Un deprimido evento de las artes visuales que precisa replantearse su gestión

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El XXXII Salón Provincial de Artes Plásticas 5 de Septiembre se mantendrá durante todo este mes en el Centro de Arte, cumpliendo el mismo propósito que animó su génesis en 1983: convertirse en el homenaje sincero de los artistas visuales cienfuegueros al significado de esa gesta heroica.

Desde entonces acá, la cita también ha servido como punto de inflexión para valorar lo que acontece en torno a la producción visual de la localidad. En parte, por el intercambio que se genera entre los artistas en los días previos al proceso curatorial; en parte, por la presencia acostumbrada de personalidades del ramo que, en calidad de jurado, visitan la ciudad y siempre fecundan nuevos proyectos. Por años, en las jornadas de recordación del hecho histórico, la plástica ha mantenido un protagonismo indiscutible.

Aunque soy de las que piensa que el estado actual de la manifestación en Cienfuegos no debe medirse por los resultados de un salón, porque al fin y al cabo es sólo un evento; este, como instancia legitimadora dentro de la dinámica estructural de la institución arte, amerita un replanteo de su gestión para ser consecuente con su la finalidad promocional inherente a su naturaleza y mantener su contribución insoslayable a la memoria histórica visual del territorio. La exigua cantidad de obras, la insolvencia conceptual de algunas propuestas y las disfunciones visibles en la logística y organización del evento de marras son indicadores que lo demuestran.

Aun así, siempre hay creadores dispuestos a enaltecer la convocatoria y hasta ellos llegó el reconocimiento del Jurado, compuesto en esta ocasión por Elías F. Acosta Pérez, artista visual; Lidia Ma. Álvarez Vargas, curadora y especialista del Centro de Arte y una servidora. Por tal razón, decidimos otorgarle el Premio a Amenaza, El Camino y Simulacro, de Alexander Cárdenas Pérez, en virtud del valor expresivo del conjunto de obras, lo que denota la concreción de un estilo visual y demuestra la madurez de su autor.

Igualmente se distinguieron cuatro de las obras en concurso con la categoría de Mención. Entre ellas, Si se pudiera atrapar el tiempo, instalación de José Basulto Caballero, por la creatividad con que recrea el valor semántico de los materiales empleados para defender la profundidad filosófica de su tesis, dando muestra de una trayectoria consolidada en constante evolución.

También al conjunto Sin Comentario; No es lo mismo, pero es igual y Mi esencia, de la serie Símbolos para signos, de Osmany Caro Yulls, debido a la coherencia discursiva alcanzada, cuyo principio aglutinador es el uso del símbolo sobre los distintos soportes. A la vez, Guardarán para ti las últimas sombras, impresión fotográfica de Yenrry Reyes Santana, por el valor experimental de una propuesta que tiene como punto de partida una técnica tradicional. Y a De Cuba soy hija y a ella me debo, performance de Thalía Bárbara Curiel Rodríguez, debido a la apropiación que realizó de los lenguajes contemporáneos para defender con acierto sentidos identitarios.

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