Reconcentración de Weyler, holocausto cubano

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1956
La genocida política de concentración de las poblaciones campesinas en las ciudades ordenada por el general Valeriano Weyler y Nicolau (izquierda) provocó un estimado de muertos por hambre y epidemias de entre 300 mil y 750 mil en una Cuba cuya población no pasaba entonces de un millón 600 mil habitantes.

Cuando España comprendió que su Ejército no podía superar a los combatientes mambises del Ejército Libertador cubano, buscó otros mecanismos aunque significaran un verdadero genocidio. Fue así cómo, en interés de cortar todas las vías de aprovisionamiento de las huestes libertadoras, aplicaron la política terrorista de la reconcentración de las familias campesinas en los pueblos y ciudades, donde morían por miles de hambre e insalubridad.

Era una política bárbara, pero la barbarie es siempre práctica imperial. No era una idea política válida, era simplemente una práctica extremista, una misión exterminadora, para matar lenta pero inexorablemente a las masas campesinas que ayudaban a los contingentes guerrilleros y patriotas cubanos.

Comenzó a partir de la segunda decena de octubre de 1896 y la aplicó ese carnicero despiadado que era el general español Valeriano Weyler y Nicolau, a quien calificaron de “técnico de la crueldad”. La idea de la reconcentración no fue suya: a él solo le tocó la tarea de aplicarla. En honor a la verdad histórica la iniciativa se debe a otro oficial de igual rango quien había tenido que retirarse cabizbajo, Arsenio Martínez Campos, derrotado por Antonio Maceo en el campo militar y en el político, con su Protesta de Baraguá, contra el Pacto del Zanjón.

Los jóvenes no saben bien qué fue la reconcentración. Demos un ejemplo doloroso que puede ilustrarnos sobre lo que fue aquel genocidio:

Juana Clara era una niña de ocho años de edad cuando los soldados vestidos con uniformes de rayas (por eso les decían “los rayadillos”) la sacaron a empujones de su bohío campesino, cerca del río Caunao, con su padre, su madre y su hermanita de tres años, y le pegaron fuego a la casa. Fueron a parar al Parque de la Aduana de Cienfuegos, donde se reproducían los gritos, llantos y maldiciones que cada uno sufrió en su lugar de origen. Aquel espanto de todos resultan escenas imposibles de olvidar.

Tirada allí, en aquel parque cienfueguero, hacinados en los portales por las noches lluviosas, Juana Clara se preguntaba por qué una niña flaquita como ella no podía seguir viviendo en su finquita a orillas del rumoroso Caunao. Se lo preguntaba a su madre, pero ella solo se echaba a llorar. La niña tenía miedo de enfermar de viruela, porque un día tras otro por allí pasaba, camino al cementerio de Reina, el carretón atestado de los cadáveres de personas que habían muerto infectadas. Ella cerraba fuerte los ojos para no aquel carromato con su carga de cuerpos inertes.

Un amanecer triste Juana Clara conoció a Miguelito. Esa noche no pudo dormir allí en el portal de la Aduana, sobre un pedazo de cartón que su mamá le ponía para que no cogiera la frialdad del piso, porque un niño estuvo tosiendo toda la madrugada. Al levantarse ella fue a ver de quién se trataba. Y lo vio: era más o menos su edad, estaba sucio como todos, y el cartón con que se tapaba rezumaba humedad por el rocío. Era dueño de una sonrisa ausente y una mirada temerosa, pero tenía una carita de ángel que le atrajo. Conversaron y cuando salió el sol fueron juntos a caminar y visitar familias generosas que les daban un pedacito de pan o un buchito de algo caliente parecido a la leche, porque la gente no tenía nada tampoco para compartir entre tantos hambrientos. Pero los dos niños rieron por primera vez por el “banquete” inesperado. Estuvieron haciendo ese recorrido para mendigar durante unos pocos días. Una noche llovió mucho y Miguelito estuvo tosiendo toda la noche. Al amanecer no pudo salir a caminar con ella, solo la miró con unos ojos tristes y quiso sonreír y decirle algo, pero sólo tosió. Dos días después el carretón de los muertos vino y se lo llevó, y Juana Clara lloró todo el día, rodeada de esqueletos vivientes que también lloraban.

