El Sevilla, «tan sonriente»

Parece que la gente le tiene miedo a Adama Traoré. ¿Cómo detener a un futbolista indetenible? Así, indetenible, toma el balón y recorre tal vez unos 60 o 70 metros. Los rivales no pueden ni siquiera sostenerlo por los brazos: Traoré se unta una especie de crema, que impide el agarre por cualquier parte de sus imponentes extremidades superiores.

Entonces, el tiempo se detiene. Traoré pisa el área del Sevilla. Está muy cerca. Tiene al portero casi “a tiro”. En un momento, parece que no sabe qué hacer, cómo golpear. Parece titubear mientras el impulso de su propia velocidad amenaza con estrellarlo contra alguna parte.

El central Diego Carlos, ese que algunos medios vendieron como el único capaz de frenar al indetenible, logra frenar a Traoré, pero con falta. Amarilla para Diego Carlos. Penal para el Wolverhampton. El mexicano Raúl Jiménez, que nunca o casi nunca yerra, dispara y falla. Todo el mérito para Bono, el portero del Sevilla (no el cantante de U2).

El partido sigue, en un “ir y venir, seguir y guiar, dar y tener, sin esperar que algo pase”. El Sevilla demuestra que es mejor equipo. El Wolverhampton demuestra que tiene a los jugadores más talentosos, aunque no logre hacerlos funcionar como equipo.

Al final, o casi al final, los de Julien Lopetegui se llevan el pase a semis de la Europa League, donde ya los espera el Manchester United (su próximo rival), el Inter de Milán y el Shaktarkh Donetsk.

El equipo de Nuno Espírito Santo dijo adiós a la Europa League, y el Sevilla, «tan sonriente», demostró que puede ganar su torneo fetiche, aunque le pongan el camino más difícil, aunque sus rivales sean muy Premier y muy históricos. Aunque el corpulento Adama Traoré sea muy indetenible.

 

Miguel Ángel Castiñeira García

Miguel Ángel Castiñeira García

Estudiante de Periodismo de la UCLV

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