Raúl Roa: Canciller de la Dignidad

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Foto: Internet

Escrito por Alfonso Cadalzo Ruiz.

En un viejo estante conservo las obras que más me interesan. He leído esos libros incontables veces, algunos más de cien, porque cada vez me enseñan algo nuevo. Sus contenidos no cambian, pero quien se sienta a leer, con el tiempo, sí; los años nos hacen ver con mayor profundidad que antes una misma realidad.

Entre mis libros hay uno de portada con fondo naranja publicado por Ediciones Huracán hace casi medio siglo. Lo escribió Raúl Roa García, uno de nuestros intelectuales más destacados durante el siglo XX; en sus páginas cuenta lo acontecido en Cuba a raíz de la caída del tirano Gerardo Machado. En aquel entonces se habían cifrado esperanzas de cambio para el bien nacional y así completar nuestra independencia, al tiempo que emprender un camino conducente a la justicia social; pero como su mismo título sentenció: “La Revolución del ’30 se fue a bolina”.

La anterior referencia viene a propósito porque un día como hoy, 13 de junio, pero en 1959, Fidel depositó en Roa la misión de encabezar nuestra diplomacia revolucionaria. Nadie como él, para aquella tarea.

Abogado de carrera, muy conversador, de carácter modesto y generalmente de buen humor —dicho por quienes lo conocieron personalmente—, le gustaba leer y como a casi todo cubano, la pelota, nuestro deporte nacional. Cercano a Don Fernando Ortiz, mediante él, cifró sólida amistad con el poeta Rubén Martínez Villena y el escritor y periodista Pablo de la Torriente Brau, quienes junto a Julio Antonio Mella encarnaron un punto cimero de la intelectualidad progresista cubana en la primera mitad del siglo pasado.

De estirpe mambisa —por su abuelo Ramón—, resultaron naturales aquellos vínculos de afecto, como haber sido uno de los fundadores del Directorio Estudiantil Universitario; algo tan natural como el hecho de que Fidel, en el primer año del triunfo, lo designara para desempeñarse como Ministro de Relaciones Exteriores. El líder histórico de la Revolución cubana conoció a plenitud la capacidad intelectual y política de Roa. Desde siempre depositó en él su confianza, y Roa, consecuente con sus principios, interpretó el pensamiento de Fidel y fue su más digno difusor en todos los confines del mundo.

Llevó la voz de la Revolución a múltiples foros y desde ellos estrenó un nuevo tipo de diplomacia transparente, sincera y firme como hasta hoy. Fue para él su “retorno a la alborada”, como se titula otro libro suyo que alude a su regreso a la actividad revolucionaria intensa, tal como le sucedió en los años 30; con la misma Revolución que esta vez sí que no se fue a bolina, sino llegó para quedarse, consolidarse y crecer.

Desde 1960 empezó a llamársele Canciller de la Dignidad, un apelativo dado a él por los pueblos latinoamericanos; al hombre que a nombre de Fidel y la Revolución cubana, con valentía y sin tapujos, cantó nuestras verdades con orgullo viril, que habló por los sin voz y dijo lo que otros en el mundo, por temor, jamás se atrevían a decir.

Es célebre su confrontación verbal con Adlai Stevenson, entonces embajador yanqui ante Naciones Unidas, donde acusó al Imperio por dirigir y financiar la invasión mercenaria de Playa Girón. Fueron jornadas para Cuba que, en medio del dolor y la sangre por tantas agresiones, también vibró el fervor patriótico en todos los órdenes, entre ellos nuestra diplomacia.

Entre los mambises de primera línea del siglo XX, Roa fue uno de los seres dignos que junto a Fidel cumplió el legado de Martí al levantar trincheras de ideas junto a las de piedra para combatir en todos los frentes, cada vez que fuera necesario. Junto con la de Cuba, el Canciller de la Dignidad defendió la causa vietnamita y condenó el golpe militar contra Salvador Allende, como las tantas formas solapadas y abiertas de injerencia imperial. La historia de la diplomacia cubana, para ser escrita, precisa de la obra de Raúl Roa García como figura indispensable.

Su trayectoria al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores concluyó en 1976 cuando fue elegido Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, la cual presidió de 1979 a 1981. Miembro del Consejo de Estado de la República de Cuba, Roa fue militante del Partido Comunista de Cuba desde su fundación en 1965 y miembro de su Comité Central hasta su deceso en 1982. Autor de artículos y ensayos, publicó 16 libros que abarcan la crítica en diversos ámbitos, y contenidos que reflejan la solidez de su pensamiento político.

Con su obra literaria e integridad personal, las generaciones de hoy tienen en Raúl Roa García un punto de referencia primordial para entender la historia de Cuba de ayer, hoy y mañana. Lo reiteramos ahora, justo en este día que hace 59 años nuestro líder histórico le dio la tarea que le hizo merecer el apelativo de Canciller de la Dignidad.

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