Rubén Martínez Villena: Paradigma | 5 de Septiembre.
vie. Dic 13th, 2019

Recordamos hoy a un precursor. A un hombre que dejó una obra de cariño y coraje en el Movimiento Obrero cubano. Con sólo 35 años de edad, el 16 de enero de 1934 dejó de existir porque no se trató debidamente su afección pulmonar para dirigir la lucha de su pueblo. Recordamos a Rubén Martínez Villena.

Su primera acción pública conmocionó a la Isla.  Fue en ocasión de celebrarse en el Palacio Presidencial  una sesión solemne, cultural y más bien politiquera, a la usanza de aquellos gobiernos  de la neocolonia. Una voz juvenil pero potente interrumpió de pronto al ministro que comenzaba su discurso. Aquella voz, que era la de Rubén Martínez Villena denunció la corrupción administrativa imperante en el gobierno de la Nación. Aquel hecho ocupa un lugar en la historia de Cuba en la que se conoce como “la Protesta de los Trece”, porque ese era el número de jóvenes intelectuales que se concertó en ese lugar para comenzar una campaña contra las operaciones fraudulentas para apropiarse de tajadas del Tesoro Público.  Realmente eran quince jóvenes, pero dos de ellos decidieron no firmar el documento de la Protesta por temor a represalias.

Desde entonces Rubén fue una figura imprescindible de Cuba en la segunda y tercera décadas del siglo XX. Tuvo una existencia breve pero muy fecunda. Tanto como Julio Antonio Mella al que continuó en la secretaría general del primer Partido Comunista de Cuba. Antes, Rubén fue el abogado asesor legal de la Central Nacional Obrera de Cuba (CNOC), el antecedente de la actual Central de Trabajadores de Cuba (CTC).

Profundamente martiano, Rubén fue consecuente antiimperialista. También fue poeta brillante. En su “Mensaje Lírico Civil” no sólo reclama “una carga para matar bribones, /para acabar la obra de las revoluciones”, sino que también denosta al imperialismo norteamericano por su injerencia en los asuntos cubanos. Cuando ocupó la responsabilidad de secretario general del PCC, continuando la obra de Mella que tuvo que marchar al exilio por las persecuciones y amenazas de muerte que recibió hasta del propio dictador Machado, Rubén renunció a sus versos, a su poesía que era una de sus pasiones, en sacrificio por la Patria y los trabajadores humildes cubanos.

Rubén Martínez Villena ocupó la dirección del primer Partido Comunista cubano en los momentos más difíciles y complejos de nuestra historia republicana. La enorme presión de la lucha quebró su salud deteriorada. El Partido lo envió a un sanatorio especializado en tuberculosis, en la Unión Soviética donde se repuso notablemente, pero no concluyó el tratamiento en su afán de regresar a Cuba y dirigir la huelga general que fue la que derrocó al tirano Machado. El imperialismo norteamericano maniobró para impedir que la clase obrera alcanzara el poder político y en la fuerte confrontación en breve tiempo recayó y tuvo que guardar cama con fiebres altas que lo abatían frecuentemente. Pese a todo sacó fuerzas para organizar el Congreso Obrero de Unidad Sindical, evento en que participó y dirigió desde su cama de moribundo. Ante el injerencismo estadounidense, Rubén organizó la toma de los centrales azucareros del país en los que dispuso organizar gobiernos locales que recibieron el nombre de “sóviets”, en remembranza de los organizados durante la Revolución de Octubre en Rusia, para ir tomando el poder por sectores laborales, en cada lugar donde fuera posible.  En ello consumió sus últimas fuerzas.

En la zona de Cienfuegos resultaron históricamente bien organizados los sóviets de los centrales Hormiguero, Parque Alto y en la henequenera de Juraguá, único soviet en una industria no azucarera del país, que fueron excelentes ejemplos del enorme esfuerzo de Villena. Poco después Rubén falleció entre el cariño de los trabajadores cubanos.

Fue sin duda un visionario, un precursor. Su obra de coraje y cariño es la que hoy poseemos y defendemos con nuevas energías e ideas revolucionarias novedosas que nos permitirán crear la sociedad mejor a la que aspiramos, más plena, desarrollada económicamente y feliz.

Hacer esta sociedad es la mejor manera de recordar a nuestros próceres.

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