Reavivan relación de Cienfuegos con primera autodefensa de Fidel previa al Moncada

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El juez José Ramón González Guadarrama muestra la tarja conmemorativa de los sucesos. / Fotos: de la autora
El juez José Ramón González Guadarrama muestra la tarja conmemorativa de los sucesos. / Fotos: de la autora

“El camino siempre nos lleva a alguna parte”, frase epónima del libro del maestro del periodismo Luis Sexto, es consuelo cuando el instinto del oficio olfatea alguna primicia aún difusa o escondida ante aparentes obsolescencias. Con tal eslogan me animé a recontar los hechos de la primera visita de Fidel Castro Ruz a Cienfuegos, el 12 de noviembre de 1950.

Fue a través de la voz de dos veteranos colegas presentes en aquellos hechos: Manuel Varela Pérez y Andrés García Suárez, quienes disertaron sobre aquella manifestación convocada por el alumnado del Instituto de Segunda Enseñanza de Cienfuegos, a la que en son de apoyo y respaldo vinieron desde la capital del país, Fidel Castro y otros líderes estudiantiles como él. Ante la negativa de las autoridades y la persistencia de los jóvenes a ejercer su derecho a la protesta, varios resultaron apresados —entre ellos el futuro jefe del Movimiento 26 de Julio—, y una vez detenidos, fueron remitidos a Santa Clara y puestos a disposición del Tribunal de Urgencia de la Audiencia Provincial de Las Villas.

Esta vez la luz de ulterior camino investigativo me llegó por email. El prestigioso jurista villaclareño José Ramón González Guadarrama, especialista actual del Tribunal Provincial de Villa Clara, a cargo de Formación y Desarrollo profesional y presidente allí del capítulo de la Sociedad Cubana de Ciencias Penales y Criminológicas, reveló la tenencia de un libro sobre el caso, de la autoría de su colega Alfredo Cabrera Pereira.

La comunicación electrónica dio pie a la entrevista personal en el mismo lugar de los antiguos sucesos:

“Atesoramos el facsímil de la causa 543 de 1950, seguida por los delitos de Agitación y Contra el Orden Público, del antes referido tribunal, por la que fueron juzgados Enrique Benavides Santos y Fidel Alejandro Castro Ruz, en juicio celebrado el 14 de diciembre del propio año.

“Habían venido de La Habana bajo los nombres de Ramiro Fernández Pérez (Fidel) y Enrique López García (Benavides) y acompañados por Idalberto Cue, Francisco Valdés, Mauro Hernández y Agustín Valero, dirigentes de diferentes carreras de la Universidad de La Habana para apoyar a los estudiantes cienfuegueros”.

Narra este juez de 68 años de edad, que ante la prohibición del acto sureño, Fidel en persona le exigió al jefe de la Policía, capitán Manuel Pérez Borroto Marrero, en su propia casa, la realización de la actividad, así como al jefe del cuartel del Ejército, quienes en todo momento se opusieron, encaminándose entonces hacia el Ayuntamiento, en cuyo lugar se instalaron los altoparlantes, sillas, etc., y convocaron al pueblo en general:

“Detenidos de inmediato, Fidel y Benavides son trasladados para el Vivac que radicaba en la Calle de Santa Elena (actual Avenida 60), hoy sede del MICONS; un juez de apellido Grave de Peralta los remitió hacia Santa Clara; entonces comienza una trascendental historia.

¿Cómo llega usted a conocer los acontecimientos?

“Alfredo Cabrera Pereira y yo somos cienfuegueros. Al graduarnos de Derecho, estuvimos 20 años en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, luego nos ubicaron en Santa Clara, aquí nos casamos y quedamos a vivir; al conocer los sucesos de marras, nos llaman la atención, pues están implicadas nuestras dos provincias.

