Raíces de rebeldía del estudiantado cienfueguero

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Las actuales generaciones de estudiantes bebieron de la savia nutricia de aquel estudiantado entre cuyos líderes aquí figuró Carlos Rafael Rodríguez.

Desde los años de la década del 30 del pasado siglo en adelante, la historia de Cienfuegos no puede relatarse sin mencionar la impronta de Carlos Rafael Rodríguez. A pesar de la humildad con que se desempeñó siendo aún un joven estudiante, su participación resultó determinante en la vida política y social del territorio en aquellos años de su juventud cienfueguera y ha dejado huellas palpables en la actualidad.

Siendo un bachiller de apenas 17 años de edad, Carlos Rafael se hizo sentir como luchador contra la dictadura de Gerardo Machado, cuando fue conductor de jóvenes sureños de esa enseñanza en manifestaciones y protestas contra el sátrapa. Y lo era en el colegio privado, religioso, católico, de los Hermanos Maristas (de la orden Champagnat) de Cienfuegos.

Tenía contactos con colegiales de mayor edad, vinculados a los procesos revolucionarios habaneros con anterioridad al asesinato del estudiante Rafael Trejo. Y ocurrido el sangriento hecho, organizó desde Cienfuegos la huelga general del estudiantado cubano para condenar la primera víctima juvenil de la represión del machadato. La muerte de Trejo fue un impacto esclarecedor para aquella masa estudiantil que repercutió en todos los jóvenes que le siguieron.

Una influencia muy positiva ejerció sobre Carlos Rafael, otro joven, poco mayor que él, José Sanjurjo Gómez, vinculado al Partido Comunista. Éste ya era campeón nacional y luego centroamericano de salto de garrocha, y abandonó las glorias deportivas para aceptar el cargo de secretario general del Partido Socialista Popular (PSP) en el territorio sureño. Sanjurjo le prestó libros de Marx, Engels y Lenin, que Carlos Rafael devoró con su pasión por el saber y la justicia social y aplicó esas enseñanzas a la realidad de nuestra ciudad.

Fue así como se convirtió en fundador aquí del Directorio Estudiantil, un grupo pequeño que abarcó a la vanguardia juvenil de esa época ‒principio de los años 30‒ en Cienfuegos, con una experiencia inédita porque estaba integrado por alumnos de una procedencia clasista adinerada en su mayoría, pero que fue puntero contra la dictadura machadista, en alianza con los sindicatos y el movimiento obrero, y evolucionó hacia la izquierda muy rápidamente.

Desde entonces surgió esa alianza estrecha, compacta, entre estudiantes y proletarios en nuestra ciudad. El Directorio Estudiantil tenía tres vertientes: dos de ellas estaban vinculadas a los partidos tradicionalistas en la ciudad, uno de ellos dirigido por René Morejón Castillo, más democrático; otro por el luego dentista Luis Morató Acosta, más neutral; y el tercer grupo, el de los izquierdistas, que lideraba Carlos Rafael. Aquí jugaban un papel más activo y militante, jóvenes ya intelectuales como Raúl Dorticós Torrado y su hermano, muy joven pero brillante también, que después pasaría a dirigir al estudiantado cienfueguero cuando Carlos Rafael fue a la Universidad de La Habana, y muchos años después pasaría a dirigir la República encabezada por Fidel Castro: el compañero Osvaldo Dorticós Torrado.

También había un grupo nacionalista, que se inclinaba algo a la izquierda, presidido por José Rodrigo López González, que al triunfo de la Revolución sería uno de los dirigentes de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) de Cienfuegos.

Igualmente de aquella época son las peculiares raíces de la rebeldía y la conciencia del estudiantado cienfueguero, al que no faltó la orientación de Guiteras, con su Joven Cuba, y de sus dirigentes locales Rogelio Bolufé y Luis Pérez Lozano, caído este último en las acciones del levantamiento del 5 de septiembre de 1957, porque casi todos aquellos combatieron frontalmente también contra el siguiente dictador, Fulgencio Batista.

De esta manera fueron los inicios revolucionarios de Carlos Rafael Rodríguez, que ocupó las más altas responsabilidades en el Partido y el Gobierno cubanos tras el triunfo de la Revolución, hasta su muerte. Y son las raíces de sus seguidores más entusiastas y preclaros.

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