Psicología en directo: el duelo psicológico

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Dedicado a mi abuelo Roberto Requesens.

El duelo es uno de los procesos más complicados que enfrentamos en nuestras vidas. La extraña relación de “dolor” que experimentamos es producto de las emociones positivas que sentimos hasta el momento de la pérdida, o sea, el duelo surge por la ausencia de una fuente que valoramos como generadora de sentimientos positivos. Tenemos que querer mucho, para poder somatizar un proceso de duelo. Esta forma particular que tenemos de vivenciar una pérdida no se relaciona solamente con la muerte de una persona allegada; la ruptura de una pareja o la partida de familiares; cambiar de casa e incluso la desaparición de un objeto con el que convivíamos diariamente puede desatar esta condición.

De manera general este proceso atraviesa etapas que son compartidas por todos: 1) negar o evitar la pérdida; 2) fase tormentosa donde por lo general nos inunda la ira, incluso podemos llegar a ser agresivos pues nos sentimos culpables; 3) etapa relacionada con conversaciones internas que tratan de solucionar la pérdida, careciendo de funcionabilidad objetiva ; 4) la tristeza, algo inevitable, mientras más fuerte era el vinculo mayor su intensidad, reforzada por una series de dudas o actividades que ya no podemos hacer o responder, su prolongación en el tiempo da paso a la depresión; 5) asumir la pérdida, dando paso a la aceptación, lo cual debe transcurrir en un periodo que no exceda de los 6 meses (siendo muy conservadores) de lo contrario tomaría una dimensión patológica.

El duelo por fallecimiento es el más conocido. Este está muy vinculado con los elementos socioculturales, así encontramos algunas regiones asiáticas donde la muerte es celebrada, entonces no podemos interpretarla como mismo hacemos con el “duelo convencional” del Occidente.

Existen otras vertientes de duelo; la ruptura de una pareja donde uno de los dos se resiste a aceptar la separación puede dar paso no solo a un proceso de duelo, se puede llegar a padecer estados psicológicos ambivalentes, y periodos de inhibición prolongados dan paso a momentos de excitación desenfrenada que conducen a situaciones que en otras circunstancias no tendrían lugar. En el caso de las relaciones de pareja se describe el “Síndrome de pérdida por abandono”, donde el individuo afectado cae en un círculo vicioso que atenta contra su integridad y la posibilidad  real de seguir adelante. El “Síndrome del nido vacío” es otro generador de este tipo de estados afectivos, normalmente vivenciados por los padres (más común en madres) no solo se vincula al abandono de los hijos del hogar, el matrimonio de estos también puede desencadenarlo. El hecho de sentir suplido el papel de los padres por otros reporta también estas sensaciones negativas de manera prolongada. La forma de combatir el duelo va a estar dada por la capacidad que tengamos de volver a experimentar emociones positivas, de reír, de volver a las dinámicas diarias, de estar menos tiempo alejados de nuestro trabajo, nuestra familia. El acompañamiento es vital para seguir la vida de forma saludable. Derramar lágrimas, por quienes queremos o amamos indica sensibilidad y cariño, los cuales deben ser los impulsores de nuestra recuperación, esa es la mejor manera de decir cuánto amamos a los seres que acabamos de perder… piénsenlo, piénsalo.

Marlon Frank Espinosa Requesens (psicólogo)

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