Trabajar y crecernos ante las medidas del imperio

Estudiosos de los temas económicos suelen afirmar que las crisis mundiales son cíclicas, y algunos más osados se atreven a asegurar que el tiempo entre una y otra se va acortando, según datos. Decrecimientos en las cifras del Producto Interno Bruto (PIB), uno de los más recurridos índices del desarrollo; la desaceleración económica y el estancamiento, entre otros indicadores, sumado la recrudecida política de imposición de aranceles, cada vez más altos por parte de los Estados Unidos de América, ubican al mundo al borde de la recesión.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) merodea sobre los países donde pretende llenar arcas a costa de negociar con gobiernos de derecha las deudas adquiridas, y estos prometen pagar aplicando políticas impopulares,lo que sin lugar a dudas induce a protestas e inestabilidad política en muchas naciones, sobre todo en Latinoamérica, convertida en un laboratorio social al tratar de imponer medidas neoliberales de “salvación”.

No hay nación que escape de la crisis que se avecina para el mundo, y hasta preocupa que ciertos analistas señalen como ejemplos de lo que sería el fenómeno: a Alemania, una de las economías más estables de los últimos años; y a México, país donde se ha instalado la violencia, y se ha convertido en volcán en erupción del tema migratorio, por constituir el puente y puerta de la tristemente célebre Ruta de Centroamérica.

Y aunque en términos académicos la recesión económica se define como el período en el que durante dos trimestres continuos decrece el PIB, ya se encuentran signos de alerta aún sin llegar a esos límites.

La guerra financiera entre EE.UU. y China, cursa como una de las causas fundamentales del estancamiento que se produce hoy en el mundo global económico.

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Pero también es preciso mencionar determinantes sociales como la guerra y la desestabilización en el mundo árabe, las migraciones desordenadas, el terrorismo, el aumento del expendio y consumo de drogas, así como la no adopción de medidas para parar el deterioro ecológico del medio ambiente, y los desacuerdos de la más reciente cumbre sobre el tema lo predice. También podrían tenerse en cuenta los efectos producidos por desastres naturales.

Pero no es posible sustraernos a la influencia de estos fenómenos económicos, sociales y políticos sobre Cuba, un país con una sociedad y economía propias, que tiene al hombre como centro; y con la particularidad de la cercanía geográfica con la mayor potencia mundial, factor que podría resultar favorable para nuestra economía, pero que el bloqueo económico y financiero tiende un muro entre los dos países y lo vuelve en su contra.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha establecido una política de hostigamiento hacia Cuba mediante el recrudecimiento de sanciones y la puesta en vigor de medidas adoptadas en otras épocas con el fin de asfixiar a la Menor de las Antillas.

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Así, la aplicación de la Ley Helms-Burton en todas sus partes ha convertido en asunto recurrente la disminución de remesas, el aislamiento de las familias que desde ambas orillas tratan de tender un nexo, impedir que llegue combustible a nuestras costas sancionando a compañías propietarias de embarcaciones, congelamiento de cuentas cubanas en el exterior, no otorgar ni permitir créditos a nuestro favor para pagar necesidades básicas y hasta vitales para los cubanos como es el caso de los insumos médicos y fármacos. La lista se haría muy extensa, enumerando todos los absurdos que persiguen como fin ahogarnos.

De tal modo, la crisis económica nos toca, la vivimos y sentimos los de esta Isla, cuando el día a día y la cotidianidad se hacen más difíciles. Pero ante medidas que tratan de frenarnos se impone trabajar y crecernos, trabajar y eliminar trabas, esas que enlentecen la economía, empujar mecanismos absurdos que impiden la creatividad y el desarrollo.

Cuba cuenta con recursos humanos suficientes, porque no serán solo la iniciativa y el embullo, las herramientas, no, la transformación deberá ser más profunda e ir hasta la raíz: hacer parir a la tierra, ahorrar el combustible (incluye no permitir que se lo roben), organizar e institucionalizar (mejor aún, porque todo es perfectible) la sociedad; buscar fuentes de ingresos, que podrían llegar hasta un contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, y además, ponerle café, ron y hasta minerales, entre otros. Porque son, a no dudarlo, los hombres y mujeres de este país las herramientas para crecernos como nación, y enfrentar todas las crisis que vengan.

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Magalys Chaviano Álvarez

Periodista. Licenciada en Comunicación Social por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas de la Universidad de Cienfuegos.

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