Ricardo Labrada Comas, joven talento de la orquesta Los Van Van

Casi siempre, al hablar de las grandes orquestas cubanas, se menciona a los creadores, fundadores, cantantes o personas consagradas. Sin embargo, el éxito de estas instituciones también se debe a un fuerte trabajo en equipo, donde cada uno de sus integrantes ocupa una función perfecta. Para las nuevas generaciones es todo un reto, porque deben adaptar la modernidad respetando las tradiciones. Es por eso que propongo un acercamiento a la vida y obra del joven y talentoso violinista Ricardo Labrada, quien junto al también joven y virtuoso Irving Frontela, conforma el dúo de violines de la orquesta Los Van Van. Los músicos de esta agrupación llevan sobre sus hombros la responsabilidad de perpetuar un legado de altos quilates.

Hoy quisiera responder al lector varias preguntas sobre Ricardo como: ¿quién es este joven músico?, ¿cuál ha sido su trayectoria y el camino recorrido para llegar a esta agrupación? y ¿qué ha significado para él pertenecer a la misma?

Ricardo comienza a estudiar el violín en su natal Bayamo. Poco tiempo después continúa en Camagüey donde, a muy temprana edad, se relaciona con el movimiento de música de cámara, que será una constante en su vida. Se gradúa de nivel medio en Holguín y se presenta entonces a las pruebas del Instituto Superior de Artes (ISA), en La Habana, culminando su formación con Diploma de Oro en 2005.

 

Ha sido integrante de diversos formatos de música de concierto y popular, entre los que destacan la Camerata Música Eterna, del Maestro Guido López-Gavilán; Orquesta de Cámara Entre Amigos; Pedrito Calvo y La Nueva Justicia, Charanga Siglo XX; Orquesta Sinfónica Nacional; Compañía de Irene Rodríguez; Los Van Van, dónde labora actualmente, entre otros. Ha participado en diversas grabaciones y colaborado con músicos nacionales e internacionales.

Su pasión por la pedagogía musical lo llevó hacia Angola, donde se unió al proyecto Obra Bella, integrado por una decena de maestros cubanos, que tenía como objetivo dar apoyo a una comunidad en Luanda. Estando allí, se presentó a un curso de superación en Austria, el cual le permitió ampliar sus conocimientos como intérprete y profesor de violín y viola. Con este segundo instrumento, integró un cuarteto de cuerdas perteneciente al Show do Mês.

Estando en Angola le llegó la propuesta de integrar los Van Van. Ya había grabado junto a ellos en 2003, como invitado, en el disco Chapeando de la popular agrupación. El haber colaborado junto a su otro violinista, Irving Frontela en varios formatos desde la época de estudiantes de ambos, permite el perfecto empaste y sincronía que se logra entre los dos músicos. A su regreso y luego de un corto período de entrenamiento, realiza su primer concierto oficial con el Tren de Cuba, el 13 de noviembre de 2017.

Al preguntarle ¿qué ha significado para su carrera pertenecer a este colectivo de excelencia?, Ricardo responde:

“Aparte de ser uno de los sueños que siempre tuve, me llevaba muy bien con Pedrito Fajardo y con Irving, con quienes desde hace años venía realizando diversas colaboraciones, tanto en la música popular como de cámara. Ya como trabajador de la orquesta, es una responsabilidad inmensa. En los Van Van todo está bien pensado, y además, llena de extraordinarios músicos. Juan Formell innovó, pero lo hizo pensando en el bailador. Lo veo como una gran fábrica con muchos engranajes. Musicalmente, es como una sinfonía, que cuando unes los instrumentos, te das cuenta de la obra maravillosa que es. La orquesta es un imán donde todo está engranado, unido, y funciona bien. Esa es la magia. Lo que nunca puede faltar es la pasión, la entrega y la calidad. Es el respeto, primero como artistas para hacer las cosas como tienen que ser, y la pasión de entregarse, para que los demás puedan disfrutar, mientras nosotros mismos disfrutamos lo que hacemos”.

Agradezco a Ricardo por sus palabras. Él forma parte de una generación de músicos que une la técnica más depurada de la enseñanza artística cubana, a nuestras tradiciones, al fusionar ambas en perfecta armonía. Así demuestra que virtuosismo y arte popular pueden deleitar al más exigente bailador con calidad y entrega. En ellos recae ahora perpetuar el legado de los grandes maestros de la música cubana, para que su obra siga acompañando al pueblo.

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