Un Torriente de honores

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Placa de Cristóbal Torriente en en el Salón de la Fama de Cooperstown, en los Estados Unidos. / Foto: Cooperstown Expert

All√≠, donde todo beisbolista sue√Īa inscribir su nombre, est√° el de un cienfueguero. En bronce bru√Ī√≥ su marca el otrora herrero, negro y pobre, que ‚Äúlleg√≥ a la pelota con la fuerza indiscutible del rudo oficio‚ÄĚ, seg√ļn refiriera el historiador Juan Mart√≠nez de Osaba y Goenaga, para convertirse en uno de los cuatro jugadores cubanos exaltados en el Sal√≥n de la Fama de Cooperstown, en los Estados Unidos. ¬†

Las referencias ponen fecha a su nacimiento entre 1893 y 1895, en esta ciudad, si bien a√Īaden muy pocos detalles de sus primeros a√Īos de vida. Se alist√≥ en el ej√©rcito, jug√≥ doce temporadas en la Liga Cubana de B√©isbol Profesional e hizo historia en las Ligas Independientes de Color norteamericanas (1913-1928). Zurdo, due√Īo absoluto del jard√≠n central en cada novena defendida (nunca jug√≥ para el ‚ÄúCienfuegos‚ÄĚ), siempre ponderado por la rapidez de su desplazamiento y poder al bate.

Su historia troc√≥ en mito all√° por 1920 cuando, en un desaf√≠o en La Habana entre el ‚ÄúAlmendares‚ÄĚ y ‚ÄúNew York Gigants‚ÄĚ, el terreno lo enfrent√≥ al mism√≠simo Babe Ruth, quien reci√©n impon√≠a la marca de 54 jonrones en sus predios. Pero no consigui√≥ vencer en ese choque (5 de noviembre) los l√≠mites del Almendares Park II, mientras el sure√Īo se anotaba tres cuadrangulares y el mote del ‚ÄúBambino cubano‚ÄĚ. No faltan objeciones al desenlace del duelo: que si ‚Äúel Babe‚ÄĚ no luc√≠a la mejor forma, el pitcher¬† rival no estuvo a la altura, la afici√≥n local sobredimension√≥ la actuaci√≥n del criollo‚Ķ Pol√©mica aparte: solo los grandes inspiran leyendas.

Fue, al decir de Mart√≠n Dihigo, ‚Äúel mejor pelotero de su √©poca (‚Ķ). Lo hac√≠a todo bien, con una naturalidad asombrosa (‚Ķ) jam√°s trat√≥ de impresionar a las gradas con aquellas facultades que le sobraban; el alcohol, la falta de descanso y alimentaci√≥n, minaron su organismo y a los 32 a√Īos f√≠sicamente era un espectro‚ÄĚ. La tuberculosis y la pobreza extrema se a√Īadieron a sus males. Muri√≥, apenas rebasadas las cuatro d√©cadas, el 11 de abril de 1938 y fue enterrado en una fosa com√ļn en el cementerio de Calvary, Queens, Nueva York.

Allá lo supusieron por mucho tiempo los seguidores del béisbol; aunque otras fuentes mencionaban el posterior traslado de sus restos a La Habana y un entierro solemne en el Cementerio de Colón. La ausencia de un documento de exhumación en el camposanto neoyorquino y de alguna constancia de inclusión en la necrópolis habanera dio mayor credibilidad a la primera versión… hasta ahora.

Seg√ļn trascendi√≥ en diferentes medios de prensa, a finales de 2017 el doctor Oscar Fern√°ndez Flores, nefr√≥logo y apasionado investigador del b√©isbol, encontr√≥ en la necr√≥polis capitalina la caja con las se√Īas del cienfueguero. Tras los requeridos an√°lisis de antropolog√≠a forense y dem√°s especialistas, con la participaci√≥n del Consejo Nacional ‚ÄúB√©isbol de Siempre‚ÄĚ (conformado por historiadores, investigadores, periodistas y atletas, entre otros) se establecieron las similitudes pertinentes.

Despejada la inc√≥gnita, rendirle el aplazado homenaje es ahora la intenci√≥n, que pretende materializarse este 11 de abril. ‚ÄúQueremos hacer un evento especial en el Cementerio de Col√≥n por los 80 a√Īos de su muerte y en la noche un homenaje especial a (Antonio) Mu√Īoz y (Pedro Jos√© Rodr√≠guez) Che√≠to‚ÄĚ, confirmaba en conversaci√≥n online el periodista Yasel Porto.

Con una vida difícil y una carrera de leyenda, el destino parece poner sosiego al incierto final de Cristóbal Torriente… Y más que el descanso eterno, el hallazgo ofrece la irrepetible oportunidad para los honores a quien, sin lugar a cuestionamientos, los merece.

Con una vida difícil y una carrera de leyenda, el destino parece poner sosiego al incierto final de Cristóbal Torriente.

Homenaje a un inmortal del béisbol cubano: Cristóbal Torriente

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