Sobre las ruedas de lo viejo - 5 de Septiembre.

Sobre las ruedas de lo viejo

Exposición de autos antiguos. Fotos: Juan Carlos Dorado

Exposición de autos antiguos. Fotos: Juan Carlos Dorado

Hay objetos impregnados de mística. Unos, naturalmente, más que otros. Algunos se guardan en museos o están escondidos de las miradas de curiosos y ladrones. Tales objetos son parte indispensable de la historia del hombre, de su arrojo, inventiva y ambición. Pero la magia a veces habita las avenidas, las callejuelas. Se exhibe. Se vende. Rueda por el pavimento y se imbuye de ese calor del trópico. La magia está llena de colores y corre rápido por las ciudades. Cuba está repleta de ella. El halo de la antigüedad nos circunda cuando aún persisten en nuestras urbes vestigios de otras décadas lejanas.

Esta Isla no sería la misma sin sus autos clásicos, esas armaduras de metal que sobreviven al tiempo y muchas veces a la renovación. Los carros viejos también son guerreros de las circunstancias. Bellezas que ruedan y, por qué no, alimentan algo más que el espíritu.

Los popularmente conocidos como “máquinas” deambulan por cada arteria del país y a pesar de no poseer la seguridad y el confort de sus análogos modernos, son una atracción turística indiscutible a la cual el cubano también le ha sacado provecho. Como si el estereotipo de isla caribeña no estuviera completo, las “máquinas” se suman a la acostumbrada ecuación de sol, mulatas, ron y tabaco.

RODAR HACIA LA MODERNIDAD

Ferrari, Mercedes-Benz, Porsche, Lamborghini, Chevrolet, BMW, Audi, Nissan, Citroën, Fiat, Alfa Romeo, Peugeot, Tesla, Lada…todos esos modelos que hoy conocemos comenzaron por algo: los coches de vapor. Vehículos cuya aparición se marca en el siglo XVIII, siendo el primero el Fardier (1769), creado por el francés Nicolás Cugnot con el objetivo de arrastrar piezas de artillería.

Exposición de autos antiguos. Fotos: Juan Carlos Dorado
Exposición de autos antiguos. Fotos: Juan Carlos Dorado

Inicialmente fue el vapor, luego la electricidad y más tarde la gasolina; tres fases que el automóvil debió recorrer en su camino a la modernidad. Varios inventores experimentarían agregando facilidades como el freno de mano, las velocidades y el volante.

Viena vería nacer en 1870 el primer motor de combustión interna a base de gasolina, de manos de Siegfried Marcus. La producción de los primeros automóviles con carburante ocurrió casi simultánea gracias al trabajo independiente de varios ingenieros alemanes. Así surge el Benz Patent Motorwagen, de Karl Benz en 1885, el cual sería patentado en 1886 y producido en 1888.

Ya en el siglo XX, Estados Unidos y Francia eran pioneros en la producción masiva de autos. Surgen compañías reconocidas mundialmente como Peugeot y Ford. Cambios en la estética y el confort fueron adicionándose a los nuevos modelos y marcas que aparecerían con los años: el latón en la carrocería, las formas redondeadas y el prototipo de auto cerrado se gestaron desde inicios del XX hasta la actualidad, donde la tecnología ha variado bastante aquella primera imagen arcaica del Fardier.

RODAR POR LA ISLA

Pagado al precio de mil pesos, llega a La Habana de 1898 el primer automóvil del que se tienen noticias; un Parisienne de origen francés con una velocidad de diez kilómetros por hora, cifra risible hoy, pero que debió asombrar en esa época a la toda la sociedad capitalina. Según datos del libro Historia y pasión del automóvil en Cuba, de Marcelo I. Gorajuría Marichal, en 1903 ocurrió la primera competencia de coches con la participación de cinco carros, que recorrieron desde el puente de la Lisa hasta Guanajay.

Fotos: Juan Carlos Dorado

Después de eso comenzaría el largo listado de las primeras veces: primera carrera internacional y primeros títulos oficiales de choferes en 1905; primer accidente en 1906; primer taxi y línea de ómnibus en 1907. Así, hasta que comienzan a poblar las calles algunos de los autos que aún hoy acompañan la cotidianidad cubana: Chevrolet en 1912 y Ford en 1913.

