Salida clandestina de Mella por Cienfuegos | 5 de Septiembre.
lun. Jul 22nd, 2019

Salida clandestina de Mella por Cienfuegos

La historia tiene aristas impensadas.  En medio del peligro en la clandestinidad que lo trajo a Cienfuegos para salir por nuestro puerto el 18 de enero de 1926, sin pensarlo y ni siquiera saberlo, Julio Antonio Mella despertó las primeras inquietudes amorosas, o el primer amor en la adolescencia de la jovencita que ayudó a salvar su vida.La salida clandestina de Mella por el puerto cienfueguero en esta fecha, contiene no solamente el elemento heroico, histórico,  sino además está aderezado por ese sentimiento cálido y desvaído del primer presentimiento  de  amor imposible.

Pocos días antes del 18 de enero de 1926 el joven rebelde, fugitivo, fundador del primer Partido Comunista de Cuba en 1925, de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), de la Liga Antiimperialista de Cuba y de la Universidad Popular “José Martí”, que había desafiado al tirano Machado que lo sentenció a muerte, llegó desde La Habana a Rodas y según lo acordado fue interceptado por el médico comunista Gustavo Aldereguía Lima que lo trasladó a Cienfuegos.

Bajo el nombre y personalidad de Juan López, arribó a nuestra ciudad y fue alojado por una familia comunista humilde que residía en la calle Santa Cruz entre Manacas y Holguín, en una casa que hoy tiene el número 6114, donde permaneció durante algunos días. No salía a ninguna parte y ni siquiera se asomaba a la puerta o ventana de la casa de la familia que lo acogió. Se pasaba casi todo el día y la noche leyendo y recibía contadas visitas con las que se encerraba en su habitación. Solo en algunos momentos conversaba con Ángela Idania Espinosa Valdés y sus familiares sobre los más variados temas.

La muchachita acababa de cumplir sus trece años de edad y estaba educada en aquel hogar en que las responsabilidades de una clandestinidad casi siempre presentes, para eludir la represión de los gobiernos anti-comunistas, eran algo común. Se comportaba pues con esa compostura aprendida con el ejemplo familiar y realmente disfrutaba de la presencia poco común de un joven apuesto y respetuoso, inteligente y desenvuelto, que parecía un atleta, sonreía mucho y conversaba en voz baja sobre temas interesantísimos. Todo ello colmó sus sueños infanto-juveniles.

Al amanecer del 18 de enero, su padre la despertó y le comunicó que inmediatamente saldría acompañando al joven aquel, a pie desde su casa hasta la Aduana local, por las calles que le fueron señaladas, de modo tal que no hicieran un recorrido recto, sino sinuosamente, para observar si alguien los seguía. Muchos años después, en entrevista con este redactor,  Ángela Idania recordaba las palabras de su progenitor:

–  Llegas con él, yendo por el recorrido que te indiqué, hasta el parquecito de la Aduana, frente al Muelle Real. Allí te estará esperando Felipe Fernández Seijo, recuerda ese nombre porque él se va a identificar así, lo saludas y dejas a tu acompañante con él e inmediatamente regresas para la casa. No te preocupes, que aunque tú no nos veas, los estaremos cuidando a ambos desde lejos. Confiamos mucho en ti.

Ella relataría, años después, todavía con orgullo, su inolvidable e ingenua historia de amor.

–  Yo iba muy oronda con aquel joven al amanecer por aquellas calles cienfuegueras poco concurridas a esa hora, frías aún por las brisas gélidas de enero, durante todo el largo camino que me indicaron. Él tenía veintidós  años y yo trece,  pero me trataba como a una joven de más edad, con respeto y al mismo tiempo con una confianza que me emocionaba.  Nos reíamos de cosas triviales y pasó el camino casi sin sentir. Creo que me enamoré de él, porque fue el primer hombre en quien pensé mucho durante mucho tiempo.  Sólo al despedirme cometí una falta: le pregunté su verdadero nombre, porque sabía que aquel Juan López no lo era. Con una sonrisa espléndida me dijo: “Me llamo Julio”, y graciosamente me estrechó la mano derecha que retuvo por un instante en la suya fuerte y cálida. Le pregunté el apellido y con la misma sonrisa cómplice me contestó: “Eso te lo dirá tu papá cuando sepa que llegué bien a mi destino”. Entonces me besó en la mejilla y yo creí que me desmayaba.

Ángela Idania completa su historia:

  Supe luego que se fue en el vapor “Comayagua”, de polizonte. Era un barco de la United Fruit Company que lo dejó en Puerto Cortés, en Honduras, y de ahí pasó a Guatemala y después fue hasta su destino en México donde sobresalió en su liderazgo continental. Tiempo después en 1929 supe también de su alevoso asesinato cuando iba al lado de su novia Tina Modotti que era una fotógrafa italiana comunista, muy bonita por cierto,  y lloré mucho cuando lo supe.  Ya antes papá me había contado su verdadera identidad, pero marcó mucho mi vida de joven cienfueguera ese ensueño mío, infantil y cándido si se quiere, pero que me unió para siempre a Julio Antonio Mella, aunque él no lo supiera nunca.

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