Ray Donovan: una buena serie y un gran personaje | 5 de Septiembre.
sáb. Dic 14th, 2019

Ray Donovan: una buena serie y un gran personaje

En Ray Donovan el actor Liev Schreiber labra el papel de su vida, amén de que como en otras está detrás de la producción.

Aunque sin los premios de The Affair, la popularidad de Californication o la urgencia social de Billions, Ray Donovan representa una de las series más sólidas producidas por la cadena Showtime durante la década en curso.

El material creado por Ann Biderman es la historia de vida del rudísimo tipo que la nombra, una suerte de delincuente o matón de alto perfil especializado en resolver entuertos en los vip angelinos.

La obra sobresale, a mi juicio, en virtud de dos elementos cardinales. Primero, merced al delineado del personaje central, tras cuya rudeza subyace el turbión emotivo taponado de un hombre que se casó con la proyección de sí mismo que quiso establecer, aunque su procesión vaya por dentro. Ray camufla en alcohol, mujeres, ese perfil “high macho” y su carácter (auto) destructivo el dolor por haber sido abusado sexualmente en la infancia, cuita que lo acompaña en cada momento de su amargada existencia y hecho que le indujo a protegerse, además, mediante ese manto de silencio que lo circunda y le hace inextricable. Liev Schreiber labra aquí el papel de su vida. El actor, como resulta común en estas series de cierta autoría, también en otras, está detrás de la producción. Ray Donovan, la serie y el personaje, son sus criaturas.

Segundo, debido al tratamiento del conflicto filial entre Ray y su padre, Mike, interpretado por Jon Voigth en el que también es el rol de su carrera. Ray y Mike son dos bestias salvajes, pero con postulados éticos y definiciones vitales diferentes, pese a ninguno ser santo. Ray, quien no incurre en las bajezas morales del progenitor, no le perdona los olvidos paternales de la infancia, que muy seguramente condujeron al abuso a él y a su hermano menor por el cura pederasta. Este diferendo total entre ambos genera varios de los momentos de mayor profundidad psicológica y más espléndida base dramática del conflicto.

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