Ricardito, corazón de líder | 5 de Septiembre.
mar. Nov 12th, 2019

Ricardito, corazón de líder

Desde 1990 Ricardito forma parte del sub programa provincial de Olimpiadas Especiales como atleta de tenis de mesa. /Foto: de la autora

Tiene nombre de conquistador, pero un alma más ingenua, no menos ambiciosa. Conocido por todos dentro del medio periodístico y deportivo, en ocasiones ignoramos cuánto consiguió su perseverancia en estos años, en los más de 30 de trabajo y en los 51 de vida. Y es que Ricardito, o en su versión formal y menos popular de Ricardo Gómez Espinosa, tiene una historia para contarnos, y cual su antecesor el monarca, habla de fuerza, sacrificios y méritos.

Quiso el destino marcarlo con una discapacidad intelectual que no alcanzó a limitar su emprendimiento. Le gustaba la prensa, todavía le fascina, y encontró acomodo a sus aptitudes como corresponsal pioneril, primero —lo seleccionó el mismísimo Humberto Albanés—, y voluntario deportivo, después.

“Muchos me decían que por mis problemas yo nunca podría ser periodista. Pero ese bichito fue creciendo y cuando empecé como corresponsal voluntario deportivo (en los 80), otras personas me ayudaron, como Osvaldo Vega, Digno Rodríguez, Héctor Castillo y Carlos Ernesto Chaviano. Con ellos divulgaba la pelota, el remo, el fútbol… Hoy ya conozco hasta al presidente de la UPEC nacional y me consideran un personaje”.

Después se decidió por la acción, o por más acción de la hasta entonces vivida, y entró como atleta al sub programa provincial de Olimpiadas Especiales. “Empiezo en 1990, en atletismo, y soy fundador de los juegos. Cambié para el tenis de mesa y de ahí vengo participando en los eventos del territorio y en casi todos los nacionales”.

Por supuesto, nunca renunció a sus habilidades y contactos, y del escenario de competencias volvió a sus orígenes —la divulgación, los medios— y fue seleccionado como mensajero global: igual un comunicador, esta vez adecuado a la filosofía de la enseñanza especial.

“Le doy seguimiento a los eventos, fotografiando, haciendo trabajo de multimedia, y llevo los datos a los programas de deporte de la radio, el telecentro, el periódico… Hace poco, Primitivo (González) me sacó por la televisión”.

Su destaque en esta dualidad de funciones (al decir de su entrenador, es bastante bueno en el tenis) lo convirtieron en el Atleta Líder de Cienfuegos y, hace unos dos años, también de Cuba.

“Me siento muy contento. Yo converso con los otros atletas y les transmito mis experiencias, les hablo de cómo expresarse, cómo presentarse. También me he relacionado con familias, cuyos muchachos tienen condiciones y no se pueden desenvolver por la sobreprotección de los padres. En mi caso, he tenido el privilegio de que mi familia (vive con su hermano, cuñada y sobrino) me deja ir por mi propia cuenta, siempre enseñándome la importancia de superarme, de la buena presencia, conducta, de seguir trabajando”.

Y valió la pena: en 2016 representó a la Mayor de las Antillas en el I Taller Internacional de Atletas Líderes, celebrado en México. “Tuve el privilegio de conocer a muchos presidentes de programas de otros países. Ellos se quedaron muy asombrados conmigo, no pensaban que yo tendría tanto nivel de preparación. Me dieron el honor de presentar a las personalidades invitadas”.

Ahora el mérito es mayor, pues regresa a la segunda edición del cónclave, del 21 al 28 de abril en Panamá, postulado en las elecciones para Atleta Líder de América Latina. “Entre todos van a seleccionar a uno, depende de cómo se presenten los demás candidatos; pero seguro me gustaría ser escogido. Además, voy a impartir una clase multimedia sobre deporte unificado en Cuba y la divulgación en redes sociales, las páginas web y los periódicos”.

Ya se enfoca en la ponencia, las palabras, las imágenes, su computadora. A la diestra le acompaña siempre su mentor, Jesús “Chuchín” Araújo Álvarez, el jefe del sub programa en Cienfuegos, “porque mis logros también se los debo, él me corrige cuando tengo dificultades”, comenta. Ya incluso viste el mono deportivo con las cuatro letras, para irse aclimatando.

Ricardito repite el eslogan de su quehacer, quizá sin comprender cuánto lo define en el día a día: “yo quiero ganar; pero si no gano, quiero ser valiente en el intento”. El nombre de conquistador le queda, al resto también se acomoda contra toda adversidad.

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