¿Sabemos pensar?

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Los infantes tienen el derecho a que se les faciliten las herramientas necesarias para interpretar su realidad./Foto: Internet

El investigador Rolando Rodríguez da cuenta —en su reciente biografía de Julio Antonio Mella— de una de las más recurrentes polémicas en el seno de la propia intelectualidad revolucionaria de los años 20: “(Rubén Martínez Villena) era un patriota que amaba a su patria y su historia, pero consideraba que la educación del pueblo era el norte que lo encauzaría”. De manera casi profética, Mella le había asegurado a Villena que no bastaba con cambiar el gobierno si no se revertía la situación que tenía la Isla de “semicolonia, aherrojada a los intereses del capitalismo yanqui y del papel que desempeñaba el imperialismo en los destinos de Cuba”. Sin embargo, no fue hasta el triunfo de la Revolución en enero de 1959 que radicales políticas educativas comenzaron a implementarse a lo largo de toda Cuba, una vez desechadas las bases del antiguo sistema.

A partir de esta fecha, la educación ha resultado un tema frecuente debido a la ardua tarea que supone una consumación efectiva de la misma. En la película cubana De cierta manera (1977), la directora Sara Gómez intenta analizar el problema de la miseria y su arraigo en la cultura de muchos asentamientos poblacionales, incluso después de haberlos trasladado a viviendas prefabricadas, elevado su calidad de vida y brindado oportunidades laborales. La profesora del Consejo Popular donde se desarrolla la cinta, no sabe cómo lidiar con estudiantes que tienen situaciones complejas en sus familias y presentan total desinterés por el estudio. Estamos hablando de los años 70.

Independientemente de las causas, hoy la situación no ha cambiado del todo. No pocos avances respecto a la erradicación de la cultura marginal se perdieron en el camino, después de la crisis que provocó la caída del sistema socialista en Europa.

Lagunas en la enseñanza precedente llevan a los profesores universitarios, en muchas ocasiones, a tener que sistematizar contenidos que, se supone, hace rato el alumno debió haber vencido. Incluso, más allá de la adquisición mecanicista de saberes, muchos jóvenes (y no tan jóvenes) demostramos una incapacidad de razonamiento para nada acordes con los requerimientos de una sociedad civilizada que intenta abrirse paso por la ardua senda del desarrollo.

Pensar no es lo mismo que conocer: la capacidad de enseñar a pensar, o al menos a pensar de manera profunda, no la tienen todos los educandos.

Desde un punto de vista filosófico, el intelectual soviético Iliénkov dedicó todo un ensayo —La escuela debe enseñar a pensar— a la temática en cuestión. “Estropear el pensamiento es fácil, y curarlo muy difícil. Se puede estropear con el sistema de ‘ejercicios no naturales’ desde el punto de vista de la cultura intelectual verdadera. Y uno de los modos más ‘veraces’ de tal estropeo del cerebro, del intelecto, es el aprendizaje formal de los conocimientos. Precisamente de este modo se producen los hombres ‘tontos’, que no saben correlacionar lo asimilado por ellos con la realidad”, aseguró.

Independientemente de la transmisión de valores, se debe fomentar el ejercicio del criterio, la capacidad de razonamiento en los niños. Los infantes tienen el derecho a que se les faciliten las herramientas necesarias para interpretar su realidad. Solo así podrán participar en la sociedad como individuos capaces de aportar ideas y no como integrantes de una masa amorfa, no apta para enfrentar las contradicciones que se dan en este mundo cada día más complejo.

*Estudiante de Periodismo.

1 Comentario

  1. Excelente tema!!! Y lo aprendimos en la escuela, cuando en época muy temprana Félix Varela se opuso a escolástica, un sistema rígido donde el estudiante no podía “pensar” por sí mismo, Varela nos enseñó en pensar. Y recuerdo como luego, en la Universidad, un profesor me rectificó el EN y me puso una A, y hasta me lo señaló como un error ortográfico, y yo no pude más que quedarme callada ante tamaña ignorancia, porque de lo contrario, aquello de que “el estudiante es el último eslabón de la cadena alimentaria” me buscaría problemas. Bien hecho Miguel Ángel

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