Revolución de Octubre: proceso irreversible de emancipación social

0
197
Esta efeméride permanece en el calendario de los más importantes acontecimientos mundiales, como fecha memorable y aleccionadora./ Foto: Internet

La efeméride que hoy conmemoramos es universal. No pertenece solo al pueblo de la entonces llamada URSS. Es patrimonio de la humanidad. Porque ese día 7 de noviembre de 1917, correspondiente entonces en la Rusia de los zares al 25 de octubre del propio año según el viejo calendario vigente en aquella sociedad, los explotados del mundo aprendieron que era posible vencer a los explotadores.

Por eso actualmente, a pesar del derrumbe de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y del campo socialista asociado, esta efeméride puede permanecer en el calendario de los más importantes acontecimientos mundiales como fecha memorable y aleccionadora. Intentemos un resumen histórico en pocas palabras.

Bajo la conducción de Lenin el pueblo ruso se hizo con el poder el 7 de noviembre de 1917 (25 de octubre según el viejo calendario vigente en la Rusia zarista) para instaurar la primera revolución de obreros y campesinos en la historia de la humanidad.

Aquel día de 1917 el pueblo ruso se levantó en armas y bajo la guía de Lenin tomó el poder. Como narra en su libro cumbre el periodista estadounidense John Reed –al decir de muchos quien mejor realiza la crónica testimonial de los acontecimientos de la Revolución Rusa de octubre–, fueron diez días que estremecieron al mundo, y de aquella atrasada nación, último bastión económico de los pueblos capitalistas, el más atrasado de Europa, se elevó a uno de los primeros del mundo en ciencia y técnica, en producción y en riqueza. Fue la primera revolución social, de masas, de las clases trabajadoras.

Los años de edificación pacífica del socialismo en la URSS se vieron afectados por la agresión capitalista mundial extranjera coaligada contra ella. A la naciente Revolución la atacaron diez de las más poderosas naciones de entonces para evitar que avanzaran, pero no pudieron rendir al pueblo ruso que había probado la libertad y el socialismo.

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial volvieron los rusos a encarar tiempos muy duros. Cuando el país apenas se resarcía de aquella primera embestida, la Alemania fascista los atacó con saña y sin declaración previa. En su avance, las hordas hitlerianas arrasaron pueblos, implantaron cercos feroces y estuvieron casi a las puertas de Moscú, pero tampoco pudieron doblegar al bravo pueblo soviético, cuyo Ejército Rojo, al cabo de más de tres años de resistencia, aunque desangrándose, los empujó fuera de sus fronteras y los persiguió implacablemente hasta la misma guarida en Berlin, emplazando la bandera de la hoz y el martillo en lo alto del Parlamento nazi, en mayo de 1945.

Es mérito de la URSS y de su pueblo haber puesto la cuota más alta de sacrificio (y de dolor además) para la derrota total del fascismo.

Se afirma que la historia la escriben los vencedores. Pero con el nuevo sistema social el viejo axioma iba acompañado además de otro postulado: el de la verdad. Por mucho que han querido tergiversar los hechos, es mérito de la URSS y de su gente haber puesto la cuota más alta (y dolorosa además) para la derrota total del fascismo.

En su empuje hacia Alemania, el Ejército soviético fue liberando a su paso a los pueblos europeos ocupados por las hordas nazis. Así no solo redimieron a la patria soviética, salvaron a la humanidad de esa llamada peste parda. Sólo el pueblo soviético fue capaz de parar en seco al agresor del mundo, aunque Estados Unidos, que con Inglaterra y la URSS formaban el grupo de los Aliados, resultó el más beneficiado en tanto fue el único que no sintió la guerra dentro de sus fronteras y acumuló el capital que ostenta hoy, acumuló el oro del mundo, nacido del dolor de los países que recibieron en sus confines el peso de la conflagración. En el colmo de la alevosía, proclamaron el fin de la guerra mundial lanzando las dos primeras bombas atómicas, con las que, más que derrotar a un Japón ya vencido, provocaron un holocausto sobre dos ciudades civiles para anunciar a la humanidad que eran los poseedores de esa fuerza, y se la prendieron como medalla al pecho como insignia de su poderío económico y militar.

No obstante, tampoco pudieron evitar que la URSS y sus aliados se recuperaran rápidamente y se convirtieran en la fuerza de contención que evitó el desate de la supremacía estadounidense para dominar al mundo.

La historia posterior y más cercana se conoce. Sabido es que la ambición, la corrupción, el olvido de su hermosa historia, la traición de los hombres y no el agotamiento de la ciencia marxista-leninista, como han querido presentar los ideólogos del capital, causó lo que Fidel llamó “el desmerengamiento” del campo socialista.

Pero pasó el tiempo y las aguas tomaron su nivel. Y actualmente el gran pueblo chino, la Rusia encabezada por el presidente Putin y sus aliados y amigos dignos de la humanidad, incluidos los latinoamericanos y caribeños, entre ellos Cuba, resultamos contención frente al hegemonismo pretendido de las élites estadounidenses y otras que conforman la unión mundial de los burgueses que, contemporáneamente, sueñan con ser dueños de los destinos de la humanidad.

Así, expresado en pocas palabras, constituye esa la esencia de esta historia de octubre, o noviembre.

La memoria histórica no debe perderse. Ni el agradecimiento. La Revolución de 0ctubre inició en 1917 el proceso irreversible de la emancipación del ser humano. Desde entonces los desposeídos aprendieron a vencer. El significado histórico de este suceso no se puede olvidar jamás.

Como expresara Fidel Castro, “Si existe Revolución Cubana es porque antes existió Revolución de 0ctubre en 1917”. También dijo: “Sin la ayuda, sin la existencia de la Unión Soviética, los Estados Unidos nos hubieran estrangulado por hambre e inmovilizado sin combustible en los primeros años del triunfo de la Revolución”.

Los cubanos no podemos olvidar lo esencial; las verdades no se pueden tergiversar. Por eso es legítimo conmemorar con amor esta fecha y aprender de los errores. Y continuar siempre adelante. Entretanto, nosotros hemos de seguir haciendo nuestro socialismo cubano, susceptible de mejoramiento por nosotros mismos. Entre todos podemos. Tal es el mensaje de esta fecha.

Dejar respuesta