Rubén Carballo Herrera: Valiente sanador con buena fe (+Fotos y video)

«La felicidad suprema del vivir es el amor en todas sus formas».
Diego Rivera, artista mexicano

«Soy un humilde enfermero y lo único que hago es tratar de sanar a los demás», dice él. Sin embargo, este hombre de mediana estatura, ojos escudriñadores y verbo fácil, pero entrecortado a veces por la emoción acumulada en su memoria, para algunos resurge como enconado retador de la muerte, un ángel guardián o el Quijote que derrota molinos de vientos, a veces adversos, en diferentes partes del mundo. Rubén Carballo Herrera constituye, como otros de sus colegas, un aventajado paradigma dentro del personal cubano de la Salud.

Según Henry Bordeaux, destacado escritor y abogado francés, «los tiempos fáciles en la humanidad son las páginas vacías de la Historia». Celos profesionales exógenos, peligros, insalubridad generalizada, ceguera, virus mortíferos, difamaciones e incomprensiones; pero también amor, solidaridad, gratitud, autosuperación, patriotismo, camaradería, altruismo y espiritualidad, han marcado la existencia de este guardián cienfueguero de la vida. Por eso, la entrevista.

GÉNESIS

Parecería que este perlasureño estuviera destinado a tener una existencia de un constante ir y venir. El mayor de tres hermanos, vino a este mundo el 23 de junio de 1964 en el llamado Materno de Cienfuegos (donde hoy se encuentra ETECSA), y desde entonces, ha ido de un lugar a otro.

«Cuando tenía un año me llevaron para ‘Pepe Rivas’, a los 9 nos fuimos a vivir a ‘Elpidio Gómez’ y al cumplir los 16, regresé a Buenavista, pues allí está la casa de mis abuelos maternos. Inmediatamente, en el Politécnico de la Salud comencé mis estudios de técnico medio en Enfermería General, una carrera priorizada en el país a pedido de Fidel, debido al éxodo masivo del personal sanitario, sobre todo en los años 80 del pasado siglo, cuando los sucesos del Mariel. Parte de las asignaturas del currículo también las recibía en la Escuela de Enfermeras ‘Victoria Brú Sánchez’, cuyo edificio hoy ocupa la emisora Radio Ciudad del Mar.

«Me gradúo en 1983, sin embargo, desde el inicio siempre estuve vinculado al trabajo directo con los enfermos, al igual que el resto de mis condiscípulos. Recuerdo que en junio de 1981, por la terrible epidemia de dengue hemorrágico, doné mis vacaciones y apoyé a tiempo completo en la atención a los pacientes en una sala con 32 camas, la 12-A del Hospital Provincial. Había camillas ocupadas hasta en los pasillos. Por supuesto, era supervisado por una enfermera de experiencia. E igual pasó con el dengue.

«Al Cuerpo de Guardia fui transferido un año después, aunque antes roté por otros servicios, tal cual Quemados, Terapia Intensiva, Cirugía, Medicina Interna… En esa área me mantuve, incluso, después de finalizar la carrera, como enfermero asistencial».

Facsímil de una de las muchas notas publicadas en el 5 de Septiembre.

Facsímil de una de las muchas notas publicadas en el 5 de Septiembre.

TINTA DE AMOR

El azar necesita ser cortejado, y quiso el destino que Rubén tuviera esa oportunidad en su vida, hace ya 35 años.

«Para mí, el 18 de enero de 1985 es una fecha especial. Te cuento que ese día, en Urgencias, recibimos a una paciente adolescente que decía haber tomado tinta rápida para quitarse el dolor de muelas, por lo que estaba presente además una bella estudiante de quinto año de Estomatología, que por curiosidad se acercó. No hubo más remedio que hacerle un lavado gástrico. Inmersos ella y yo en nuestros procederes específicos, nos conocimos, comenzamos a amarnos, y seguimos haciéndolo.

