Rafael, quinto centenario del genio renacentista

La celebridad de Rafael (Urbino, 1483-Roma, 1520) se fragua esencialmente, en términos de presente y posteridad históricos,durante las dos décadas que corren a partir de 1500, a inicios del siglo XVI, uno de los momentos de la historia del arte y de la estética cuando las pequeñas y grandes cortes de Europa tenían bajo su égida a creadores cuya obra definían el prestigio, la moda y también el poder. Arrancó en Florencia, para cristalizarse en Roma.

En su Historia Social de la Literatura y el Arte (Editorial Pueblo y Educación, 1976), libro recurrente para quienes en los años 90 estudiábamos carreras de Humanidades en la Universidad de La Habana, Arnold Hauser, suscribe que “cuando Rafael llegó a Florencia en 1504 hacía ya más de un decenio que Lorenzo de Médici había muerto y que sus sucesores habían sido expulsados (…). Pero la transformación del estilo artístico en cortesano, protocolario y estrictamente formal ya estaba iniciada, las líneas fundamentales del nuevo gusto convencional ya estaban fijadas y reconocidas por todos y la evolución podía continuar por el camino iniciado, sin recibir de fuera nuevos estímulos. Rafael no tenía más que seguir esa dirección, que ya se señalaba en las obras de Perugino y Leonardo, y en cuanto artista creador, no podía hacer otra cosa que sumarse a esa tendencia, que era intrínsecamente conservadora por basarse en un canon formal intemporal y abstracto, pero que en aquel momento de la historia de los estilos resultaba progresista. Por lo demás, no faltaban estímulos externos que le impulsaran a mantenerse en esta dirección, aunque ya el movimiento no partía de la misma Florencia. Pero, fuera de Florencia, casi por todas partes gobernaban en Italia familias con pretensiones dinásticas y aires principescos, y ante todo se formó en Roma, alrededor del Papa, una verdadera corte en la que estaban en vigor los mismos ideales sociales que en las demás cortes, que juzgaban el arte y la cultura como elementos de prestigio”.

Lo anterior no implica que Hauser fuese uno de los poquísimos en no tener en buena estima el conjunto de la obra del llamado “príncipe de los pintores”; todo lo contrario, pues considera que sus motivos están tratados de modo mucho más fresco, obvio, natural que en las obras de los maestros del Quattrocento, y que en él posee el pleno Renacimiento un cultor paradigmático.

A través de su período florentino, abarcador hasta 1508, el discípulo mayor de Perugino traba contacto con el arte y los artistas de la época (Leonardo, Miguel Ángel: estudia los cartones, dibujos a escala real, que habían diseñado para preparar las batallas de Anghiari y de Cascina, previo a expresarlas sobre el muro. Como recuerda en un ensayo Ana González Mozo, especialista en pintura italiana del Museo del Prado, esta experiencia influiría en la manera de proyectar internamente sus posteriores obras de mediano y gran formato, visible en su inacabada Madonna del Baldaquino), al tiempo que se especializa en la realización de frescos de vírgenes con niños; así como en la ejecución de retratos, en los cuales introduce la captación psicológica del modelo. La religión (expresó las doctrinas básicas de la Iglesia Cristiana mediante figuras poseedoras de una belleza física digna del arte antiguo) y la representación de la figura humana, especialmente su rostro, son algunos de los elementos característicos impregnados a las imágenes legadas por este referente.

Provisto ya de herramientas formativas esenciales, también de una fama artística que le acompañaba desde la adolescencia, arribará a Roma justo ese año. Son los tiempos del papado de Julio II, quien trabaja en las dos direcciones fundamentales de consolidar el poderío del estado pontificio y en transformar el arte monumental de la Ciudad Eterna. El creador de El entierro de Cristo formaría parte del equipo de luminarias encargado de decorar su residencia. Tanto agradó el arte suyo a Su Santidad, que en breve le encargó a Rafael, en solitario, la tarea de la decoración de todas las salas o stanze. Sobresalen, la Primera Stanza de la Signatura: Disputa del sacramento, Escuela de Ateneas, el Parnaso; la Segunda Stanza de Heliodoro: Misa de Bolsena y la Tercera Stanza de Incendio de Borgo y Sueño de Constantino.

Coronación de la Virgen (Incoronazione della Vergine)

La fama le llevará a decorar con frescos la Villa Farnesina, ejecutando los cartones para una serie de tapices destinados a la Capilla Sixtina por el Papa León X, sucesor de Julio II y uno de los mejores mecenas de Rafael.

El mundo conmemora el quinto centenario de Rafael Sanzio, de extraordinario poder de influencia en la creación artística posterior, fallecido un Viernes Santo, el mismo día de su cumpleaños 37. Su cuerpo fue velado en el Palacio del Vaticano, bajo su última obra maestra, la inconclusa La Transfiguración.

Julio Martínez Molina

Julio Martínez Molina

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Periodista del diario 5 de Septiembre y crítico audiovisual. Miembro de la UPEC, la UNEAC, la FIPRESCI y la Asociación Cubana de la Crítica Cinematográfica

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