¡Qué República era aquella!

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Bajo el amparo de Estados Unidos, gobiernos corruptos reprimían a los movimientos populares y la violencia política era el principal recurso de las capas dominantes./Foto: Radio Habana Cuba

Comenzó en este día del año 1909 el segundo período presidencial de “aquella República” mediatizada que se inició en 1902. Advenía un nuevo presidente, el General José Miguel Gómez, al que Charles Magoon, el Gobernador Militar norteamericano, le hizo entrega del mando de la isla, después de la segunda irrupción del Ejército de Estados Unidos en el país, en la llamada segunda ocupación militar, cuando el primer presidente Estrada Palma no pudo mantener a raya a sus oponentes políticos liberales. Porque así comenzó de irregular y mutilada por la intervención norteamericana, nuestra “república”, con dos intervenciones militares en menos de diez años. Y aún faltaba una tercera.

José Miguel Gómez era un caudillo liberal que no tenía toda la confianza de Washington que lo consideraba, según escribió en un memorándum Elihu Root, secretario de Estado norteamericano, “un elemento excitable, ligero y violento, por su espíritu díscolo, capaz de iniciar una revuelta”, pero pudo ascender a la presidencia de la isla por tres factores: dinero, fusión entre poderosos influyentes ante Estados Unidos, y pactos entre partidos y personas.

Además, el hábil “guajiro del Jíbaro”, como le decían en Cuba, contó con el apoyo financiero del poderoso Willian Van Horne, el famoso “rey de los ferrocarriles”, y con otros políticos y empresarios estadounidenses, y así se agenció ser el segundo presidente cubano. También como se aprecia: “Made in USA” (“Hecho en Estados Unidos”). Y así comenzó el segundo período “democrático” cubano.

Este precario segundo presidente cubano también era apodado “tiburón” por sus conocidos, y como solía compartir ganancias con sus socios, decían de él: “Tiburón se baña… pero salpica”. Podemos comprender qué podían esperar los cubanos de aquella época de tal “personaje”.

José Miguel Gómez había sido General del Ejército Libertador, de aquellos llegados a última hora, sin combates ni actos heroicos. Era hombre simpático, con ese gracejo criollo que hacía amigos, y para ganar electores y llegar a cacique político creó la engañosa consigna de “Patria, Justicia y Libertad” como programa de gobierno, y hablaba de soberanía nacional y desarrollo económico burgués.

El ambiente que dejó en la Isla la segunda intervención norteamericana, con Maggon al frente, era de colosal despilfarro de los dineros de las arcas cubanas, en componendas corruptoras, enormes gastos personales, banquetes, proliferación del juego, supuestos pagos a España por indemnizaciones, y gastos descabellados para justificar los robos al erario público, como aquella campaña de desecación de la Ciénaga de Zapata, que era un gran negocio para el presidente y su camarilla.

Otra gran estafa al pueblo cubano fue el canje de los terrenos que ocupaba en La Habana, la Compañía de Ferrocarriles, en la antigua estación de Villanueva, en el área del Capitolio actual y el Parque de la Fraternidad, por los terrenos del Arsenal, que hoy ocupa la Estación Central del Ferrocarril. Éstos últimos no valían ni la mitad de los primeros, pero el “negocio” se presentó como un canje, o permuta, sin mediación de dinero, y los políticos ligados al “Tiburón” se embolsaron millones de pesos.

Otro negocio turbio fue el del dragado del puerto de La Habana, una concesión otorgada a una compañía norteamericana que apadrinó el Embajador norteamericano, otorgada para ejecutar en 30 años, tiempo durante el cual se cobraría impuestos a todos los buques que entraran a ese puerto.

Bastan estos ejemplos para comprender la magnitud de la corrupción administrativa del segundo presidente cubano y sus amigos norteamericanos. Por si fuera poco, este gobierno legalizó el juego de gallos mediante una Ley de la República, a pesar de las advertencias del senador Manuel Sanguily, que declaró que “el juego envenena al pueblo hasta la médula y convierte al Estado en agente de la inmoralidad y la corrupción”. Y efectivamente desde entonces los dos partidos contendientes, el Liberal y el Conservador, cavaron su propia tumba al perder el apoyo popular y ganar la repulsa de las masas.

Era un doble dogal para el pueblo cubano: el del insaciable apetito del imperio norteamericano y la explotación de los políticos locales.

Sólo algunos antiguos combatientes del Ejército Libertador, hombres sencillos, heroicos y honorables, se percataron de lo que sucedía y lucharon por contrarrestar esos vicios y crearon la Asociación de Veteranos y Patriotas, que llegó a convertirse en una fuerza honesta y luchadora y un peligro para el status neo-colonial, por lo cual el Imperio amenazó con el envío de buques de guerra a Cuba si no cesaba la actividad política veteranista, que después de un momento fecundo se corrompió y se convirtió en una fuerza politiquera más.

Durante el mando de José Miguel Gómez ocurrió la sublevación de los Independientes de Color, en 1912, en que muchos cubanos negros y mestizos se lanzaron a luchar contra la discriminación racial, y sus principales líderes fueron asesinados.

A ese segundo gobierno cubano lo siguió el de Mario García Menocal, producto de fraudes y elecciones amañadas, y en febrero de 1917 ocurrió la llamada “revolución de La Chambelona”, cuando se desarrollaba la Primera Guerra Mundial (1914-1918) provocada por el imperio alemán de una parte y los imperios inglés, francés y norteamericano, por otra, luchando por repartirse el mundo. En ese contexto, García Menocal fue reelegido por medio de fraudes electorales. En este período convulso se revela la organización de las grandes batallas de las masas obreras, que reciben los ecos de la Revolución de 0ctubre de 1917 en Rusia, que promueven un alza en el movimiento de lucha popular contra las miserables condiciones de vida del pueblo.   Los liberales se alzaron contra el gobierno de García Menocal, por lo cual Estados Unidos, esgrimiendo el pretexto de la guerra, realizaron su tercera intervención militar en Cuba y los marines permanecieron hasta 1920.   Luego, en 1921, llegaría al poder Alfredo Zayas, político hábil y sin escrúpulos que acentuó la corrupción aunque mantuvo apariencia demagógica, y en su tiempo ocurrió el crack bancario, y los norteamericanos se apoderaron de nuestra Banca nacional, y se aceleró la crisis de soberanía y nacionalidad. Como si fuera poco, el imperio impuso al bárbaro tirano General Gerardo Machado y Morales y cuando fue derrocado por las masas, en 1933, impidió que las masas heroicas tomaran el poder político, y colocó al mando del Ejército al futuro dictador Fulgencio Batista. Otros presidentes siguieron con penas y sin glorias hasta el golpe militar de Batista de 1952 que coronó el total de 16 “presidentes” en 57 años de “república” neocolonial.

Por eso Fidel Castro se preguntó: “¿Qué República era aquella?”… Y para suprimir tanta ignominia hizo la Revolución que hoy defendemos los cubanos que no queremos que vuelva aquella imagen oprobiosa de país ajeno.

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