“Para indagar concurrimos al colega Benito Besada Ramos, condiscípulo de Fidel y protagonista de los hechos. El documento histórico original de la causa lo había entregado al Consejo de Estado un periodista de un órgano provincial villaclareño; tratamos de recuperarlo, no pudimos, pero teníamos copias y nos dedicamos a indagar con juristas participantes de los hechos, entre ellos el doctor René Morejón, prestigioso profesional cienfueguero, de amplia trayectoria revolucionaria”.

¿Qué detalles relevantes guarda la investigación?

“Cuando Fidel y Benavides fueron trasladados detenidos a Santa Clara, hubo una suerte: el alcalde de Cienfuegos, señor muy bueno, le cayó atrás al carro que los llevaba, y eso impidió maltratos que les hubieran costado la vida a los dos insurrectos, pues él intervino durante una detención del vehículo para atropellarlos.

“Cuando llegaron aquí, el Tribunal de Urgencia es preparado por el gobierno en el poder, el de Carlos Prío. Fidel se llega a casa de su amigo Benito Besada, trae en sus manos el libro ‘Yo acuso’ y le habla de la estrategia de defensa, Benito se dirige a la audiencia, habla con el fiscal, pero regresa con malas nuevas, pues conoce que se les tiene por revoltosos, que era un caso difícil, y entonces Fidel decide que se va a defender y Benito representó a Enrique”.

¿Qué pasó en los días previos al juicio del 14 de diciembre?

“La intervención del líder ortodoxo Eduardo Chivás, que denuncia públicamente el hecho y la detención arbitraria, obligó al gobierno a poner en libertad provisional a dichos jóvenes; entonces Fidel siguió vinculado al movimiento revolucionario”.

¿Y ese día?

“Durante los preparativos se buscó una toga para Fidel, comenzó la vista, lo interrogan como acusado, pero le permiten acceder al estrado y sucede la magia: Fidel comienza un interrogatorio inquisitivo al capitán de la Policía, olvida su propia defensa e imputa a los poderosos, actitud de usurpadores torturadores represores contra el pueblo, el individuo se pone mal, pues en Cienfuegos era sicario, sin embargo el tribunal no retira la palabra a Fidel.

“Habían venido estudiantes sureños a dar apoyo moral, pero en la medida en que transcurre el juicio, se fue llenando la sala, como nunca en un Tribunal de Urgencias”.

¿Cuál fue el resultado de las deliberaciones?

“Los tres jueces se nombraban Armando Rodríguez Valdés, Isidro A. Vilches González y Mario F. Vázquez Martínez; dos votaron por absolver a los encartados y uno solo por su encarcelamiento, el fiscal se abstuvo, y ganaron, fueron liberados, por primera vez que hubo indulgencia en el Tribunal de Urgencias”.

Benito guardó la toga que usó Fidel, pues contaba que intuyó: “…si no lo matan, será un gran líder o una gran figura”. Hoy tenemos esa prenda en el museo Abel Santamaría, de esta ciudad de Santa Clara, donde radicara el Regimiento 3 “Leoncio Vidal”, del ejército de la República neocolonial; allí tienen recursos para conservarla.

“Estamos remodelando la sala donde ocurrió el juicio, el mobiliario y en saludo al 20 de octubre, Día de la Cultura Cubana, la terminaremos,. Haremos una actividad en homenaje a este escenario de un capítulo revelador de la simiente de rebeldía de nuestro pueblo. También cada año, el 14 de diciembre, al conmemorarse aniversario, convocamos a estudiantes de Derecho y juristas en activo a un acto alegórico a la efeméride”.

Imponderables unieron la historia cienfueguera a este pasaje. Me honra una vez más el camino andado, precisamente en el año del cumpleaños 90 del Comandante, es pos de desbrozar el preludio de lo que posteriormente expresaría ante los hechos del Moncada y Bayamo.

Retumbarán nuevamente este 20 de octubre, fiesta de la identidad cubana, los postulados de Fidel que hacen de la cubanía, un orgullo.

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