Ruslán, el “naif conceptual” y la búsqueda de lo nuevo

Las obras de Ruslán González Korets son una travesía de emociones. Sus escenarios y personajes se alejan del rigor académico para hacernos sentir que están vivos, y no por gracia de una conjugación fortuita de elementos pictóricos. Respiran como nosotros. Sufren como nosotros. Tienen sueños y esperanzas como nosotros. Develan, en esencia, una representación íntima de lo que somos, a la cual damos a luz mientras desgarramos sus entrañas con la mirada.

Graduado de la Escuela de Instructores de Arte y licenciado en Psicología, el joven pintor, de 32 años, es una isla en la propia isla donde navegan sus trazos. Contrario a la concepción rígida del naif como expresión inherente a artistas empíricos, él ha descubierto, en las zonas del arte popular, un universo de posibilidades donde escapar de las exigencias formales, crear en libertad y encontrarse a sí mismo.

“Muchas veces —confiesa— me ha asaltado la duda de si realmente soy un artista naif. No solo por el hecho de tener una formación en artes plásticas, sino porque mis trabajos tampoco son ‘simples’ ni ‘ingenuos’. Lo que hago siempre responde a un concepto y a un objetivo final, y trato de aplicar las nociones de la academia a este tipo de manifestación pictórica. Incluso, he llegado a llamarlo ‘naif conceptual’, por esa vocación de querer decir algo”.

Si otros creadores se contentan con la representación de escenas y poses típicas de Cuba, Ruslán viaja más allá para perfilar en sus lienzos una imagen menos tradicional y estereotipada de la cubanía. Al recrear la vida del campesino —tan habitual en el naif— procura su conexión con la contemporaneidad, así como con los grandes temas, preocupaciones e interrogantes de estos tiempos.

El timonel, pieza exhibida en la exposición colectiva Micro-realidades.

“Pinto todo lo que se relacione con el cubano, dice. Nunca me falta la musa, porque a donde mires este país tiene mucho qué contar. Me apoyo en frases populares y dicharachos de otras épocas, los cuales incorporo con elementos actuales y de plena vigencia que se avistan en la composición psicosocial de los personajes.

En mis piezas, por ejemplo, la figura de Martí es muy recurrente. Por cuanto significa en la historia y en el presente de Cuba quizás sea imperdonable que fuera de otra manera. En la más reciente exposición colectiva donde participo (Micro-realidades) —a propósito del aniversario 35 de la Asociación Hermanos Saíz—, Martí aparece representado en una especie de batalla continua. Los cubanos estamos siempre en una batalla, pero por más situaciones y obstáculos que existan, tenemos que tener claro hacia dónde vamos. Ese sitio es Martí, y la razón de su presencia en mi obra”, agregó.

La fuerza de las líneas, texturas y estructuras singularizan el quehacer pictórico de Ruslán, cargado en ocasiones de un tono de nostalgia que, consciente o no, transmite a sus personajes y ancla en el espíritu de los espectadores. Para él, nada interesa más que la triangulación entre artista, obra y público, tras vivirla en las muestras personales Lo nuestro (2016) y Miradas cotidianas (2020).

“Participar en exposiciones permite que reconozcan nuestro trabajo y favorece la interacción directa con las personas; la posibilidad de conocer de primera mano lo que piensan. Además —dice—, son espacios de socialización con artistas de igual y disímiles estilos. En los últimos años, tuve la suerte de que algunas de mis creaciones fuesen exhibidas en los salones Mateo Torriente y 5 de Septiembre, junto a lo mejor del arte contemporáneo en Cienfuegos, y asimismo en el territorial de arte popular de Villa Clara”.

Trapos sucios.

Estas oportunidades reafirmaron su apuesta por formas creativas menos asfixiantes y más libres, sin desdeñar del todo ciertos principios académicos. A la vez, revelaron la sensibilidad del artista por la ciudad donde nació, Cienfuegos, omnipresente en el conjunto de su obra.

“Por eso está el mar, como un espacio donde siempre hallaremos algo nuevo; tesoros ocultos, apunta. Sucede lo mismo con la representación del pescador, que es también numerosa y simbólica. Esa figura tiene que ver mucho con el día a día del cubano, de ver qué ‘pesca’, qué encontrará para mañana, qué reto deberá enfrentar. Se trata exactamente de la búsqueda de lo nuevo”.

Ruslán no hace otra cosa. La travesía a sus pinturas y el regreso de ellas incitan a la explicación de imaginarios, realidades y sentimientos distintos. Si sus escenarios y personajes respiran como nosotros, sufren como nosotros, tienen sueños y esperanzas como nosotros, ¿qué somos entonces…?

Vidas conectadas.

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Roberto Alfonso Lara

Licenciado en Periodismo. Graduado en la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2013.

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