Sergio González López, el Curita | 5 de Septiembre.

Sergio González López, el Curita

Sergio González en su imprenta de la Plaza del Vapor, junto con el combatiente Humberto Torres Fonseca. /Foto: Ecured

Por haber cursado estudios religiosos en su primera juventud, los amigos de Sergio González López comenzaron a llamarlo “El Curita”. Había nacido en Aguada de Pasajeros el 29 de octubre de 1922. Sus primeros combates los libró en La Habana a donde fue en busca de trabajo, enfrentándose a los gánsters que copaban el sindicato de transporte urbano de la Capital, ya que trabajó en la empresa norteamericana Havana Electric Railway Company y allí sus compañeros lo eligieron secretario general del sindicato, pero fue desactivado y despedido por los patronos y gánsters que controlaban el transporte tranviario capitalino a quienes afectaba su rectitud y limpieza proletaria.

Al ocurrir el asalto al cuartel Moncada por Fidel Castro, Sergio imprimió por su cuenta 10 mil volantes en la humilde empresa en que comenzó a trabajar, los cuales distribuyó por toda La Habana, en ellos llamaba a la juventud a apoyar a los protagonistas de esa acción rebelde.

Al ser liberado Fidel con los moncadistas, Sergio se entrevistó con él y puso la imprenta a su servicio, solicitando ser admitido en las filas del M-26-7. En mayo de 1957 “El Curita” fue encarcelado por sus actividades revolucionarias contra la dictadura, se declaró en huelga de hambre y se fugó espectacularmente de la prisión del Castillo del Príncipe y continuó su labor clandestina como jefe de acción y sabotaje en La Habana.

Para que se tenga una idea de sus conceptos revolucionarios, analícese la carta que Sergio dirigió a su pequeño hijo, en respuesta a una petición de éste para que abandonara su huelga de hambre a fin de que no perdiera la vida. Escribió así

Mi hijo amado: Si yo muriera por esta causa tú tendrías que sentirte orgulloso de mí; pero si por cobarde la traicionara, cuando fueras grande tendrías vergüenza de decir que eres hijo mío; pero a mí me interesa mucho que sean valientes y honrados, que sepan exigir sus derechos aunque les cueste la vida, para que no sean esclavos en su patria. Si tuvieras unos cuantos años más estarías conmigo luchando por la paz soñada, o estarías en la Sierra Maestra con Fidel, empuñando un fusil por la libertad de la Patria, y si te negaras a eso no podrías decir que eras hijo mío…”.

Debido a la gran persecución contra él, el Movimiento le orientó que fuera para la Sierra Maestra, pero éste dilató ese traslado para continuar su tarea organizadora de la huelga general del 9 de abril. Una noche de mediados de marzo de 1958, “El Curita” fue a entrar a una casa donde había citado a varios revolucionarios, en la calle K entre 21 y 23, en el Vedado habanero. Al entrar fue apresado por esbirros policiales que se encontraban allí. Su cadáver torturado apareció el día 19 de marzo tirado en una calle habanera, con varios bayonetazos y disparos por todo el cuerpo. A su lado estaban los cadáveres, también ametrallados y torturados, de los revolucionarios Bernardino García Santos y Juan Borrell.   Al día siguiente apareció el cuerpo sin vida y también torturado de otro recio luchador clandestino, Arístides Viera “Mingolo”, responsable de las células de Marianao del M-26-7.

Después del triunfo de la Revolución, en un juicio que se seguía a varios esbirros policiales, ponderaron la valentía de “El Curita” y sus compañeros. ¡De esa estirpe son nuestros héroes!

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