Sombrero Azul: ese oasis para beber a plenitud

La grabadora roja de letras en inglés tenía su lugar en la cama. También su horario. Aunque alguna noticia de última hora recorriera el pueblo, y casi siempre había, el ritual era impostergable. Sombrero Azul, programa artístico de Radio Ciudad del Mar, fue por muchos años el oasis donde aquella niña bebía a plenitud; fue el alma gemela que entendía sin espantos la carta a una mata de mango o las columnas de flores que amenizaban el casamiento entre dos escuálidas lagartijas.

Sombrero Azul representó colores, mares y poesías… el cine soñado, el teatro que nunca abrió en las entrañas del pueblo olvidado, la moraleja a contraluz y el cristal donde la silueta se parecía más a la esencia de la vida querida.

Conversar con Maité Hernández Páez, cuyo nombre archiconocido no hace falta anotar en una esquina de la agenda periodística ni decir que fue guionista y directora de ese popular programa radial, y José Manuel Urquiza, voz y alma del espantapájaros de sombrero azul, es como regresar a aquellos años donde la grabadora roja de letras en inglés tenía su lugar en la cama. También su horario.

Sombrero Azul estuvo al aire durante 17 años consecutivos, en un desafío constante a textos facilistas y apresurados que acosaban a los radioyentes. Siempre tuvo historias buenas y nuevas…, para un creador eso no es fácil.

Investigábamos mucho. Había gran empatía con los niños y los maestros; de las conversaciones con ellos salían los temas que luego tramitábamos en los cuentos como la mentira, el robo, la amistad… Es duro trabajar a ese ritmo, pero cuando uno ama lo que hace no importan las demás cosas”, dice Hernández Páez en los inicios del diálogo, mientras se balancea en un sillón antiguo como antigua es su casa.

¿Y en los años de los apagones, cómo hacías?

Tenía una tabla de madera, que por ahí anda todavía, y escribía a mano doce, trece o quince cuartillas. Luego se pasaba a máquina, no nos rendimos, esa es la verdad. Nunca reprisamos un programa, eso no me lo podía permitir, siempre pensé que defraudaría a quienes me escuchaban. Vivía pegada a la computadora y muchas horas en la radio.

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Como directora dejaba que los actores sugieran cosas, pero cuando escribía ya pensaba en quién iba a defender este o aquel personaje; ya desde el guion le ponía voz al programa. Vivía enamorada de mis actores, del colectivo en sentido general…”, agrega y su voz se corta por la añoranza acumulada. Una pausa, un sorbo de café y volvemos a acentuar la voz sobre sillones que no paran de balancearse.

La vida en el campo te puede dar una libertad infinita, algunos la conocen, otros ni lo notan… ¿sabes de qué te hablo?

En la casa de mis abuelos paternos nació Sombrero Azul, allí estaba el espantapájaros en el huerto de lechugas, zanahorias, tomates… No había niños por esos parajes y me ponía a conversar con él como si fuera un amigo de la infancia, un día le puse un sombrero (…) Otro al levantarme mi abuelo me tenía una sorpresa: le había puesto su única camisa para salir (era azul) al espantapájaros y luego le colocamos también adornos al sombrero (…) Toda esa magia surgió allí en medio de un campo donde escaseaban las casas”, continúa contando a modo de conversación, mientras el esposo (José Manuel Urquiza) busca en silencio los programas para enviarlos a la memoria recién llegada a su computadora.

Carátula promocional de uno de los discos que logró grabar el programa. /Foto: Cortesía de los entrevistados
Carátula promocional de uno de los discos que logró grabar el programa. /Foto: Cortesía de los entrevistados

Tanto Maité como José Manuel exploraron otros medios antes de posarse en las pistas radiales. Sin embargo, allí encontraron el espacio donde plantar vida artística. Sombrero Azul obtuvo varios premios nacionales y logró quedar grabado en tres discos con la EGREM y Bis Music que tuvieron una amplia aceptación en el público cubano y también en el foráneo. No toda su obra está atada al corazón del programa, pero su popularidad hace olvidar sus series y novelas de turno.

¿Por qué Maité escoge al niño Ernestico para ser ella misma?

En ese momento no encontré una actriz que hiciera el personaje. Cuando oí a César me quedé encantada, es un actor con un registro de voces increíble y una excelente persona además (…) Nunca me interesó darle vida yo misma, escribir y dirigir sí, pero eso no. Hoy que se cumplen 20 años de la salida al aire por primera vez te puedo confesar que siento un orgullo inmenso por todos los actores que trabajaron con nosotros, tuve una dicha tremenda de tenerlos y formar el equipo que somos.

