Un descendiente de colonos franceses que hace arte y Revolución en Cienfuegos

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Por la sangre de José Domingo (Pepe) de la Paz Texier corre la sangre gala de los colonos que vinieron a fundarnos desde la Louisiana./Foto: Foto: Efraín Cedeño

La imagen del período revolucionario de Cienfuegos está inexorablemente ligada a la de un hombre como José Domingo (Pepe para el mundo) de la Paz Texier.

Él es el padre intelectual de su iconografía; él es registrador por excelencia para la posteridad de los principales momentos históricos acaecidos durante casi seis décadas, a través de carteles, vallas, gigantografías, logotipos, diseños gráficos de diverso signo interno y continente.

Merecedor del Diploma por los 50 Años en el Partido Comunista de Cuba y otro por sus 55 en la Unidad Provincial de Propaganda (aunque en verdad comenzó a trabajar en el giro desde el 11 de septiembre de 1958, según revela), el creador de importantes emblemas políticos considera que solo se puede permanecer tanto tiempo en el oficio “si se le siente, si se le vive”.

Y verbo y acción van unidos en su ejecutoria. Siempre tiene algo en el tintero el buen señor, quien a todas sus virtudes profesionales agrega el invaluable mérito de ser una persona digna de quererse, amable, respetuosa, pertrechada del arsenal ético y los valores que nos hicieron grandes como nación

De pie, como una suerte de caguairán local que se resiste a la inactividad, a sus 79 años continúa prestando una labor insustituible y “de retiro no hay planes durante al menos por unas cuantas décadas”, bromea en la forma, aunque en el fondo, sabe que no va dejar de trabajar nunca en lo suyo.

Siente orgullo por permanecer ahí, así: el mismo de siempre pero siempre mejor, sin desmayar nunca en sus empeños.

De su quehacer profesional valora todo, no obstante destaca particularmente la profusa obra desarrollada en la cartelística política a partir de los años 70 (antiimperialistas, movilizativos, asociados a efemérides o sucesos, económico-productivos…) y cree que la vertiente personal se entronca con dignidad dentro de la escuela cubana de la disciplina.

Cuenta, además, otros motivos de alegría en su vida, tal cual comenta: pertenecer a una familia de creadores, haber incentivado en su hijo Joel la pasión por el mismo oficio (acaba de ganar uno de los primeros premios del Festival Surimagen 2018 por su documental Los tesoros de Guanaroca) y ser integrante de la nómina de fundadores del Comité Provincial de la UNEAC, desde 1987.

Graduado de la Escuela de Artes Rolando Escardó, emergió como pintor en aquel centro académico dirigido por Mateo Torriente. Con el paso del tiempo se especializó en la acuarela (“es un trabajo en el cual no puedes equivocarte, porque es por transparencia, por superposición de colores”).

Sus motivos son esencialmente marineros y también citadinos. El amor por la ciudad lo lleva en las entrañas, afirma. Descendiente de uno de los colonos franceses que fundaron Cienfuegos en 1819, la ciudad para sí es motivo de honra, espacio de fe, lugar para querer y preservar. Y quisiera legar su devoción en las nuevas generaciones de cienfuegueros, sean artistas o no. Al último Texier lo asocian por inducción a la Perla del Sur, tanto en Cuba como en el exterior, pues visitantes extranjeros conocen su raigal obra de forma directa o indirecta.

Integrante también del Registro Nacional de Diseño y de la Asociación de Comunicadores Sociales, el artista Pepe de la Paz ha intervenido en exposiciones personales y colectivas. El arte y cualquier faceta de la creación -considera- modifican de manera positiva la forma de ver el mundo, el espíritu, el modo de pensar y proyectarse de las personas.

Y el trabajo, complementa,es cuanto nos define. En su criterio “no ha de verse como la mera vía de obtener una remuneración, sino cual mecanismo de aporte individual a una sociedad, un tiempo, a nuestros congéneres. De algún modo, representa también tu retribución por ser, estar, vivir. Y como a mí me gusta tanto la vida, quizá sea un eterno enamorado del trabajo”.

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