Una Cándida nada cándida | 5 de Septiembre.
sáb. Oct 19th, 2019

Una Cándida nada cándida

Hace unos seis años, Cándida Rosa Román Rebollido solo asociaba las moras con las hijas convertidas al Islam, y devotas a Mahoma; puede que también, a las esposas de los guerreros que habían dominado a España por ocho siglos; o tal vez el género femenino del arroz con frijoles colorados (el congrí oriental). Eso hasta que, por pura casualidad, un día se interesó por unos arbustos que crecían cerca de su casa. Luego se enteró que habían sido plantados allí para alimentar gallinas. Supo que el verdadero nombre de aquellos era el de moreras, y sus frutos, en términos botánicos, moras.

La curiosidad la llevó a indagar por aquellas diminutas frutillas moradas en forma de ramillete. Para más información, entonces recurrió, amigos mediante, a la Internet. Aprendió que desde hacía varios siglos atrás ya este vegetal se cultivaba en China, con el objetivo fundamental de albergar al gusano de la seda, que en las hojas del arbolillo encontraban la principal fuente de alimentación.

Además, se instruyó acerca de que el árbol se introdujo en Europa y México, tal como un italiano lo hizo en Cuba, con la intención de crear una industria sedera. El experimento tuvo cierto éxito en el viejo continente, no así en esta parte del planeta. No obstante, se naturalizó en ambas regiones del globo terráqueo.

Pues bien, después de estos elementales conocimientos y comprobar que esas frutillas eran comestibles y de un sabor exquisito, Cándida Rosa probó varias recetas caseras.

“Lo primero que fabriqué -recuerda- fue un refresco que a todos gustó. Poco después hice vino, con igual aceptación. Me embullé y seguí con la mermelada, dulce en barra, turrón, caramelos, sirope, vinagre…, y así hasta llegar a doce productos diferentes”.

Cuenta esta afanosa creadora que sus experimentos se extendieron a elaborar un té con las hojas secas, endulzadas con el propio sirope. En tanto, el tallo puede consumirse como vegetal fresco en ensaladas, y de esta misma parte de la planta sale un vino blanco de mucha calidad.

De las propiedades nutritivas y medicinales señala:

“Entre las vitaminas, están presentes la C, B-1 y B-5. De los minerales se ha comprobado la presencia de fósforo, calcio y potasio, mientras poseen un 17,2 por ciento de proteínas. Las cualidades curativas la señalan como diurético, depurativo de la sangre, antipirético y para contrarrestar la hipertensión. Las raíces son eficaces para combatir la diarrea”.

Lo cierto es que Cándida Rosa se ha convertido en una ferviente aficionada de la mora y, que se sepa, una de las más entusiastas promotoras de su consumo en el territorio. Para caer en gracia aprovecha su veta poética en su afán de divulgar las bondades del vegetal. Tomo de su última inspiración, a modo de ejemplo, estos sencillos versos:

“a la mora represento/ es la fruta y su destino/ con el riquísimo vino/ el sirope y las pacitas/ entre muchas más cositas/ ya lo diré en el camino/”.

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