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Casi siempre cuando escribía iba haciendo las voces y después quería que saliera lo más parecido posible, eso es complicado. Con quien más exigente era en las grabaciones era con José Manuel, nunca tuvo privilegios por ser mi esposo”, relata Hernández Páez.

¿Qué nos cuenta José sobre ello?

Para mi actuar nunca ha sido un reto, sino una vida. Cuando empezamos a realizar Sombrero… tuve la sensación de que nunca moriría y todavía muchos me dicen Sombrerito, es una magia increíble (…) Un programa infantil primero debe llegar a los adultos para que ellos luego le propicien la vía a los niños, eso no es absoluto, mas resulta una realidad. ¿Cuántos sombreros azules puede haber en la imaginación de adultos y niños? La radio da esa magia y no siempre se explota de la mejor manera.

Muchas veces sentía que actuaba como un maestro, como un padre, como un sacerdote… sin llegar a suplantar a ninguno en sus roles cotidianos. Desde que empezamos, en junio de 1999, dijimos que era un programa martiano, y el día 19 de cada mes tratábamos su figura desde la poesía, sus textos o una frase que daba vida a un cuento. Al tercer año de ello vino una orientación del ICRT que exigía algo parecido y nosotros solo dijimos que desde la fundación ya lo habíamos realizado espontáneamente.

Yo moría por hacer otros personajes, pero no me dejaban. Un día logré hacer un brujo italiano…, creo que ella confiaba en mí, en la compenetración que logramos desde tiempos duros para nosotros”, agrega Urquiza.

Esta pregunta es para ambos… ¿Qué pasó cuando Sombrero Azul ya no salió al aire? Ese silencio debió ser tormentoso… debió doler hasta el tuétano.

Fue difícil asumir que terminaba…

Nosotros no íbamos a trabajar, sino a otra casa donde éramos felices. Cuando eso se rompió decidimos dejar de ir. La primera en tomar la decisión fui yo… y fue lo más difícil de mi vida entera, vivo enamorada de ese programa. No obstante, la magia sigue en mí, en el amor hacia los animales, en el libro que pronto saldrá a la luz pública y en los otros que vendrán (…) La magia (o la creación) ni se esconde ni se marchita, siempre sale para el bien de todos, todavía somos una familia azul”.

Hoy muchos padres que crecieron con el programa al aire han descargado de internet Sombrero Azul y se los ponen a sus hijos, en medio de tanta abrumadora invasión digital. Eso es un regalo para ustedes en estos 20 años…

No solo nos reconocen en Cuba, sino en el extranjero, y nos hablan de cuánto ayudamos a sus hijos en esos países donde la educación es diferente a la nuestra. No hay un día en que salgamos a la calle y las personas no nos comenten sobre el programa, incluso pidan que regresemos…”, dice Maité, y se levanta porque una de sus gaticas quiere comer, el sillón sigue moviéndose solo.

La grabadora roja de letras en inglés tenía su lugar en la cama. También su horario. Les digo. Sombrero Azul fue el cine soñado, el teatro que nunca llegó al pueblo… el oasis donde aquella niña bebió a plenitud. Les digo, y sus ojos ya no son los mismos.

Zulariam Pérez Martí

Zulariam Pérez Martí

Periodista graduada en la Universidad Marta Abreu de Las Villas.

2 Comentarios en “Sombrero Azul: ese oasis para beber a plenitud

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    27 diciembre, 2019 en 4:16 pm
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    Zulariam… bueno, tú nos tienes acostumbrados a estas hermosas entrevistas que devienen reportajes cronicados… en fin, una fina amalgama que no es más que un derroche de talento.
    Por suerte no corres ese riesgo en el periódico… Diferente fue lo que sucedió con Sombrero Azul. Gente sin talento clavaron sus garras mezquinas, inocularon veneno durante meses, semanas, años. Algunos de los más enconados perseguidores de cualquier nacimiento, como suele ocurrir, están lejos ya de este país…

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    27 diciembre, 2019 en 2:59 pm
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    Uaooo MARAVILLOSAS palabras .
    Es FANTASTICO el trabajo q hicieron durante tantos años.
    MUCHAS FELICIDADES de todo CORAZÓN y FELIZ Año nuevo.

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