Sensible pérdida para el remo

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Foto: Tomada del blog El Elefante verde.

El pasado día ocho de junio, el movimiento deportivo de Cienfuegos, y en especial la familia del remo, recibió la triste noticia del fallecimiento de Martín Emilio Ruano Alfonso, cariñosamente conocido por “El Bola”.

Natural de Cárdenas, Matanzas, Ruano protagonizó una excelente carrera deportiva, destacándose en la modalidad de ocho con timonel.

Como atleta, participó en varios eventos internacionales, y entre sus logros resalta la medalla de bronce alcanzada en los V Juegos Panamericanos, efectuados en Winnipeg, Canadá, en 1967. También formó parte de la delegación cubana que asistió a los Juegos Olímpicos de México, 1968.

Por muchos años fungió como entrenador, incluso de la selección nacional, donde aportó medallas en torneos centroamericanos y panamericanos.

Cumplió misión internacionalista en la República Bolivariana de Venezuela y se desempeñó como presidente de la Comisión Municipal de Atención a Atletas en Cienfuegos.

Luego de su retiro, “El Bola” continuó apoyando a la Comisión Provincial desde el Combinado Deportivo número 3.

Fue reconocido con el Diploma al Honor Deportivo, máximo galardón que otorga la Comisión Nacional de Atención a Atletas a las glorias deportivas.

Llegue a sus familiares y amigos nuestro más sentido pésame.

A modo de homenaje póstumo, 5 de septiembre reproduce una entrevista concedida por El Bola a la periodista Darilys Reyes Sánchez y publicada en el blog El Elefante Verde.

Emilio Ruano: olímpica pasión por el remo

Nada ha cambiado en más de 30 años: “si usted le pregunta a cualquiera en Cienfuegos por Martín Emilio Ruano Alfonso, lo más probable es que le responda con un mohín y un encogimiento de hombros: ¿Y ese quién es? Si usted le aclara que a quien usted quiere ver es al ‘El Bola’, el de remo, entonces seguro le responderán… ¡Ah, el ‘El Bola’…!”.

Así lo definió en una entrevista, Sigfredo Barros, periodista del diario Granma, en la década de los ’80. Ruano conserva este artículo como trofeo de su pasional entrega al deporte, pues, aun “si afirmáramos que solo diez personas en Cuba conocen de remo, el ‘El Bola’ estaría entre ellos. Y si redujéramos el grupo a cinco… también estaría”.

“Comencé la práctica en 1963 en Varadero, soy matancero de nacimiento -explica. Vine hasta aquí con el equipo nacional a prepararme para los Juegos Olímpicos de México ’68, pero me enamoré y eché anclas definitivamente en la Perla de Sur.

“Asistir a un evento de tal magnitud requiere de mucho sacrificio, pierdes años de tu juventud. En aquella época tuvimos entrenadores checos y alemanes muy exigentes: no podíamos salir por las noches, ni tener novias, tomar cervezas… A mi madre la veía solo el fin de año, cuando nos daban pase.

“Sin embargo, era un gran honor ser un atleta olímpico -asegura Ruano. Sería esa la primera vez que los cubanos competiríamos en la disciplina y entre el grupo de jóvenes afortunados asimismo figuraba Ramón Luperón, en las modalidades de remos cortos.

“Hoy día participan delegaciones de cientos, mas en mi época iban 30 o 40 cuando más, y sin opciones de medalla. Nuestra mejor ubicación en el país azteca fue un décimo lugar. Algunos lo consideran malo, aunque evaluándolo a escala internacional, es muy gratificante.

“Allí participé en las Competencias de la Amistad, regatas donde atletas de varias naciones nos unimos para completar seis tripulaciones con un fin solidario: la Unión Soviética con Bulgaria, Estados Unidos con Canadá y dos de nosotros, Ramón Riley (de La Habana) y yo, compartimos bote con seis alemanes.

“Por poco nos matan -recuerda, ni tan serio, El Bola. En aquel momento éramos unos principiantes y ellos, en cambio, campeones olímpicos. Pasaban los metros y nosotros preguntándonos hasta cuando sería aquello… el entrenador nos animaba, pero ni modo. Cuando llegamos a la meta solo nos tiramos hacia atrás: a Riley casi le da un infarto y yo salí directo a una cámara de oxígeno.

“Sin embargo, son experiencias inolvidables: uno piensa mucho en Cuba, en la familia. La Olimpiada es una de las cosas más grandes en mi carrera deportiva y en la vida. Antes era muy difícil asistir a dos citas de este tipo, porque el rigor del entrenamiento, sin los adelantos en Medicina Deportiva de ahora, le cobraba factura al cuerpo después de seis o siete años de exigencias”.

