Todo será breve como el descanso

Todo será breve como el descanso

Su autor, el capitalino Maykel Rafael Paneque (1977), ha escrito otros materiales literarios./Foto: Tomada de CubaSí

Su autor, el capitalino Maykel Rafael Paneque (1977), ha escrito otros materiales literarios./Foto: Tomada de CubaSí

Todo será breve como el descanso (2019) será una de las propuestas de Ediciones Mecenas en la próxima Feria Internacional del Libro. El principal sello literario de Cienfuegos acudirá al clásico anual de las letras con varios volúmenes de diversas parcelas temáticas, los que a partir de hoy reseñaremos periódicamente en esta sección Oficio de leer, de 5 de Septiembre Digital.

Este texto resultó acreedor, dentro del apartado de Narrativa, del Premio Fundación de Fernandina de Jagua 2016, de acuerdo con la decisión de un jurado compuesto por Atilio Caballero, Geovannys Manso y Otilio Carvajal Marrero.

Su autor, el capitalino Maykel Rafael Paneque (1977), ha escrito otros materiales literarios, a la manera de Las cicatrices del deseo (Premio de Literatura Erótica Farraluque 2003), Lezama en César: una ventana en el tiempo (2007), Cámara lenta (2012), El sueño en alguna parte (Premio Hermanos Loynaz 2016), Siete piedras en tu nombre (Premio Emilio Ballagas 2016), Noches para desertar (Accésit del Premio Félix Pita Rodríguez 2016) y Libro de los indocumentados (2018).

Todo será breve como el descanso es un relato enramado sin ambages al tronco madre del neopolicial cubano, variopinto escenario donde convergen, entre tantos exponentes de atención, desde Leonardo Padura hasta Lorenzo Lunar, y desde Rafael Grillo hasta nuestro colega, el periodista y narrador cienfueguero Francisco González Navarro, cuya novela Día de Fieles—también publicada por Ediciones Mecenas—, reseñásemos en esta página hará ya casi una década.

Vladimir León Sagols firma la ilustración de cubierta.
Vladimir León Sagols firma la ilustración de cubierta.

Lo primera baza del material de Paneque radica en la organicidad y claridad expositiva con que construye la narración. Ello propende a que se aleje de algún tipo de literatura cubana actual, al menos para mí, de veras inextricable, tan ininteligible y gozosamente huidiza, que llega a provocar el hastío en la lectura y la pregunta al lector (con independencia de los tiempos y las nuevas formas del hecho literario) en torno a qué aprendieron sus autores con los grandes maestros de la creación literaria.

Todo se entiende, y bien, en este libro, lo cual ya opera como aliciente para adentrarnos en páginas donde el personaje central se mueve de acuerdo con motivaciones, pulsiones, emociones, contradicciones, certitudes… (o sea, como un ser humano; no como un robot en sintonía con la hipótesis prefabricada o al capricho del escritor), empotrado a un escenario particular (el microcosmos de la comisaría y de los especímenes que suelen acudir con reiteración a las estaciones de policía: prostitutos, criminales u otros de similar laya) y a otro general (el de la Cuba de la actualidad, en el multicolor tablero de su sociedad).

El primer teniente Luzardo, eje de gravitación de la trama, se adentra en la investigación de un caso criminal, en cuyo proceso de enfrentamiento de alguna forma inciden elementos y personas de su pasado de dicho oficial. Sombras veladas por la capa de los años, si bien en duermevela dentro del subconsciente, hacen parte de un período que, contrariamente, demandará más de sí la puesta en alerta de cada uno de sus sentidos, el ojo avizor a cuánto se agazapa más allá de lo descubierto progresivamente en el caso.

Con precisión, el editor Alexis García Somodevilla apunta lo siguiente en la contratapa:

“Lo más difícil para el primer teniente Luzardo no es resolver el caso, aunque por momentos lo quisiera vivamente, sino huir del agotamiento que no le deja poner en orden su pasado. La imagen de Anamara, junto a él, sentada en el malecón habanero, parece no tener fin. Su tesis, las Islas Canarias, el pulso azul que le aprieta la muñeca y el alcatraz que desciende sobre ellos. Todo será breve como el descanso es una historia más bien extraña, donde se mezclan una marginalidad letal y la búsqueda incansable de lo que merece perdurar. Poseedor de un estilo sencillo, aunque lleno de sugerencias, el autor se las arregla para que estemos cada vez más alertas, sorprendidos antes los recovecos de la mente humana. Sorprendidos por lo que nos puede ocurrir a nosotros mismos”.

El nuevo material de Mecenas, perteneciente a su colección Caminantes y con 90 páginas, contó con la corrección de Melba Otero del Sol y el diseño de cubierta/diseño interior y diagramación del capitalino Reynaldo Duret Sotomayor, alguien cuyo distintivo sello ya resulta apreciable en varios de los más recientes volúmenes de la casa librera. Vladimir León Sagols firma la ilustración de cubierta, la cual acompaña a esta reseña.

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