Sobre enmiendas y leyes: el mismo perro… | 5 de Septiembre.
dom. Oct 13th, 2019

Sobre enmiendas y leyes: el mismo perro…

La activación 23 años después del titulo III de la Helms-Burton supera con creces la aberración plattista. /Foto: Archivo

La activación 23 años después del titulo III de la Helms-Burton supera con creces la aberración plattista. /Foto: Archivo

Jamás pudo imaginar Orville H. Platt un engendro como la actual Ley Helms-Burton. En su soberbia por recolonizar a Cuba, aquel senador del estado de Connecticut, padre de la Enmienda que llevó su nombre, quedó superado ampliamente por esta nueva aberración legal, cuyo título tercero, postergado por más de dos décadas, entró en vigor hace solo unas semanas.

Conocida en su momento como Ley Bacardí, por defender los intereses ocultos de la famosa ronera, la Helms-Burton llegó en 1996 año sobresaliente para que la ola conservadora estadounidense, con el objetivo de aprovechar el fin del campo socialista, deseara con más fuerza acabar de una vez con la Revolución cubana: añeja pretensión de la Casa Blanca.

Como ocurrió con la pérfida Enmienda a principios del siglo XX cuando el país entró en un periodo de agitación extraordinaria, en el que arreciaron los debates entre los intransigentes, opuestos a la injerencia y los capituladores, que aceptaban el protectorado yanqui, hoy son los continuadores e hijos del pensamiento de Juan Gualberto Gómez y Salvador Cisneros Betancourt, los que matizan esta lucha interminable.

De la Platt a la Helms-Burton. En casi 120 años de política y enfrentamientos, poco ha variado la situación del diferendo entre Cuba y los Estados Unidos.
De la Platt a la Helms-Burton. En casi 120 años de política y enfrentamientos, poco ha variado la situación del diferendo entre Cuba y los Estados Unidos.

Con la nueva arremetida hacia Cuba a través de la puesta en marcha del Título III de dicha ley, poco ha variado la situación en más de 120 años de política y enfrentamientos, cuando fue aprobado aquel documento injerencista por los senadores imperiales. La Enmienda es válido recordar arrogaba el derecho a intervenir en el país antillano cada vez que lo estimara necesario. Además de que Cuba tenía que ceder parte de su territorio para que el vecino norteño construyera bases navales y carboneras.

Pero en el presente, es preciso aseverar que la situación es mucho peor. La nueva imposición legislativa hoy no busca la constitución de un sistema político multipartidista, sino la sumisión total del gobierno cubano a los intereses estadounidenses. Ni siquiera aspira a una economía de mercado, sino a un patrimonio totalmente controlado por las empresas imperiales.

Sus aspectos más descollantes y criticados han sido agrupados en tres ejes fundamentales: el derecho constitucional, los tratados internacionales y los procedimientos judiciales.

La Ley revela una meta de política exterior que logra imponerse a los tribunales de los Estados Unidos, formando así una violación explícita en la separación de poderes. En este aspecto, la inmensa mayoría de los estudiosos en materias jurídicas está de acuerdo en poner en crisis la “constitucionalidad” de este código. En parte, apoyados en una obviedad rotunda: los objetivos políticos priman sobre los jurídicos o comerciales.

Como otras mediadas coercitivas semejantes de su tipo, representa un ataque contra la propia Constitución estadounidense, que garantiza la libertad de viaje a los ciudadanos de aquel país. Pero más controvertida es en el exterior: la amenaza de negación de visado para entrar a los EE.UU. o trabajar en su territorio a los directivos de las compañías que “negocien” con propiedades norteamericanas, confiscadas por el Gobierno de la Isla.

Por este y otros motivos, analistas y expertos, vaticinan que el Título III podrá “convertirse en un quebradero de cabeza para Estados Unidos no solo por la avalancha de procesos que algunos cubanoamericanos pueden presentar ante tribunales, sino también por los encontronazos que originaría con sus aliados y, a la vez, sentar el precedente de que, otras minorías como vietnamitas, chinos, rusos, árabes y europeos, que también ostentan la ciudadanía estadounidense, se consideren en igual derecho que los cubanos de reclamar sus antiguas propiedades en los países de origen”.

Por eso, muchos mantienen la esperanza de que, como ocurrió el 29 de mayo de 1934 con la desaprobación de la Enmienda Platt en el seno de la Casa Blanca, el gobierno de Washington observe de una vez lo retrógrado y absurdo de estas imposiciones hacia nuestro país.

Pero algo sí ha quedado bien claro: en los últimos 60 años Cuba ha resistido todo un arsenal de obstáculos yanquis con la anuencia de doce presidentes, y con Trump y su caterva de seguidores no será una excepción.

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