Además de los méritos antes mencionados, Emilio Ruano fue uno de los pocos en compartir lauros, como atleta y entrenador, en Campeonatos Mundiales, Panamericanos y Centroamericanos, siendo campeón en ambas condiciones en estos dos últimos. Sin desentenderse nunca de todo lo relacionado con botes, sobra experiencia para una evaluación actual:

En Londres 2012 espero muy buenos resultados de los representantes cubanos -insiste. Llevamos un singlista masculino y un doble par femenino peso ligero con muchas potencialidades de incluirse en una final. Tuve la oportunidad de verlos recientemente en La Habana durante su preparación, y me gustaron mucho. Al menos están en condiciones de superar el quinto lugar, mejor posicionamiento de Cuba en estas lides. Pero podemos esperar más sorpresas”.

REGATAS EN CIENFUEGOS: ¿TRADICIÓN U OLVIDO?

El apodo de ‘El Bola’ surge durante mis captaciones para el deporte -explica Emilio Ruano. Nos pusieron a levantar nuestro peso en el pron; cuando aquello el mío era de 120 libras y las alcé sin contratiempos. Después llegó otro muchacho, con 20 libras más y no pudo. Por capricho le pedí a mi gran entrenador, Orlando Lanza, que me dejara hacerlo y al principio se negó.

Finalmente lo convencí y pude con las 140; entonces el profe me dijo: ‘Oiga, usted es una bola de hierro’ y se me quedó. Eso sucedió en Cárdenas; ya vine con el mote para Cienfuegos”.

Como integrante de los equipos Cuba compitió con los mejores de su época, tanto a escala continental como olímpica. Fotos, diplomas y medallas dan fe de su prolífera carrera, cuyo más exitoso complemento llegaría tras el retiro del deporte en activo.

“Me quedé entrenando en la base y poco después ascendí a Comisionado de la disciplina en la provincia -comenta El Bola. Mis muchachos resultaron campeones en todas las categorías, nunca abandonaron el podio de premiaciones. Durante ocho años consecutivos monopolizamos la entonces tradicional Copa Bohemia…, todo eso sucedió en los ’70, la década de oro del remo sureño”, insiste Emilio Ruano.

“Luego vino mi etapa como director técnico del equipo nacional, cuya preparación transcurría por esa fecha en Varadero. Responder a tan importante llamado tenía una doble significación para mí, pues cuando aquello, el 75 por ciento de los miembros del seleccionado patrio eran cienfuegueros“.

Además de los títulos panamericanos, centroamericanos y varios metales en certámenes mundiales, sumó también a sus méritos como entrenador, el desempeño internacionalista en la República Bolivariana de Venezuela: “cuando llegamos al Estado Bolívar, en 2007, la mejor ubicación era un lugar 18. Al término de nuestra misión, ya los niños eran los primeros a nivel de país”.

Inquebrantable, por más de cuatro décadas, ha sido la relación de Emilio Ruano con las regatas. La práctica estableció el punto de partida para esta relación que ahora encuentra en la experiencia, la más importante meta de su recorrido.

El remo ha mejorado mucho en el territorio, sobre todo en la parte competitiva. Lo sucedido en los Juegos Escolares Nacionales (JEN) fue un gran paso en el rescate de la supremacía de antaño de los locales en esta área. Tenemos un cuerpo técnico muy bueno, uno de los mejores elencos de Cuba, así con todas las letras, aunque también necesitan apoyo en el tema de las lanchas y otros inconvenientes desde punto de vista material.

“Sin embargo, debemos trabajar con mucha insistencia en lo relacionado con la tradición -asegura El Bola. Por ejemplo: a las regatas de los JEN no asistió nadie, salvo los familiares de los atletas. Tampoco existió una oportuna divulgación ni se crearon las condiciones indispensables para el público: yo estuve en una de las jornadas de competencias y no había siquiera agua para ofrecerle a los espectadores.

“Antes, cuando anunciaban un evento de este tipo en la bahía, era impresionante la asistencia de público. Se asumía como un carnaval, un fiesta. Ahora no, y no precisamente por falta de recursos: cuando aquí se juega un play off de béisbol, enseguida acude la gastronomía con pipas de refresco, cerveza y cuanto haga falta.

“Es una lástima -lamenta Ruano-, pues el remo es una de nuestras mayores tradiciones deportivas. Lo que más quisiera yo en mi vida es volver a presenciar una regata de remos en Cienfuegos, ¡pero una verdadera regata de remos!”.

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