«Nos casamos exactamente seis meses después, en julio, así que la fiesta de graduación de mi Yamila se convirtió en nuestra boda, y sus compañeras de estudio, en los testigos».

Frutos de esa unión son Liurgen Manuel, técnico medio en Contabilidad; y Liana Beatriz, licenciada en Biología y especialista del Centro de Estudio Ambientales de Cienfuegos (CEAC). Por supuesto, no se puede dejar de mencionar al pequeño Luis Daniel Carballo Lima, el nieto de solo 10 años de edad y benjamín de la familia.

LAJAS, EL RINCÓN QUERIDO

En Santa Isabel de las Lajas estableció entonces su hogar la joven pareja, y allí, hasta hoy, ha laborado Carballo Herrera, sin que el estar lejos de la Perla del Sur haya demeritado su curriculum vitae.

«Comencé a trabajar como jefe de Cuerpo de Guardia del policlínico, sin abandonar la docencia. En 1988 me nombran subjefe de enfermeros en ese municipio; dirigía asimismo a las brigadistas sanitarias, quienes conformaban el frente FMC-MINSAP. A los tres años, pasé a laborar en un consultorio de nuevo tipo, del Médico y el Enfermero de la Familia, en el central azucarero Ciudad Caracas. En ese preciso momento cursaba por dirigido la licenciatura de Enfermería, de la cual me gradué en 1995».

Varios diplomados, entre ellos el de Seguridad, salud y medio ambiente; y la maestría en Salud del trabajo, todos finalizados con éxito en el Instituto Nacional de Salud de los Trabajadores (Insat), en Arroyo Naranjo, La Habana, conforman el sólido caudal de conocimientos acumulado por Rubén durante décadas de sacrificios paralelos a su desempeño habitual, y donde la docencia no ha sido la hija menor, pues siempre ha compartido sus saberes con otros, tanto en el CPHEM (Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología) como en la Universidad de Ciencias Médicas o Lajas, terruño amado en el cual siempre vivió, hasta que hace algo más de dos años, cambia de dirección y establece su morada en la Linda Ciudad del Mar, pero no su quehacer.

«A partir del reordenamiento en el sector, me quedo solo como enfermero de salud de los trabajadores en la industria y la agricultura, por lo cual me siento muy responsable y orgulloso. He salido a distintas misiones, pero inevitablemente regreso con mis obreros del azúcar».

MISIONES PARA DESTERRAR DEMONIOS

[ngg src=»galleries» ids=»6″ display=»basic_slideshow»]Estrenada en noviembre de 2019 en el teatro Karl Marx como parte del disco Carnal, pero gestada desde 2016, la lírica canción Valientes, del dúo Buena Fe, se ha convertido en un himno al coraje, el altruismo, la solidaridad y el humanismo, pero también a las angustias y miedos de los aguerridos mortales que desafían, sin negociaciones, los infiernos de este mundo. Rubén Carballo Herrera es uno de estos sobrevivientes, uno que jamás ha permutado su destino, el misionero que desanda kilómetros para anestesiar heridas y desatar las alas del alma.

En 37 años como profesional cubano de la Salud, en cinco oportunidades has estado en otros países prestando ayuda. Cada misión posee su singularidad. ¿Cuáles han sido y cómo las asumiste?

«La primera de ellas fue en Haití. Salí el 13 de febrero de 2001, antes del Día de los Enamorados, y volví en el mismo mes, pero dos años después. Era de alto riesgo, pues trabajé en la isla de la Gonâve, específicamente en la comuna de Pointe-à-Raquette, a donde solo se podía llegar en un barco de vela, que demoraba en el camino casi nueve horas.

«Sin embargo, todo lo que te he contado, tiene una historia anterior, porque en 2000, cuando asistía al Fórum de Ciencia y Técnica nacional con una de mis investigaciones ya premiadas en el provincial, entré a curiosear al salón donde se encontraban los colaboradores presentando sus trabajos. Imagínate, yo nunca había estado en una misión internacionalista y quería familiarizarme con lo que ellos hacían. De pronto, la doctora Yamila de Armas se para y dice: ‘Aquí hay profesionales que han investigado y no han ido a otros países’. Y hace la anécdota de que una madrugada de 1999, ella me había llamado para que viajara a Venezuela, al desastre de Vargas. Recuerdo que me presenté en La Habana. Los grupos iban saliendo, y al final nos quedamos 200 disponibles en Cuba.

