Tony Quiñones y Bella Costa: un cuarto de siglo de música cubana

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Tony Quiñones, director de Bella Costa./Foto: Efraín Cedeño

Entre las conmemoraciones de la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos Rafael Lay para este año figura el aniversario 25 de la creación de la agrupación Bella Costa.

Su fundador, y el único de quienes se mantiene en el colectivo de los precursores de 1993, es su director, Antonio (por Tony le conocen todos) Quiñones Abreus.

Él relata a 5 de Septiembre Digital que, en medio del más crudo período especial, Bella Costa se inició como trío, luego creció a cuarteto y desde 1999 se convirtió en el sexteto de música tradicional cubana que es hoy.

Dice Tony Quiñones que lo de la denominación constituyó un tributo a las bellezas naturales de nuestro entorno. En su consideración, la majestad marinera de Cienfuegos la hace maravillosa e irrepetible. “Esa grandeza visual que nos circunda es tanta, que a veces no comprendo cómo puede ser olvidada por algunos”, apunta el músico.

Luego de haber estampado abarcador recorrido por centros recreativos y gastronómicos de la ciudad, desde 2004 Tony Quiñones y su sexteto Bella Costa amenizan las veladas culinarias del Palatino, donde actúan todos los días, a excepción de los viernes.

Su repertorio básico pesca en clásicos (El Chan Chán, El cuarto de Tula y otras piezas similares del pentagrama patrio) y además se nutre de temas propios de la unidad artística, a la manera de los denominados Nadie o Bandolera, para citar dos ejemplos de los más promovidos en sus recitales.

Afirma Tony que se siente orgulloso del siempre profesional cuerpo de músicos que ha integrado Bella Costa desde hace un cuarto de siglo. “Transitaron por aquí muchos, el grupo se convirtió en una escuela de formación”, reflexiona el entrevistado.

Varios de ellos, como la mayoría de las agrupaciones cienfuegueras, emergieron del sistema de enseñanza artística creado por la Revolución Cubana, algo sin parangón en el mundo.

Por eso, quizá a Tony le duela tanto que algunos (no de Bella Costa) empleen ese talento ahora en el mero trámite de acumular dinero por la vía más fácil y expedita del reguetón.

Él está consciente de que es difícil mantenerse fiel al arte cuando el bolsillo aprieta, pero no aprueba rebajar la dignidad de un profesional, en aras de unos billetes coyunturales.

“Yo digo que ya el danzón no es el baile nacional; sino el reguetón. Ahora todos se han girado para eso, porque lo convirtieron en un gran negocio y resulta difícil quitárselo de arriba. Invito a muchos quienes reniegan de nuestras raíces musicales, o simplemente la desconocen, fundamentalmente la juventud, a que al menos hagan una cosa tan sencilla como escuchar la radio. Decenas de emisoras nacionales programan cada semana muchos espacios dedicados a resaltar nuestra música, aunque desafortunadamente pocos los escuchen, porque ya no se sintoniza la radio como tampoco se lee… En fin”.

Además de su faena habitual en el antes referido sitio, Bella Costa participa de las giras de verano, de diversos eventos culturales y tuvo “una presentación mensual en el Salón Minerva, que por desgracia fue clausurada por falta de presupuesto. Es una lástima, porque este representa uno de los no muchos lugares donde se recepta bien el tipo de música que ejecutamos”.

El tresero Pedro, el bajista Yosmel, el percusionista Norberto, el trompeta Luis, los vocalistas Ana Iris y Jorge y Tony -en calidad de guitarrista acompañante y de director- experimentan el regocijo de alcanzar dos décadas y un lustro en la noble causa de preservar la autoctonía sonora de la Isla de la Música.

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