos al ilustre autor cubano que nunca olvidó sus orígenes.

Muere Villate en París en 1891 y cede su fortuna en Cuba a la Sociedad Económica de Amigos del País, cuyos fondos sirvieron para la creación de una Escuela Elemental de Artes y Oficios para niños y jóvenes en La Habana.

Sirva entonces el acercamiento a estas dos figuras de la cultura cubana, recreadas por el pincel de Salaya para el plafón del Teatro Tomás Terry, de Cienfuegos, para enaltecer aún más el valor de la admirable restauración llevada a cabo como parte de los trabajos conmemorativos por el bicentenario de la fundación de la ciudad de Cienfuegos.

Restauran cuadrifolio central del teatro Tomás Terry (Fotorreportaje)

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