Una historia de epidemia contada en primera persona

En primera persona y a modo de grito les cuento la historia de mi experiencia al enfermar de Covid-19 y padecer complicaciones graves. Un día cualquiera, a mediados de julio, comencé a sentir dolores en las piernas, la cabeza, y una «flojera» que no es típica en las personas hiperactivas; el camino de la cocina a mi sillón-trono se me hacía largo, y luego perdía el gusto y el olfato. De inmediato me aislé en casa, y cuando pensé había pasado lo peor, llegaron las complicaciones.

Contagié a mi hijo pese a mantenerme en aislamiento, a quien desde comienzos de la epidemia convertí en mi conejillo de indias para repetirle la charla educativa y comunicativa que yo misma aprendí en cada conferencia de prensa o cobertura periodística: «lávate las manos, usa otro nasobuco, báñate, cámbiate de ropa, no visites a los abuelos…”.

Y de pronto nuestra vida cambió, debimos quedarnos en casa, nosotros, que precisamente somos el equipo de ayuda a la familia, los de la logística, las colas y «resolvedores» de todos los entuertos hogareños, incluso del transporte familiar.

Comenzó la odisea por una prueba confirmatoria en los días más álgidos del pico pandémico, a la que nunca tuve acceso, pero no fue necesario, porque la clínica no falla si se aprende bien, tal como tantas veces escuché al Dr. Espinosita, y escribiera sobre el tema mucho antes de la epidemia. Y que mi hija puso en práctica.

Resultó duro quedarnos puertas adentro, ver cómo las reservas se agotaban, incluso el gas, sentirnos mal, con fiebre alta y falta de antipiréticos, tos; a esas alturas resultó bueno tener lejos, pero cerca a los nuestros y crearse en derredor una red de ayuda familiar y de pocos vecinos, porque ellos también enfermaron.

Llegaron los medicamentos de los primos desde La Habana, de Matanzas; el caldo de pollo de mi tía Flora, las plantas medicinales de la parcela La Maravillosa, miel de abejas desde Ariza; y hasta el team de Cirugía de HGAL se activó, esos profes y residentes con quienes en los últimos tiempos he compartido las verdes y maduras, y la parca se tuvo que apartar ante tanto cariño y solidaridad compartidos.

Ustedes, mis queridos lectores, perdonen la dramaturgia, quizá exagere o quizá no lo cuente todo, pero es muy duro saberse enfermo y sentir la soledad del aislamiento. Y la historia, como las tantas que he escrito durante la epidemia y desde mucho antes, se tornó realidad.

Y tal como decía al principio, este comentario va a modo de grito, sí, porque toda acción para protegernos resulta vital cuando de preservar la vida se trata, de cuidar a los nuestros, de permanecer a salvo. No basta con escuchar los mensajes de bien público a diario y repetir hasta el cansancio; es preciso poner en práctica esas reglas de oro que nos permitirán tener mañana, permanecer y poder contar entonces la historia. Muchos, colegas, familiares, vecinos, conocidos… no podrán hacerlo porque perdieron la batalla.

Después, cuando todo pase, debemos enfrentar la vida, sentir el miedo de quienes no quieren compartir el elevador y te ceden el derecho de escalar solo, y los perdono, aunque sienta la sensación de ser marginada, pero ellos tienen el derecho de mantenerse a salvo y protegerse, cuando en una simple acción les va la salud y la vida.

Se regresa en cámara lenta, incluso he llegado a confundir el mes en una nota informativa, pero se regresa a la vida, con una óptica distinta, con la esperanza de que mañana, contaremos la historia en primera persona.

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Magalys Chaviano Álvarez

Periodista. Licenciada en Comunicación Social por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas de la Universidad de Cienfuegos.

3 Comentarios en “Una historia de epidemia contada en primera persona

  • el 8 septiembre, 2021 a las 9:41 am
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    Gracias por leernos y comentar, son momentos muy duros, en los que se hace muy necesaria la unión familiar y la solidaridad, cuídense y cuiden, tendremos mañana para contar esta y muchas historias

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  • el 4 septiembre, 2021 a las 2:48 am
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    Me siento contenta porque pudieron cruzar el valle de sombra y de muerte q es la covit 19. Espero no hallan quedado secuelas de consideracion.Cuidense para q se recuperen por completo

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  • el 3 septiembre, 2021 a las 9:34 pm
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    Al leer su comentario vimos reflejada a nuestra familia en aguada de pasajeros. Pasamos las mismas vivencias que usted. Nos identificamos mucho con su comentario y lo disfrutamos todos despues de haber pasado tan horribles momentos con esa desgraciada enfermedad. Gracias por publicar lo que es hoy el sentir de muchos.

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