Psicología en directo: El efecto Pigmalión

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La educación es un proceso que nos acompaña a lo largo de la vida, desprendiendo una serie de sensaciones de toda índole en nuestra persona y las que nos rodean. Aprender y enseñar no es privativo de un aula, todo contexto de acción humano es idóneo.

La mitología recoge la historia de Pigmalión (rey o escultor dependiendo de la fuente), quien se enamora de una estatua en la cual encuentra la belleza femenina perfecta, por lo cual le ruega a los dioses le otorgaran vida. Luego de concederle su deseo, acontece el casamiento entre el monarca-artista y quien hasta hacía poco era una mujer de piedra. Visto desde la visión romántica, explico la metáfora: extrapolado desde la mitología, llamamos “efecto Pigmalión” a la acción  de hacer valoraciones de forma positiva o negativa, de manera inconsciente, sobre la base de expectativas personales, fundamentadas en ideas elaboradas con una alta carga de juicios afectivos, sustentados a su vez, en lo que nos gusta o no, o simplemente pensamos que está bien o mal.

Por lo tanto, todos nuestros prejuicios y hábitos, de una manera u otra los transmitimos en nuestras explicaciones en clases, en la forma de comunicarnos en casa y en nuestro entorno laboral. En el contexto docente-educativo son comunes por parte de los profesores las manifestaciones “pigmaliónicas”: el solo hecho de relacionar el posible desempeño del estudiante por su físico, procedencia o raza es un ejemplo. Nos queda claro que existe una relación de poder, donde influido por su propia historia de vida, uno de los actores, de forma inconsciente, favorece a quienes son de su agrado en detrimento de los demás.

Los factores presentes podemos identificarlos: 1.- Clima: un buen clima genera expectativas positivas y ello hace que tanto el lenguaje verbal como no verbal refuercen de forma positiva el aprendizaje; 2.- Aporte (Input): le exigimos más a aquellos que creemos que tienen mayor potencial, e inconscientemente se refuerza y motiva para que llegue más lejos en la resolución de problemas; sin embargo, para quienes pensamos de antemano que su potencial es bajo, no reforzamos ni incentivamos su avance; 3.- Oportunidad de respuesta: según nuestras expectativas, al que consideremos de mayor potencial, no le aceptaremos la respuesta fácil y le ayudaremos a responder de una forma más elaborada y completa; 4.- Retroalimentación (Feedback): reforzaremos de forma positiva las respuestas para incentivar la motivación y la autoestima.

Estos factores se presentan de manera contraria en las personas que percibimos con pocas potencialidades, con los cuales crearemos climas desfavorables; las exigencias y la calidad de las tareas serán bajas, favoreciendo canales de comunicación débiles, donde no se constaten de forma real los niveles de desarrollo, pues no se trabaja para favorecerlos, o sea el “efecto Pigmalión” resulta un problema cuando se manifiesta de forma negativa. Aceptar, reconocer posibilidades y limitaciones, potenciar la comunicación desde un clima agradable y de confianza; tratar a todo el mundo por igual, dando las mismas oportunidades, identificar el talento individual real, fomentar resultados individuales y colectivos, fortalecer la autoestima con refuerzos positivos, evitar los discursos negativos y potenciar lo bueno de cada situación, es la clave para evitar “efectos” negativos en la educación. Familia, escuela y sociedad son responsables de influir con amor y sin prejuicios en la construcción cada día de una sociedad mejor… Piénsenlo, piénsalo.

Marlon Frank Espinosa Requesens (psicólogo)

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