Tres cienfuegueros en el Asalto al Moncada

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Movidos por un resorte emocional y patriotismo acendrado, 121 hombres y dos mujeres escuchan en silencio emocionado el poema Ya estamos en combate, de Ra√ļl G√≥mez Garc√≠a: “el poeta de la Generaci√≥n del Centenario”.¬† Apenas concluye la declamaci√≥n del poema, los 121 hombres y dos mujeres comienzan a cantar en voz baja el Himno Nacional. Es Santiago de Cuba y est√°n esa madrugada del 26 de julio de 1953 en la Granjita Siboney.

Fidel insiste en que los que quieran quedarse, lo hagan en ese momento. Unos tres o cuatro hombres, con la cabeza baja, abandonan las filas en el √ļltimo momento. Las flaquezas humanas, el miedo, a veces pueden m√°s que el patriotismo y la verg√ľenza. Pero es bueno que las filas se depuren. La orden de partir es dada por Fidel Castro Ruz. Disciplinadamente montan en los autos, en los lugares asignados para cada combatiente, cada uno sabe d√≥nde va. Est√°n armados con rifles y escopetas de baja calidad de tiro. Conf√≠an en la sorpresa y en el bullicio del carnaval santiaguero, que hace pensar en fiesta y no en el dolor de la Rep√ļblica.

Р¡Al cuartel Moncada!  Рordena Fidel-  y parten raudos.

En ese mismo instante algo parecido est√° sucediendo en Bayamo, cerca del cuartel Carlos Manuel de C√©spedes, otro grupo se dirige a atacar ese cuartel, a esa misma hora del amanecer de la Santa Ana. Van a luchar con las armas en las manos, tal como lo hicieron los patriotas que dieron sus nombres a esas instalaciones. Van a echar a andar el motor peque√Īo que echar√° a andar el motor grande de la Revoluci√≥n.

A todos los embarga una felicidad inmensa. Podemos imaginar que es la misma que emocionaba a C√©spedes, el Padre de la Patria, cuando hizo sonar la campana de su ingenio “La Demajagua”, ochenta y cinco a√Īos antes. O sentimiento igual al que emocion√≥ a Jos√© Mart√≠ cuando cabalgaba hacia la eternidad en Dos R√≠os: la alegr√≠a de salir a realizar algo verdaderamente decisivo. La entrega absoluta de la existencia personal para que la Patria viviera siempre. Aquellos j√≥venes iban a cortar ataduras de siglos, dependencias crueles. Iban a despertar las conciencias populares, a abrir un camino nuevo de vieja ra√≠z patri√≥tica. Era la sangre joven transfundida por el ideal martiano.

Melba y Ra√ļl Castro sent√≠an un cari√Īo y admiraci√≥n mutua./Foto: Archivo

En la acci√≥n del Moncada participaron tres cienfuegueros: la crucense Melba Hern√°ndez Rodr√≠guez del Rey; Abelardo Crespo Arias, nacido en el barrio de Pueblo Griffo, herido en el asalto al cuartel; y Orlando Cort√©s Gallardo, nacido en Prado y L√≠nea, en la misma direcci√≤n donde falleci√≥ a sus 66 a√Īos, residiendo all√≠ con la misma sencillez con que siempre vivi√≥.

Melba conoci√≥ a los hermanos Abel y Hayd√©e Santamar√≠a Cuadrado en su casa de 25 y O en el Vedado habanero, coincidiendo con sus ideas martianas y revolucionarias, y a trav√©s de ellos conoci√≥ a Fidel y qued√≥ nucleado all√≠ un colectivo decidido a salvar a Cuba de la tiran√≠a batistiana y la intromisi√≥n yanqui en los destinos de la Isla. A Melba debemos la impresi√≥n clandestina de los primeros n√ļmeros de “La historia me absolver√°”¬† que se distribuyeron a toda Cuba.

Abelardo Crespo es de estirpe mambisa. El padre lleg√≥ a Coronel del Ej√©rcito Libertador y su abuelo pele√≥ bajo las √≥rdenes del Mayor General cienfueguero Federico Fern√°ndez-Cavada. Abelardo se vincul√≥ con Ra√ļl Castro en la Universidad de La Habana, y con Pedro Miret. Durante el asalto al cuartel Moncada, Abelardo Crespo recibi√≥ un balazo de fusil Springfield que le entr√≥ por el pecho, le perfor√≥ un pulm√≥n y el plomo le sali√≥ por la espalda, pero sobrevivi√≥, porque Fidel lo sac√≥ de debajo del fuego enemigo y lo llev√≥ a currar. Como no pudo ser juzgado con los dem√°s moncadistas por su estado de gravedad, lo juzgaron junto a Fidel Castro, por lo que escuch√≥ la auto-defensa de Fidel que se convirti√≥ en Programa del Movimiento 26 de Julio.

El tercer cienfueguero moncadista, Orlando Cort√©s Gallardo fue un ferviente martiano desde ni√Īo y tambi√©n se vincul√≥ con Fidel en la casa habanera de Abel y Hayd√©e Santamar√≠a. Capturado despu√©s del fracasado asalto al Moncada, salva la vida y fue condenado al presidio de Isla de Pinos, de donde sale junto con Fidel cuando son liberados los combatientes y ser√° por siempre un patriota cabal, sencillo y callado, hasta su fallecimiento en Cienfuegos con la humildad de los verdaderos patriotas.

Estos son los tres combatientes moncadistas, nacidos en la provincia sur-central cubana,¬† y unidos por algo com√ļn: el amor por la Revoluci√≥n, la admiraci√≥n por Fidel y el √ļnico deseo de seguir cumpliendo tareas de la Revoluci√≥n, sin pedir nada a cambio. Algo que define a los h√©roes.

Apenas salieron de la prisión, Haydée y Melba preguntaron por Fidel./Foto: Internet

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