«Entonces, después de oír aquello, el jefe de la Colaboración Médica en Haití, que participaba en el Fórum, me dice: ‘Bueno, si sabes nadar y posees esas otras características, te tengo una misión especial’. Vine para Cienfuegos, y en febrero abordé el avión hacia Haití. Éramos parte del Programa Integral de Salud, auspiciado por la Organización Panamericana de la Salud.

«Al arribar al sitio, no había nada montado, solo un cuartico vacío y todo lo demás metido en cajas. Gestionamos una nave para seminaristas que no se usaba, tomé un martillo y empecé el montaje de lo necesario. Llegaba un paciente, me lavaba las manos, lo inyectaba, y volvía a coger el martillo.

Visita a las comunas de la montaña en Haití. Sobre Pancho, el burrito, se cargaban además los equipos y medicamentos. / Foto: cortesía del entrevistado.

Visita a las comunas de la montaña en Haití. Sobre Pancho, el burrito, se cargaban además los equipos y medicamentos. / Foto: cortesía del entrevistado.

«Trabajé en la Atención Primaria. Allí, en la Gonâve, construimos el único centro asistencial con que cuenta hoy Pointe-à-Raquette: el dispensario San Luis. Era como una especie de hospitalito, con seis camas para hombres y otras seis para mujeres, porque antes de eso hacíamos los partos y canalizabamos venas en el suelo, sobre alfombras de paja hechas por los propios pacientes. Asimismo, nos íbamos a prestar servicio los jueves y viernes a un hospital en el otro extremo de la isla, donde yo hacía de instrumentista y circulante del salón quirúrgico, como apoyo a los especialistas de esa instalación. En la semana, también nos trasladábamos a la montaña en burros, rompiendo monte. A veces Pancho me llevaba a mí, y en ocasiones, yo halaba a Pancho, porque cargábamos los instrumentos y equipos en esos nobles animales. Así transcurrió mi estancia en Haití».

Rubén hace un alto para tomarnos un café preparado por Yamila, mira por la ventana, al parecer buscando sus vivencias en el horizonte, y continúa:

«Regreso a mi terruño, a Lajas, y ya había empezado el programa Revolución, creado por el Comandante en Jefe Fidel Castro para posibilitar entrenamientos en especialidades tales como Medicina Intensiva y de Emergencia, Endoscopia, electrocardiogramas…, por lo cual, a finales de 2004 me solicitan liderar la preparación de endoscopistas: médicos y enfermeros, con vistas a enviarlos hacia la Patria de Bolívar. Esa operación duró dos años.

«Como endoscopista, salgo precisamente para Venezuela el 5 de septiembre de 2006, a trabajar en un Centro de Diagnóstico Integral, CDI, ubicado en La Unión, El Hatillo, Estado Miranda. A lo largo de casi tres años y medio, pues viré el 31 de diciembre de 2009, igual me ocupé del frente de Higiene y Epidemiología, pues mi perfil ocupacional lo contempla. Fungí además como metodólogo docente en el municipio, formando parte de un experimentado claustro de profesores cubanos: intensivistas, tecnólogos, MGI… Preparamos estudiantes de MIC, o sea, Medicina Integral Comunitaria, a través del Programa Barrio Adentro, quienes en la actualidad son muy buenos médicos. De idéntica manera, y sin dejar nuestra faena asistencial, graduamos a un grupo de auxiliares sanitarias como enfermeras».

