La tiranía condena a marinos sublevados

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Población de Cienfuegos en la toma de la jefatura de la olicía./Foto: Archivo

El 26 de enero de 1958 la tiranía batistiana comenzó la bufonada de celebrar juicios “sumarísimos” contra miembros de su Marina de Guerra que se unieron al pueblo de Cienfuegos sublevado contra la tiranía, siguiendo a la vanguardia del Movimiento 26 de Julio, al amanecer del 5 de septiembre de 1957.

Se supone que un juicio “sumarísimo” debe ocurrir lo más rápidamente posible después del suceso que se juzga, pero éstos comenzaban cuatro meses después de aquel levantamiento popular.

Ni el gobierno dictatorial, ni los militares golpistas, ni los tribunales batistianos sabían cómo juzgar a tantos marinos que se aliaron al pueblo revolucionario.

Las sedes de aquella supuesta “impartición de justicia”  fueron las prisiones y cuarteles de la tiranía. Encerrados, sin espectadores, sin garantías procesales, sin familiares presentes, sin espectadores imparciales, resultaba todo lo contrario a cómo se juzgó e impartió justicia revolucionaria al triunfo de la Revolución contra notorios esbirros que masacraron al pueblo.

Pero aquellas que se iniciaban en esta fecha de 1958 en el interior de recintos amurallados de la tiranía eran farsas, caricaturas de juicios. Los fiscales pidieron la pena de muerte por fusilamiento a quince marinos del Distrito Naval del Sur, en Cayo Loco. Aplicaron esa sentencia a solo tres, temiendo la repulsa mundial si se excedían, pero tampoco pudieron cumplir este veredicto que fue conmutado a treinta años de prisión, cuando las protestas nacionales y mundiales no se hicieron esperar. Otros fueron sancionados a 20, 15, 10 y 5 años, pero ninguno cumplió la totalidad de sus sentencias porque la Revolución triunfó quince meses después y los liberó.

También cumplieron condenas carcelarias los diez pilotos y tripulantes de los aviones de la dictadura que se negaron a cumplir las órdenes de bombardear posiciones de rebeldes y ametrallar como castigo a la población sublevada. Algunos de estos pilotos condenados, liberados al triunfo de la Revolución, fueron en abril de 1961, héroes de Playa Girón, y algunos, mártires,  al caer durante las operaciones militares contra la brigada mercenaria del imperialismo que atacó en abril de ese año por Playa Girón.

Entre las bufonadas de esos juicios “sumarísimo” de la dictadura está la representada el 30 de enero de ese año 1958.  El Tribunal Militar Superior interrogaba al jefe del Estado Mayor del régimen batistiano y le preguntaban sarcásticamente por el paradero de los principales acusados de dirigir el alzamiento, entre ellos por el ex-Alférez de Fragata José Dionisio San Román y por el Capitán del Puerto de Cienfuegos, Alejandro González Brito.   Aquel alto oficial testigo, respondió muy serio:

–       Ignoro el paradero de esos acusados traidores, presumimos que hayan escapado de la acción de la justicia y abandonado el país.

Ese testigo, y todos los integrantes del tribunal conocían perfectamente, que San Román y González Brito habían sido asesinados y sus cuerpos lanzados al mar en la bahía de La Habana a bordo de una lancha de la Policía Marítima. Sus asesinos fueron Laurent, jefe del Servicio de Inteligencia Militar, el contralmirante Rodríguez Hernández y otros esbirros, después de torturarlos en la residencia de este último en el reparto habanero de Biltmore.

La tiranía, además, dispuso la separación del cuerpo de la Marina de Guerra a numerosos marinos y algunos oficiales a lo que no pudo probar su participación en la sublevación, pero que les resultaban no confiables. Los separaron por “alta conveniencia del servicio”. Los ejemplares de la Gaceta Oficial de esos días iniciales de 1958 están repletos de esas bajas.

Pero así fueron esas caricaturas de juicios de la dictadura por los sucesos revolucionarios ocurridos en Cienfuegos el 5 de septiembre de 1957.

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