La Reconcentración terminó en 1898, pero mientras Juana Clara vivió, las escenas dantescas siguieron con ella. Nunca las pudo apartar de su mente.

Como pretexto para justificar aquel genocidio, que costó 200 mil víctimas anuales a la Isla, y en la municipalidad de Cienfuegos 4 mil 300 muertes sólo en un año, Weyler afirmaba que los ingleses habían hecho algo semejante en el Transvaal, y otro tanto los norteamericanos en Filipinas.

La vida no le alcanzó a Weyler para computar los horrores de Hitler contra los judíos, ni los de los norteamericanos en sus “aldeas estratégicas” de Vietnam, o contra Irak, Afganistán, Siria y otros pueblos después del 11 de septiembre, o contra Cuba con su criminal bloqueo.

Todas no son más que formas de crueldad, de odio y rencor, pero Cuba siempre las ha derrotado.

5 Comentarios

  1. En verdad, Val, que los criterios que esgrime están totalmente en la exigua minoria de los españoles que, anquilosados en un ridiculo chovinismo que no oculta su pretensión de honrar, validando y justificando los excesos genocidas de un genízaro como Valeriano Weyler, aún existen en la peninsula ibérica, pues es incuestionable asegurar que sus raices no pueden ser cubanas, pues estamos educados en el culto martiano de la Guerra Necesaria del 95 y para nosotros, Val, el amor a la patria, nunca será el amor ridiculo por la tierra que pisan nuestras plantas, sino el odio infinito a quien la oprime, el rencor eterno a quien la ataca y quizás sin pretenderlo, se ha ubicado Ud., con su insultante comentario, en ese último grupo y no se trata de legitimar una figura hispana, tristemente célebre, en el contexto histórico de una sangrienta contienda que opuso al aldeano y decadente Imperio Español, aferrado a su última y más venerada joya americana, Cuba, apelando a métodos genocidas como los practicados por Weyler, a los cubanos irredentos, dispuestos a la masiva inmolación de su población, por alcanzar la irrenunciable independencia. Ciertamente Val, España no fue una Madre Patria en aquel Siglo XIX, al actuar como una verdadera Madrastra, pero ¿ Sabe Ud. por qué los cubanos actuales profesamos un cariño filial por España, conservando en América Latina, como ningún otro pais, el culto a la herencia cultural e idiosincrasia española, con instituciones como el Ballet Español de Cuba y compañias de danza canarias, gallegas y de todas las autonomias que habitan el Reino, en todas las provincias ? La culpa es de Marti, el que en su memorable Manifiesto de Montecristi de 25 de marzo de 1895, afirmaba y cito textualmente “La guerra no es contra el español, que, en el seguro de sus hijos y en el acatamiento de la patria que se ganen podrá gozar respetado, y aun amado, de la libertad, que sólo arrollará a los que le salgan, imprevisores, al camino. Los cubanos empezamos la guerra, y los cubanos y los españoles la terminaremos. No nos maltraten, y no se les maltratará. Respeten, y se les respetará. Al acero responda el acero, y la amistad a la amistad.”. Resido en Santa Clara, provincia central de Villa Clara, muy cercana a Cienfuegos, y la que posee la segunda poblacion descendiente de españoles, después de La Habana, según declaró el Embajador de España en reciente visita a la ciudad, de manera que Val, no utilice un órgano de prensa cubano para maltratar nuestra memoria histórica, respete y será respetado, honre nuestros cruelmente inmolados muertos y la mano franca del cubano, siempre le será extendida. Brillante la defensa del autor del articulo y carente de luces, solo innecesarias vulgaridades, el criterio del amigo Machete.