Durante el proceso de endoscopia para diagnóstico y toma de muestras en el CDI La Unión, en Venezuela. / Foto: cortesía del entrevistado

Durante el proceso de endoscopia para diagnóstico y toma de muestras en el CDI La Unión, en Venezuela. / Foto: cortesía del entrevistado

Ahora, Carballo Herrera respira profundo, bebe un poco de agua y su mente cruza el Atlántico hacia el este, al encuentro de África:

«Otra gran tarea que me tocó asumir resultó el enfrentamiento del Ébola en Guinea Conakry. En el transcurso de siete meses, entre 2014 y 2015, tuvimos que poner a punto un hospital de campaña, encarar una situación completamente nueva que de cierta manera no dominábamos, a pesar de la excelente preparatoria recibida en Cuba, pero fría y sin pacientes. Nunca habíamos levantado un centro asistencial de ese tipo, por lo cual estimo, nos crecimos y formamos. Poco a poco se fueron sumando los compañeros de ese país y de otras naciones vecinas.

«Era muy difícil, porque recibíamos las cajas con los insumos y equipos, para tratar de crear una unidad con todos sus espacios, como aquí. La tarea se extendió por varios días. Teníamos tres áreas importantes: sospechosos, probables y confirmados.

«Debido a lo complicado de la situación, nos quedamos otro mes más, no obstante haber cumplido con el convenio. Sin embargo, bajamos la bandera sin ningún caso de Ébola en Coyah, el pueblecito donde batallamos contra esa temible patología. Salvamos muchos pacientes y sentimos lo gratificante de la labor terminada.

«Como esa enfermedad, por suerte, estuvo focalizada en África, salvo algunos casos fuera del continente, al retornar a la Patria y no haber casos acá, fuimos directo con nuestras familias. Maravilloso el recibimiento en Lajas».

Rubén y todos sus colegas del Ébola, tuvieron el alto honor de ser condecorados con la orden Carlos J. Finlay, concedida por el Consejo de Estado a personalidades nacionales y extranjeras, así como a colectivos científicos por sus méritos y aportes al desarrollo socio económico de Cuba. Además, recibieron la medalla 60 Aniversario de las FAR.

[ngg src=»galleries» ids=»7″ display=»basic_slideshow»]Después de unos días de vacaciones, como siempre, vuelves a tu plaza en el «Ciudad Caracas», continúas cuidando de tus obreros. Pero ya te encontrabas listo para partir hacia Angola. ¿Por qué desviaste el rumbo?

«Mira, se presentó la necesidad de servir en centros oftalmológicos, en Ecuador, que son tres. Viajé en agosto de 2017 y me situaron en el ‘José Martí’, de Ballenitas, bonita localidad turística de la ciudad de Santa Elena. Allí obtuvimos incontables premios por la faena realizada, que consistía en operar a pacientes afectados de catarata y pterigion. A diario, atendíamos alrededor de 30 personas. Comenzó todo como Operación Milagro y posteriormente se convirtió en un programa de atención, adscripto al Ministerio de Salud Pública.

«Los fines de semana hacíamos pesquisas en las comunidades, buscando aquejados de problemas oftalmológicos, y captábamos entre 100 y 300 pacientes. Definíamos un listado para posibles cirugías y dábamos turnos. Se trabajaba durísimo.

«Por otra parte, esta resultó una misión sui géneris, debido a la situación política imperante en Ecuador desde la llegada al poder de Lenín Moreno, pues constantemente buscaban la manera de enmascarar o empañar la labor médica de los cubanos, a pesar de que ciertas personalidades abogaban por que nos quedáramos. Hasta que llegó el instante cuando el presidente fue cerrando puerta por puerta, primero unas especialidades, luego otras, y al final clausuraron el Centro Oftalmológico. Nos dijeron que no podíamos seguir operando. Fue demasiado triste dejar abandonados a los pacientes recién intervenidos. Más de 600 se quedaron esperando por la primera cirugía, y otros 300 perdieron la oportunidad de ser operados del segundo ojo. Eso sin tener en cuenta las consultas de seguimiento previstas para después de quince o 30 días.

