Somos lo que hacemos…

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Eduardo Galeano, el prestigioso escritor y periodista uruguayo, autor de libros trascendentes, como Las venas abiertas de América Latina y otros traducidos a más de 20 idiomas, dejó para la posteridad valiosísimas frases, esas que mostraron la agudeza de su pensamiento.

Entre ellas, la escogida para este comentario: “La Revolución cubana le ha dado al pueblo mucho menos de lo que ha querido, y mucho más de lo que ha podido”.

El axioma del prestigioso intelectual, ya fallecido, alude a las conquistas del proceso revolucionario, pese a los obstáculos de Estados Unidos y otras adversidades. Refleja la eliminación del analfabetismo, la implementación de un sistema gratuito de salud que protege la vida de millones de cubanos a lo largo de medio siglo y prolonga su expectativa de vida.

Únase a lo anterior la elevación de la cultura, del capital humano y la erradicación del sistema tiránico que mantenía sumida en la miseria a la clase obrero-campesina, y otros males harto conocidos por nuestro pueblo.

Quienes enfrentamos y vencimos las agresiones y amenazas del imperio, guardamos fresca en la memoria cuánto costó llegar hasta aquí.

Pero el tiempo, inexorable, no preserva con igual claridad la historia en la mente de quienes no la vivieron: la generación compuesta por nuestros hijos y nietos, no pocos de los cuales no valoran como debieran cuánto hubo que luchar para alcanzar un desarrollo que debemos preservar.

Para ellos, la tiranía batistiana, el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, la imposición de un bloqueo económico, comercial y financiero que aún no ha desaparecido, la lucha contra bandidos, Playa Girón, la Crisis de Octubre, los sabotajes a nuestra economía, la caída del campo socialista el advenimiento de un período especial que tensó las fuerzas y el coraje del pueblo para preservar la Revolución, son solo hechos del pasado.

Parte de las generaciones nacidas posteriormente a acontecimientos tan trascendentales, por no haberlos vivido en carne propia, carecen de la conciencia necesaria para evaluar la magnitud de tales sucesos, mantener lo conquistado y no perderlo bajo ningún concepto.

Sucede, en no pocas ocasiones, que la familia de los más jóvenes no juega el papel que le corresponde. Evade la responsabilidad para con sus hijos, a quienes no les inculcan una conducta social que los hará buenos ciudadanos.
Un sector nada despreciable de nuestra sociedad es víctima del mercado negro, de los desafueros, hechos de violencia, corrupción administrativa, indisciplina social, la grosería ejercida por adolescentes y adultos en lugares públicos o donde les venga en ganas.

La ciudadanía demanda mano dura de las autoridades ante hechos de esa naturaleza; de la familia el cumplimiento de sus responsabilidades ante sus descendientes; de la escuela la enseñanza temprana y eficaz de la historia, deberes ciudadanos, modos de conducta…; solo así podremos confiar en que el futuro está asegurado.

¿Cómo entender que los padres no sepamos con quienes ni en qué andan nuestros hijos; si consumen bebidas alcohólicas y drogas; si son propensos a cometer delitos; se comportan groseramente y violentos; no estudian ni trabajan…? ¿Cuál es su responsabilidad ante la sociedad y sus descendientes?

Nuestra revolución socialista, por serlo, estará siempre amenazada por su enemigo histórico, ese que persiste en tratar a este continente como a su patio trasero.
De los cubanos depende la construcción de una sociedad mejor, libre de las lacras antes señaladas. Del pueblo revolucionario y fidelista, dependerá que lo alcanzado nadie pueda revertirlo.

Una vez más acudo a una de las frases de Eduardo Galeano, amigo de la Revolución cubana: “Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.

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