Rubén Martínez Villena: intelectual, escritor y revolucionario | 5 de Septiembre.
mar. Nov 19th, 2019

Rubén Martínez Villena: intelectual, escritor y revolucionario

Montaje: Yelemny Estopiñán

Rubén Martínez Villena nació el 20 de diciembre de 1899 en Alquízar, La Habana. Era el primer hijo varón del matrimonio formado entre María de los Dolores de Villena y Delmonte, una mujer de gran belleza y gestos refinados y Luciano Agustín Rogelio Martínez Echemendía, maestro de la escuela “Hoyos y Junco” quien llegaría a ser Decano de las Facultades de Educación, Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana y Secretario de Educación en 1935.

Intelectual, escritor y destacado revolucionario cubano de las décadas de 1920 y 1930, integra junto a Julio Antonio Mella, el Movimiento Estudiantil Universitario que organiza la Reforma de la Enseñanza Superior en Cuba; participa en la creación de la Liga Antiimperialista de Cuba y en la Universidad Popular José Martí para ilustrar a la clase obrera cubana.

Rubén irrumpió en la escena política cubana desde muy joven, cuando protagonizó junto a otros doce intelectuales cubanos, la llamada Protesta de los Trece, un acto cívico para oponerse a las malversaciones y corrupciones de los gobernantes venales de “aquella República” neocolonial que nos dejaron los norteamericanos cuando declararon la guerra a España para apoderarse de la isla en 1898 e implantaron los gobiernos corruptos de su conveniencia.

Rubén Martínez Villena ingresa en el primer Partido Comunista de Cuba en 1927, dos años después de creado, entre otros, por Mella y Baliño, representantes respectivamente de la más joven y de la anterior generación de cubanos verdaderamente revolucionarios, y Rubén llegó a ser, primero, miembro de su Comité Central  y luego ocupó la dirección principal, cuando Mella tuvo que salir exiliado para México. Renuncia a su fecunda labor poética para entregarse de lleno a la lucha revolucionaria.

Visitó a Cienfuegos en dos ocasiones memorables, primero en 1923 cuando organizó aquí el Movimiento de Veteranos y Patriotas, y después en 1927 cuando fue el orador principal de los actos por el Primero de Mayo, que sirvió para la reorganización del proletariado local.

Hacia 1930 Martínez Villena realiza las acciones más intensas del Partido para organizar nacionalmente la rebeldía popular y lograr el derrocamiento del tirano Machado que él llamó “asno con garras”, así como Mella lo había calificado de “Musolinni Tropical”.

Fracasada la huelga de 1930 que primero organizó, luego en 1933 prepara la decisiva rebelión del pueblo, que logró que el tirano huyera, pero quedó la estructura que por los mecanismos del imperialismo evitó que el pueblo tomara el poder.  Para entonces ya Rubén se encontraba prácticamente agonizando, debido a la tuberculosis que padecía y que no se curó completamente en un centro especializado en la Unión Soviética donde el Partido lo envió a restablecerse, porque decidió regresar a Cuba sin completar el tratamiento, para involucrarse en la dirección de la huelga que derribó al dictador.

En Cienfuegos, aquella huelga anti-machadista fue una de las mejor organizadas y largas de la Isla.

Ya en enero de 1933 llegó a Presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, e implanta la demagógica política del “buen vecino” en América. En medio de esa política falaz, para no intervenir militarmente una vez más en Cuba, envía a la Isla a Summer Welles, un hábil político que resulta el verdadero poder detrás del trono presidencial cubano. Cuando Machado es derrocado por la huelga  general del pueblo cubano, Welles maniobró para dejar al frente del país al jefe del Ejército, pero Villena movilizó al pueblo y se lo impidió. Entonces Welles colocó en la presidencia a Carlos Manuel de Céspedes, el incoloro hijo del Padre de la Patria, anodina figura política que llevaba su apellido, pero jamás su temple, y para apoyarlo, dos buques de la Armada de Guerra estadounidense, con los cañones desenfundados y bajo el rótulo de “observadores imparciales con cañones” quedaron fondeados en la bahía de La Habana a la vista del pueblo.

Con sus últimas fuerzas físicas, Martínez Villena organizó los sóviets, o gobiernos locales proletarios, en los centrales azucareros del país, que también se creó en la henequenera de Juraguá, de Cienfuegos, única industria no azucarera donde se pudo implantar, y desde su lecho de muerte dirigió un amplio congreso obrero, pero Rubén falleció el 16 de enero de 1934, dedicando su último aliento a la causa del proletariado cubano, para lo que había vivido.

Faltaban 25 años para que el pueblo cubano fuera realmente dueño de sus destinos.  Hoy, el pueblo cubano en el poder lo recuerda con agradecimiento.

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