«Posterior a nuestra retirada, aquello se destruyó. El impacto fue severo, porque el servicio oftalmológico en Ecuador es débil, al no haber los cirujanos suficientes para atender a esa enorme cantidad de enfermos. ¡Son tantas las anécdotas! Como la de los ecuatorianos ciegos por años, abandonados en las calles, incluso por las familias, quienes se vuelven alcohólicos y toman otros caminos. Sin embargo, la otra cara de la moneda son los pacientes que todavía nos escriben, agradecidos por haberlos devuelto a la vida. Te cuento de un hombre que operamos, de Quito, destruido totalmente, y que gracias a la Medicina cubana recuperó su trabajo, los hijos y la familia.

«‘Nos botaron’ prácticamente de ese país en noviembre de 2019, con una despedida muy protocolar en el aeropuerto, pero en Cuba fuimos recibidos con honores, por habernos esforzado en la salvaguarda de la salud de ese pueblo hermano y por enfrentar con decisión los problemas políticos e ideológicos que nos acosaban».

Esos testimonios son de los tantos que resguarda con celo mi entrevistado, que no por ser un hombre acostumbrado a las fuertes impresiones, propias de su profesión, echa a un lado el amor incondicional al prójimo que lo requiera, sino todo lo contrario.

Aumentan los casos de SARS-CoV-2 en China y la Covid-19 empieza a expandirse rápido por el mundo. Eres convocado de nuevo a luchar contra un enemigo mortal y desconocido. ¿Estabas preparado?

«Nos preguntaron a los miembros de la Brigada Médica Henry Reeve si estábamos de acuerdo en pasar un curso en La Habana, de cuatro días, para prepararnos con vistas a esa situación, pues se suponía que si enfrentamos con éxito la epidemia del Ébola, podíamos hacer lo mismo con la Covid-19, aunque entonces no se supiera lo suficiente en el país acerca de esa contagiosa enfermedad.

«Todo lo que aprendimos en África sobre el Ébola y la bioseguridad, el uso de los equipos de protección personal, cómo entrar a un área y usar el hipoclorito, el lavado de las manos y otras medidas, permitió ganáramos en la percepción de riesgo. Además de recibir a un paciente y pensar siempre que tenía esa enfermedad. Eso funcionó como una escuela y nos permitió transmitir los conocimientos a otros colegas, incluso en la provincia.

«En la Unidad Central de Colaboración Médica fuimos familiarizándonos con los pormenores de la enfermedad, gracias a la sabiduría de los profesores del IPK. Salimos el 21 de marzo para Italia; arribamos a Crema, en Lombardía, un día después. Éramos el primer grupo que enfrentaría al nuevo coronavirus en el exterior.

«Solo estaba armado el hospital de campaña, con todo el avituallamiento en cajas. No tenían nada montado y comenzamos por armar y tender las 32 camas. Nuestra unidad constituía un anexo más del centro asistencial principal, que estaba completamente colapsado, con camillas por todos lados y pacientes en los pasillos. Para no cansarte, a la 2:00 de la tarde del día 24 recibimos el primer paciente. Fue muy rápido. Lo preparamos todo como en el Ébola.

«Los enfermos que tratamos eran personas mayores. Tuvimos muchas altas, sin lamentar fallecimientos. Cuando alguno se agravaba, lo enviábamos inmediatamente con el intensivista y el neumólogo del hospital central. Si regresaban de vuelta, les dábamos fisioterapia motora y respiratoria. Resultó muy interesante que hablamos con las colegas italianas y logramos que accedieran a introducir música en el proceso, para que se entretuvieran mientras tanto los pacientes, quienes increíblemente solicitaron canciones cubanas. Aquello se hizo viral.

«Al darles el alta se iban con el corazón en la mano. Fue, por ejemplo, los casos de Belina, Francesco y de las cuatro Marías ingresadas juntas, pues se sentían alegres y cantaban mientras nosotros realizábamos los procederes. Se olvidaban algo de las tristezas, de la pérdida de sus familiares.