  2. Val solo tienes que mirarle la cara al Weyler ese para ver la cara de hp que tenía. La recocentración fue el antecesor directo de los campos de concentracion de Hitler estoy seguro que si Weyler habría vivido en Alemania en la decada del 40 del siglo 20 habría sido un exelente jefe de Dachau, Auswicht, o Treblinca. Me imagino que alguien que admira tanto al Hp de Weyler sea español no creo que un cubano por muy vendepatria que sea se le ocurra alabar a tamaño HP y sin ser repetitivo por que lo merece. Pregúntese por que carajos Weyler no pudo eliminar la insurreccion independentista Cubana. Asi de simple, no pudo, y los cubanos hicieron la guerra como se hacía la guerra dando machete contra fsiles MAUSER que eran los kalasnikov del fin de siglo 19. Donde quiera que esté el HP de Weyler y no me cabe duda que si el infierno existe estará alli como cliente eterno, debe estar purgando los miles de vidas cubanas que costó su capitanía. Al menos Martinez Campos salía a dirigir tropas cada rato a la campiña de Cuba, que también era un HP pero al menos mas valiente.

  3. No se dice que las medidas que hubo de tomar España en Cuba fueron consecuencia directa de la forma en que los terroristas insurrectos hacían la guerra. Por ello, eso sí es cierto y no lo demás, ya Martínez Campos comentaba antes de renunciar al Mando que habría que aplicar la reconcentración para proteger a los no insurrectos y para evitar que estos últimos aprovechasen la coyuntura. Pero España no pretendía, en absoluto, “aniquilar” a nadie, por lo cual no tiene ningún parecido ni connotación con la salvajada practicada por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. España protegía y trataba de alimentar lo mejor posible a los reconcentrados, en unas medidas duras pero que nunca fueron deseadas por el Gobierno de Cánovas, ni tampoco por el prestigioso General Weyler. Este General fue un constitucionalista que nunca se quiso sublevar en España (en una España de continuos pronunciamientos militares), y era fiel al Gobierno legalmente constituido. En Cuba cumplió con su deber, pero los cubanos y los norteamericanos (que ansiaban Cuba a toda costa) lo criticaron incluso cuando aún iba en el barco que lo transportaba desde España hasta Cuba, hasta el punto de que se ha venido repitiendo lo de “carnicero”, cosa que en ningún momento de su vida y su comportamiento se justifica. Cuba es un lugar querido para todos los españoles, y va siendo hora de hacer justicia a sus hombres. Fue una contienda muy dura y desagradable, en la que los norteamericanos intervinieron incluso al final, no dejando a los valientes cubanos tomar posesión de su propia Isla cuando los americanos vencieron a España. Esos mambises que, como el propio Weyler dice en sus Memorias, luchaban por su libertad. Weyler, por ejemplo, admiraba a Maceo por su valor y sus circunstancias.
    Confiamos desde España en que Cuba alcance libertad plena y la Ley, democráticamente, impere en la Gran Antilla. Solo entonces se podrá investigar a fondo y se comprobará que Weyler fue un general que cumplió con su deber aplicando estrictamente medidas de guerra y acordes a la Constitución. Hágase la luz.

