Un trabajo impagable

Club Cubano para la Protección y Conservación de Rapaces

0
599
Didier Álvarez Hernández (izq.) durante el Festival de Halcones 2017./Foto: Cortesía de los entrevistados

Las aves de rapiña no suelen despertar muchas simpatías, quizás  debido a su penetrante mirada, el afilado pico, las garras, o incluso su propio nombre. De ahí que Didier Álvarez Hernández y Yosvany Álvarez Bonilla intenten contrarrestar tal estado de opinión y promover la necesidad de conservarlas y protegerlas.

Cuando estos dos cienfuegueros participaron por primera vez en el Festival de Cetrería de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), en 2014, el mundo aún desconocía que en la Mayor de las Antillas existía interés, e incluso una práctica de décadas, en dicha actividad. Por eso no solo causaron sensación entre los 75 países presentes, sino además fueron reconocidos allí como los más grandes conservacionistas del planeta.

Todo comenzó como hoy, con una entrevista, en aquel entonces realizada por el fallecido colega Octavio Pérez Valladares, publicada en Radio Ciudad del Mar y también en Internet.

“Desde mis 15 años, el doctor Félix Rodríguez de la Fuente despertó en mí el interés por proteger las aves rapaces, y a partir de ahí estudié y leí mucho al respecto. Luego de la entrevista, empiezo a conocer a varios cubanos interesados en el tema y nos pusimos en contacto unos y otros.

“Creamos el Club Cubano para la Protección y Conservación de Rapaces, conformado por 18 personas de diferentes provincias, pues aunque somos más, quisimos comenzar por quienes llevan más de 20 años realizando aportes a este arte”, explicó Didier Álvarez Hernández.

La voluntariedad y el trabajo autodidacta se han convertido en condiciones sine qua non para los integrantes del Club Cubano, quienes deben conjugar sus responsabilidades cotidianas con todos los sacrificios que implican la cura, el cuidado y la rehabilitación de las aves de presa.

“Las rapaces en Cuba no se respetan, se maltratan, y todos los animales tienen el mismo derecho a vivir. Los campesinos desconocen que estas actúan como un controlador biológico, pues atacan a las presas más débiles. Queremos que si encuentran un ave de rapiña enferma o herida, la lleven hasta nosotros para recuperarla. El tiempo que uno consume en atenderlas es impagable, de hecho, en el mundo es un hobby practicado solamente por personas ricas.

“Las curamos nosotros mismos, y nuestra base del conocimiento es el estudio, muchas horas sin dormir, mucho intercambio en las redes sociales. En ocasiones nos llegan algunas sin saber qué tienen, ni qué le vamos a suministrar. En eso nos ha ayudado mucho la veterinaria Milagros, especialista en aves, pero no del grupo de las rapaces, ella nos orienta bastante, agregó Yosvany Álvarez Bonilla.

“Los halcones, los gavilanes, no son mascotas ni aves de jardín, porque llevan mucha dedicación y tiempo, su alimentación es estricta y variada, tienen que atravesar un proceso de entrenamiento antes de ser liberadas, para volver a desarrollar sus habilidades, y entonces debes volarlo todos los días, porque a raíz de eso también se enferman”, aclaró a su vez Didier.

De derecha a izquierda Didier y Yosvany. /Foto: Juan Carlos Dorado

Gracias a aquel primer trabajo periodístico iniciaron su andar en arenas internacionales, con la ayuda del español José Manuel Rodríguez Villa, pieza clave para su participación en el evento de EAU.

“En el festival se dictan conferencias sobre la conservación de estas especies, cada cual expone las vivencias de su país y como éramos primerizos, más bien fuimos a adquirir conocimientos para aplicarlos luego aquí, contó Álvarez Hernández sobre la experiencia de 2014.

“Para nosotros resultó increíble la cantidad de recursos que se destinan en el mundo entero a conservar y proteger las aves rapaces, pero es increíble también cómo aquí, sin esos recursos y sin la tecnología, hacemos lo mismo, utilizando los métodos tradicionales, los de antaño. Además, no solo el hecho de contar con el veterinario garantiza la vida del ave, siempre tienes que estudiar más, prepararte más”, insistió Yosvany.

En 2015, el Club Cubano pasó oficialmente a formar parte de la Asociación Internacional de Cetrería y Conservación de Aves de Presa (IAF por sus siglas en inglés), y dos años después recibió nuevamente la invitación al Festival Internacional de Cetrería, donde Didier representó a Cuba una vez más. Según él mismo aclaró, esta vez “lo dedicaron a las nuevas generaciones, participaron allí hasta pequeños de 8 años de edad.

“Traemos ahora el interés de esos países en ayudar a Cuba en la protección del gavilán colilargo, el cual es endémico de Cuba, no existe en ningún otro lugar y es un crimen que lo estén matando indiscriminadamente.

“Ellos ponen financiamiento, solamente quieren que se nos acepte como una asociación, o al menos que seamos apadrinados por la Dirección Forestal, Flora y Fauna Silvestre, para lo cual estamos haciendo gestiones. La idea es establecernos con una legalidad reconocida a nivel institucional, pues como personas naturales tenemos ciertas limitaciones, sobre todo a la hora de adquirir alimentación y medicamentos para los animales”.

Álvarez Bonilla ansía la materialización de ese sueño: “El trabajo de la IAF consiste en proteger todas las aves rapaces, especialmente aquellas en peligro de extinción en cualquier parte del mundo, de ahí su interés en esta ave, que además de ser propia de Cuba, se encuentra en peligro de extinción. Por eso estamos elaborando un proyecto bastante amplio para establecer un centro de cría y liberar 20 o 30 cada cierto período de tiempo”.

Muchos no entienden la entrega de Didier y Yosvany, cuando emplean varias horas diarias a la rehabilitación de esas aves de presa, van con ellas a sus trabajos, comparten el tiempo de su familia y hasta comprometen su economía para darles de comer. Pero ellos saben que su dedicación es sana, naturalista, sacrificada y pura.

El stand cubano en el Festival de Halcones 2017./ Foto: Cortesía del entrevistado.

Dejar respuesta