«Un día empezaron a disminuir los pacientes, la pandemia comenzó a ceder y llegó el momento en que el centro hospitalario principal tuvo camas vacías, por lo que se hizo económicamente irrentable, por parte del ejército, mantener la unidad de campaña donde trabajábamos. Por lo tanto, se decidió el regreso a Cuba.

«Por supuesto, el pueblo deseaba que no nos fuéramos, pues podía darse un rebrote debido a la influencia de otras zonas lombardas cercanas a Crema. La despedida resultó de gran emotividad, con los alcaldes de la región en la Plaza del Duomo, y la presencia además del pueblo, otros altos dirigentes y varios integrantes de la Sociedad de Amistad Italia – Cuba, de la cual recibimos un apoyo diario y constante.

¿Cuál es tu opinión acerca de la calumniosa campaña política y mediática impulsada por sectores anticubanos en EE.UU. y sus acólitos en otras partes del mundo, para desacreditar la labor de médicos y enfermeros cubanos en otros países?

Para empezar, no somos esclavos ni espías, y mucho menos formamos parte de la trata de personas, ¡que a ellos les quede claro! Los enemigos de la Revolución siempre han querido desacreditar con mentiras la Medicina cubana y en especial al ejército de batas blancas que recorre el mundo salvando vidas. Eso no lo podrán lograr jamás, porque hemos sido formados, desde que entramos al pregrado en las universidades de las Ciencias Médicas, con principios sólidos de solidaridad, hermandad, altruismo, desinterés y humanidad, los cuales están presentes en el quehacer de cada profesional, dentro y fuera de nuestro país, y se reflejan en el agradecimiento y estimación de muchos pueblos a los que prestamos ayuda, en los miles y miles de pacientes que a diario les salvamos la vida en cualquier rincón del planeta, ya sea en circunstancias normales o en grandes epidemias y desastres naturales, lo que demuestra que nuestra mayor ganancia es la admiración y el respeto del pueblo que nos aplaude cada día y de los pacientes atendidos y recuperados».

Yamila, la esposa, nos ofrece un exquisito jugo de mango y los tres, en la salita de su apartamento, seguimos conversando de otros temas mundanos, no menos esenciales. Agradecido, le extiendo la mano a Rubén, el valiente enfermero, maestro de tantos, investigador, corresponsal, el sanador de firme convicción, que con un patriotismo sin límites tatuado en lo más profundo de su ser, siempre está dispuesto a darle un beso al mundo y nada más.


Premios y distinciones

– Premio Anual Ministerial por la excelencia (2000)

– Vanguardia Nacional de la ANIR y del Sindicato de la Salud

– Condición Sureño ingenioso

– Premio del buen Ciudadano. Caracas, Venezuela (2009)

– Medalla Manuel Fajardo, por más de 25 años ininterrumpidos en el Minsap

– Medalla XXX aniversario de la Docencia (2013)

– Orden Carlos J. Finlay (2015)

– Premio al mérito de Enfermería Victoria Brú Sánchez. (2016).

– Medalla 60 Aniversario de las FAR. (2017).

– Premio Enrique Barnet in memoria en Salud Publica. (2020).

– Escudo de Cienfuegos. 2020.


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Ildefonso Igorra López

Redactor Jefe en el Periódico 5 de Septiembre. Máster en Ciencias (1983) por el Instituto Metalúrgico de Zhdanov (hoy Mariúpol, en Ucrania) en ingeniería térmica industrial, profesor de idioma ruso, máster en Ciencias de la Comunicación (Universidad de La Habana) en la especialidad de Periodismo (1994), webmaster y fotógrafo.

Un Comentario en “Rubén Carballo Herrera: Valiente sanador con buena fe (+Fotos y video)

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    el 17 julio, 2020 a las 11:47 am
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    Excelente entrevista!!! Ya Rubén es parte de la Redacción del CINCO, nuestro enviado especial, admirado, sencillo, sanador, gracias por probar que el mejoramiento humano vale la pena!!!

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