    • Con todo respeto, tal como Ud. nos ha escrito, tengo muchas discrepancias con su opinión histórica, que expone en su comentario. En primer lugar, no sé que es para su concepto “terrorismo”, porque en la guerra de liberación que los mambises cubanos sostenían con España, incendiar campos cañeros para destruir la base económica en Cuba que sostenía a la Corona, y enfrentar principalmente con machetes de labor a los buenos fusiles y otras armas, incluso cañones, de las fuerzas armadas hispanas, es tener mucho coraje y deseos de libertad y no resulta en modo alguno terrorismo, es guerra irregular, pero no terrorismo. Tampoco se asesinaba a prisioneros. En segundo lugar, Martínez Campos no renunció al mando, España lo retiró de Cuba por no haber podido derrotar a Maceo, ni mediante promesas de pacificación en la Guerra de los Diez Años, ni en los campos de batalla ni antes ni después. Dice Ud. bien que antes de salir comentó sobre la necesidad de aplicar la Reconcentración, parece que lo pensó tanto, que al regresar a España e informar a la Corte, planteó allí esa idea, sí terrorista de la Reconcentración, fue su “autor intelectual”, y fue a un sí “duro”, Weyler, a quien encomendaron aplicarla. Si, según Ud. “España no pretendía en absoluto aniquilar a nadie”, ¿con qué objetivo utilizaron esa política de llevar obligados a la ciudades a las familias campesinas y concentrarlos allí?. ¿Dice Ud. que trataba España de protegerlos y alimentarlos lo mejor posible?. ?Cómo y con qué, si ya para entonces estaban al borde, en su Patria, de la escasés financiera que llamaron “el último hombre y la última peseta”?. El saldo de muertes por esa política fue tan crudo que, sólo en mi pequeño municipio de Cienfuegos, en el sur-central cubano, puerto de mar, ese año perecieron de hambre e insalubridad, algo más de 3 mil personas, mujeres y niños principalmente, según el censo poblacional oficial. En toda la isla el número de muertos por hambre y enfermedades curables ascendió a varios miles de personas, civiles todos. Médicos, otros profesionales, marinos extranjeros, intelectuales, políticos, etc., denunciaron ese genocidio, y así lo calificaban. Si eso no tiene una connotación semejante a la salvajada practicada por los alemanes en la II GM., no hay nada más parecido. Dice Ud. que Weyler cumplió la ley constitucional al realizar esa política en Cuba, perdone, pero dudo que en Constitución alguna exista reconocida la facultad de desplazar campesinos de sus medios rurales hacia las ciudades, para impedir que la población rural alimentara a los guerrilleros patriotas, que fue la excusa empleada para aplicarlo. En 1897, el tercer año de la Revolución comenzada en 1895 el Generalísimo Máximo Gómez, aplicó su Campaña de La Reforma en la provincia central de Las Villas, para desgastar al ejército colonialista, ya que se enfrentaba en una correlación de fuerzas de 100 a 1 a favor de España, en un territorio de unos 200 kms.cuadrados. Los mambises se dejaban seguir por los gruesos contingentes ibéricos durante todo el día, y por las noches no los dejaban descansar tiroteando sus campamentos. Las enfermedades tropicales diezmaban las fuerzas hispanas al punto de que contabilizaba unos 200 mil soldados y oficiales enfermos en toda la Isla. Weyler solicitó más hospitales de campaña pero las arcas de la Corona no lograban responder adecuadamente. El Estado madrileño hacía ver en sus órganos de prensa que la guerra finalizaría con prontitud, pero ya todos los españoles sabían que no era cierto y las madres presionaban para el regreso de sus hijos. En el oriente, las fuerzas de Calixto García se encontraban en plena ofensiva y se hicieron dueños de todo el territorio. El balance, negativo para España fue la verdadera causa de que se aplicara la Reconcentración, como última media desesperada. Medida terrorista. La muerte de Cánovas del Castillo, asesinado por el anarquista Angiolillo, en agosto, que provocó una gravísdima crisis política en España, y el ascenso de Sagasta al poder, trajo el repudio universal a la Reconcentración a fines de 1897, y la sustitución de Weyler por Ramón Blanco que aplicó una política completamente distinta a la del capitán general destituído. Todo eso demostraba la brutalidad antihumana de la Reconcentración, y supongo que Weyler perdería todo el “prestigio” que Ud. le concede.
      Por supuesto que en España se siente aprecio por los cubanos y nos desean “libertad y prosperidad”, como Ud. expresa. Nosotros sentimos cariño por los españoles, porque la mayor parte de nosotros tenemos abuelos y bisabuelos españoles, que infinidad de ellos vinieron a Cuba, huyendo de los sorteos de “quintos” para no enrolarse en guerras. Ellos fundaron nuestras familias aqui y por eso los queremos entrañablemente. Pero jamás les escuché los criterios que Ud. tiene, tan arraigados, sobre la “honorabilidad” de Weyler. Muchas otras opiniones tenían, por cierto. Lo que refiere Ud. sobre la política de los norteamricanos respecto a Cuba, es totalmente cierta. Ellos, además, se han coronado como los “terroristas” por antonomasia con la aplicación del bloqueo contra Cuba, a quien no han podido derrotar, tampoco. Porque si ellos resultan tozudos, nosotros, descendientes de españoles, no lo somos menos. Y aquí estamos, por cierto muchos apoyando las acciones libertarias de los admirados catalanes. Un saludo, y gracias por leernos y opinar.
      El autor

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