Un oasis en el mapa del dolor

0
413
Pacientes de onco-hematología del Hospital Pediátrico de Cienfuegos reciben agasajos de transportistas no estatales. / Foto: Juan Carlos Dorado

El silencio. El interminable silencio surcado por la espera, por el eterno decurso de horas y días o el dolor que a veces se instala y ahuyenta la esperanza. Ese silencio es interrumpido hoy por un festín inusual, cuando los pacientes de la sala de Onco-hematología del Hospital Pediátrico Paquito González, en Cienfuegos, resultaron víctimas de un asalto de amor.

Hasta ellos llegaron trabajadores no estatales del sector de Transporte -pertenecientes a la sección sindical Motorciclos- guiados por el ánimo de contentar a niños y niñas con una celebración de cumpleaños colectivo y el obsequio de varios regalos.

La iniciativa, nos dice Edoy Perdomo Fonseca, representante de estos transportistas, “representa una manera de contribuir a mejorar su calidad de vida y también de reconocer la dedicación del personal médico en función de la salud y el bienestar de esos menores y sus familiares”. Reafirma tales palabras Miguel Águila Tejeda, otro chofer, al considerar el gesto como de “muy humano y digno de ser multiplicado”.

No es la primera vez que sucede una acción así. De acuerdo con Alexis Acosta López, secretario del Sindicato de Trabajadores de Transporte y Puerto en el municipio de Cienfuegos, cada año afiliados de las diferentes secciones organizan este tipo de actividad, una especie de oasis, de remanso, en ese espacio que deviene campo de enfrentamiento perenne al dolor y la muerte.

Iliana Rivalta Junco, madre de una paciente sicklémica de nueve años, no esconde su agradecimiento por la actividad. “Siempre nos llega hondo. Nosotros los padres lo agradecemos enormemente porque les hace a ellos la vida más alegre y les da la oportunidad de volver a verse, de encontrarse en la sala y compartir estos momentos agradables”, expresa y añade también su gratitud por la atención recibida durante largos años en ese hospital.

“Muchas gracias”. Esa dos palabras, tan familiares y en ocasiones huecas, adquieren dimensión mayúscula cuando las pronuncia la niña Melanie García González, quien desde hace seis años gana batallas frente a la leucemia. Por perpetuar la sonrisa que ahora ella y los otros dibujan en sus rostros, hacen estos transportistas un paréntesis en su cotidianidad y suman el agasajo a la historia de cuidados y afectos que reciben los enfermos de sus familiares y el personal de la salud.

Dejar respuesta