Al llegar 1959 y con él la Revolución, en Cuba circulaban 180 mil 511 automóviles, de los cuales aproximadamente el 94 por ciento eran de procedencia estadounidense. El rompimiento de las relaciones entre ambos países también significó el cese del suministro. En la década de los 70 y posterior a ella llegaron a la Isla carros provenientes de otros destinos como la Unión Soviética, Argentina y China.

RODAR POR UNA “PERLA”

Exposición de autos antiguos. Fotos: Juan Carlos Dorado
Exposición de autos antiguos. Fotos: Juan Carlos Dorado

Las “máquinas” y “almendrones” también han protagonizado la historia de Cienfuegos. Como espectadores en movimiento de esta ciudad, ya estaban presentes en los primeros diez años del pasado siglo, al menos así lo informa Maribel Sardiñas, especialista de la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas (ACAA): “En 1909 existía un taller de automovilismo en la Calzada. Varias imágenes reflejan la presencia de estos carros, que posteriormente aparecen con fines comerciales y de ocio. Ellos protagonizaron el 5 de Septiembre y la entrada de Fidel a la ciudad con la Caravana de la Libertad”.

Varios cienfuegueros prefieren ser propietarios de estas reliquias ambulantes; a unos los unen vínculos sentimentales; a otros su pasión por estos modelos; y algunos simplemente, la atracción que sobre los visitantes foráneos ejerce lo antiguo. Cada particularidad es válida, porque estos vehículos llenos de sugerentes curvas, merecen ser conservados.

Orlando Medina tiene 70 años y su Ford es casi dos décadas más longevo. Este Modelo A de 1929 fue otro protagónico de la película Lucía, de Humberto Solás. Con casi el 90 por ciento de sus piezas originales, incluido su motor, el auto aún conserva el color azul de aquellos días de filmación.

“Mi papá era chofer; él fue quien manejó cuando se grabó Lucía en Cienfuegos. El carro que sale y le da la vuelta al parque es este. Después querían llevarse a mi papa para el ICAIC con carro y todo, pero no quiso. Lo que hizo, lo hizo gratis, no cobró; solo pintaron el carro y le dieron una batería y algunas gomas”, recuerda Orlando.

También Santiago Acosta heredó una reliquia. En 1975, su padre compró un Ford de 1930 con el cual trabajó para mantener a los hijos. “Este carro significa continuar el legado de mi papá. Hemos pasado trabajo, porque mantener un carro lo lleva. Incluso pudiéramos venderlo, pero preferimos conservarlo”, explica.

Para Rolando Álvarez, trabajador de Transtur en la Perla del Sur, su Chevrolet del  ’55 no se compara con ningún auto moderno. “No se igualan con el mío porque quedan por debajo en capacidad, confort, facilidad de adquirir las piezas. Se gasta en él, pero todo se resarce con el orgullo que siento cuando lo veo”.

Ricardo Jiménez es otro de los apasionados de la mecánica. Hace 16 años adquirió un Ford Inglés del ’51. “Prefiero este por sus líneas y porque solo hay dos del mismo tipo en la provincia. El motor no es original, pero está muy bien conservado”.

Exposición de autos antiguos. Fotos: Juan Carlos Dorado
Exposición de autos antiguos. Fotos: Juan Carlos Dorado

Todos estos propietarios y algunos más, coinciden en el intento de crear un Club de Automovilismo en el territorio. Unido a este deseo se vincula el impulso que desde 2015 realiza Maribel Sardiñas con el fin de promover actividades socioculturales que impliquen a los choferes y a toda la población. Hace solo dos meses se realizó en el parque Martí una exposición con la participación de 16 autos; de este evento y una muestra anterior de artesanías vinculadas al tema, emergió el logotipo que identificará al Club, el cual pretende que como particularidad incluya automóviles, guaguas, camionetas y motos, una distinción especial desde esta tierra del Sur.

Tanto en Cienfuegos como en toda Cuba, los “almendrones” simulan la inmovilidad del país en cuestiones automovilísticas. Sus componentes provienen de otras latitudes, pero en esencia integran nuestro imaginario y son propios por antonomasia. Ruedan como símbolos de un reloj detenido, porque ellos representan otra época.

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