The Open House, Netflix arranca mal 2018

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The Open House
The Open House

Dentro de un catálogo de producciones originales fílmicas superior a los cincuenta títulos, esto es uno por cada semana del año 2018, entre las primeras propuestas del actual calendario de la plataforma de streaming Netflix figura la recién vista The Open House, puesta a consideración a seguidas de The Polka King.

Se trata de una producción de terror facturada a un costo muy menor para la cadena (sus cien mil dólares no son nada comparados con los noventa millones de ese bodrio de antología titulado Bright) de presupuestos de rodaje modestos, cuyo inicio relativo a relaciones filiales preludiaba empero un cuerpo de desarrollo menos pedestre.

Logan -Dylan Minnette, visto en la serie Por trece razones– es un adolescente que, de curiosa manera, es entrenado en casa, con el propósito de competir en unos soñados juegos olímpicos. El padre lo ayuda, aunque la familia está en quiebra. Ambos comparten una bonita relación. En viaje al supermercado, la figura paterna es víctima mortal de extraño atropellamiento por parte de un conductor quien, en apariencias, sufrió un infarto al volante.

El muchacho se quedará solo con la madre (Piercey Dalton), cuya hermana, a falta de otro sitio donde morar, le propone vivir durante un tiempo en su casa en venta -la “open house” del título- localizada en las montañas. Allá van ellos y todo normal por ahora, hasta que a punto de  llegar, en medio del camino nocturno, se les aparece un hombre que casi los hace volcar, aunque al mirar del retrovisor ni sombra de sí vean.

En la amplia mansión pronto comienzan a suceder cosas raras. Raras pero las de siempre en el cine de terror y la cinta aunque en apariencia primero vaya de drama es un thriller del género (el teléfono cambiado de sitio, la ducha que se apaga, ruidos…)

Durante los periplos por el pueblo, la madre traba relación con un dependiente afroestadounidense. Tras algunas entradas y salidas del relato, la última bien arbitraria en términos de guion por cierto, podría pensarse que dicho hombre iba a establecer presunto affaire con una mujer, dolida y necesitada, quien no guarda precisamente el mejor recuerdo de su esposo, y a cuyo juicio – así se lo dice al muchacho- fue justo su inacción la causante de la penuria económica familiar.

Pero el sociable moreno no está aquí para acostarse con la caucásica mamá trentiañera -ya tenemos bastante de eso en sitios porno especializados en relaciones interraciales, dirán los decisores de la megacorporación angelina-; sino para que el asesino que juega al gato y al ratón con los prestados inquilinos le corte la yugular. Esto, por ende,  no es la atípica Huye, sino ortodoxia ideológica pura del género en su variante más racista.

Justo a tal altura del metraje la película se despetronca y comienzan las muertes a troche y moche.

A consignar un elemento que, si bien no le confiere puntos u originalidad al filme, al menos sí le imprime cierta valentía: el asesino (siempre fuera de foco, por tanto nunca sabremos quién es) liquida a la madre y hasta al propio Logan, protagonista de la narración. Nadie queda vivo, ni se conocerán las razones del criminal.

Esto último, lo de eliminar a todos, al parecer inopinado, va sin embargo en la línea de varias producciones originales de la plataforma, signadas por la intencionalidad manifiesta de desmarcarse, en cuanto les resulte posible, de las ortodoxias argumentales a través de ciertos puntos de giro poco convencionales.

Nada de erróneo tiene lo anterior, y de hecho a veces le funciona, aunque no en esta producción escrita y dirigida por el tándem Matt Angel/Suzanne Coote, irrecordable a causa de una dirección desvaída, personajes incorpóreos y un sello de telefilme de relleno estampado en plena frente.

1 Comentario

  1. Hola de nuevo!!! Me gusto un poquito Bright, al menos a nivel de dirección de arte, peluquería y maquillaje no está mal. Fan a Noomi Rapace, y con ese pelón blanco se ve majestuosa. De series de terror nada como AHS.

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