Tres historias ¿surrealistas? | 5 de Septiembre.
sáb. Dic 7th, 2019

Tres historias ¿surrealistas?

Organización y adecuada dispocisión de productos confluyen en la satisfacción del cliente./Foto: Internet

*Luis Silva

Cuando uno sale a otro país, te das cuenta de las cosas buenas que trae consigo el hecho de viajar: ver otras culturas, conocer nuevos paisajes, pasear, ver amigos; y sobre todo, salir de compras. Importante eso. Cubano que se respete, lleva un papelito con su listica de cosas que necesita comprar para traer. Después que estás en la tienda, descubres que todo lo que hay te hace falta. Y averiguas de qué forma pudieras llevártela entera para Cuba.

Pero viajar también nos trae un mal sabor. No solo sentirte lejos de tu país, de tu familia. Hay algo que no te puedes quitar de arriba a ninguna hora. Las malditas COMPARACIONES.

Mi primer tema es el trato en nuestras tiendas. Mi esposa tuvo la amarga experiencia de entrar en una tiendecita de confecciones, un pequeño espacio que no tenía más clientes que ella. Las dos dependientas estaban conversando. Después de hacerle una pregunta a una de las tenderas, la cual fue respondida con pocas ganas, sigue mirando unas sábanas que vendían, y escucha la siguiente frase dirigida a ella:

“Mami, hace falta que no te me demores aquí adentro”.

Mi esposa no podía creer lo que estaba escuchando. Y mucho menos que fuera con ella. Todo era por la cartera que tenía.

“Mami, no te me demores más, porque con esa cartera no puedes estar aquí adentro”.

No era una mochila, no era un saco, no era un jabuco. Era una cartera mediana.

Ojalá los trabajadores de las tiendas supieran lo que molesta sentirse como un sospechoso. Y así miden a todo el que entra, como posible delincuente. Cuando sabemos que la mayoría de las pérdidas económicas de esos comercios tienen otros responsables que se encuentran en su propio seno.

Son los absurdos, porque además de que no había jabitas (hace rato que están perdidas), no puedes entrar con la tuya, con algo donde echar las cosas. ¿Cómo tú no vas a tener en qué echarle los productos a los clientes y no vas a dejar que entren con algo para guardar lo que compren? Ya eso no nos sorprende. Si no te caben en las manos, no las compres, papi. Total. A veces, ni siquiera te pueden atender porque están inmersos en 20 papeles. Si la función de los dependientes es vender, ¿qué hacen con tantos papeles en el mostrador, sacando cuentas? ¿O tienen algún examen de Matemática?

Pensar en el consumidor, es que la gente se sienta cómoda, en que el cliente se sienta bien, querido, atendido. Que el cliente perciba, que quienes dirigen el sistema de tiendas en divisa, lo tienen todo pensado por su bienestar. Las reuniones no pueden ser solamente para hablar del plan semestral y del cumplimiento de los objetivos. Imagino que no deben ser así.

La segunda situación surrealista, sí me ocurrió a mí. Desde que yo estudié Cibernética en la Universidad de La Habana, di una asignatura que se llama Redes de computadoras, donde aprendes a enlazar cualquier dispositivo con otro, te enseñan a que puedes lograr que la operación que haces en uno, se refleje en el otro. Una computadora en Canadá puede guardar información en una base de datos que está en Hong Kong.

Entonces, ¿alguien me puede decir por qué con lo que han avanzado las cajas registradoras, un cliente como yo se ve obligado a pagar dentro de un mismo mercado en tres y cuatro cajas distintas? Haciéndote perder tiempo, obligándote a hacer tres y cuatro colas.

Por ejemplo: fui a comprar 5 CUC de jamón lasqueado, una bolsa de pan de 1 CUC y un pomo de mayonesa de 3. En la caja donde se paga el jamón, no se puede pagar ni la bolsa de pan ni la mayonesa. En la caja donde se paga la bolsa de pan, no se puede pagar el jamón. Y donde se paga la mayonesa, no puedes pagar ni el pan ni el jamón. Caramba, esto tiene que ser una jodedera de alguien, habérsele ocurrido a alguien en algún fetecún con exceso de bebidas, ¿qué sé yo? Yo miré para todos los lados, porque dije: esto es una cámara oculta. No puede ser que de alguna junta directiva, de alguna reunión, haya salido esta idea de hacernos pasar más trabajo. Recuerdo que la vez que fui a una tienda en Panamá (país del tercer mundo igual que nosotros, subdesarrollado igual que nosotros), pagué unas galletas y un pomo de refresco en la parte de Perfumería. ¿Oyeron eso? Mejor dicho, ¿leyeron eso? En la parte de Perfumería. Porque había gente en las cajas principales, y me dijeron: “Mire, señor, puede pagar por allá, para que no se demore”. ¡Ay, mamá, por poco me da una cosa! Yo dije, este panameño que me ayudó, seguro lo que quiere es tumbarme una propina, esta es su búsqueda, como dice Ruperto.

La tercera historia le sucedió hace un tiempo atrás, nuevamente a mi esposa. Se ha puesto fatal en las tiendas. Le gustó una mesita. Quiso hacerle una foto para enseñármela, y ver si a mí me gustaba. Sacó su móvil y… “Mami, aquí no se puede tirar fotos”. ¿Cómo? ¿Dentro de una tienda no se puede tirar fotos? ¿Dónde están los carteles que lo prohíben? En fin, se movilizó la tienda entera por una foto. Buscaron hasta al gerente. Un hombre que vino con muy mala forma a decir que no se podía tirar la foto. ¿Querían ocultar algo? ¿Estarían bien los precios? Y a esa hora, ¿para dónde tú te viras? Si todos los de la tienda están en complot contra ti.

Amigos míos, aquí no hay nada de ficción ni fantasía. Es la pura realidad.

*Destacado actor cubano, creador del personaje de Pánfilo.

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2 comentarios en “Tres historias ¿surrealistas?

  1. Yo lei algo parecido pero fue con las fotos, que no se podia fotografiar, y pregunté y es que dentro de ese hermetismo se esconde algo que no se debe descubrir. El maltrato parece una infección, porque en todas las tiendas es igual, y muchos lo llaman maltrato yo lo llamo paca cultura en los negocios. Cuando un periodista tendra la oportunidad de entrevistar un dirigente que diga la verdad sobre esto que no ponga justificaciones.

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