Primero de dos golpes militares de Batista en menos de seis meses

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De izquierda a derecha, en foto de noviembre de 1933, el ya para entonces coronel y jefe del Ejército, Fulgencio Batista; Blas Hernández (personaje ambivalente luego asesinado por un capitán del propio ejército republicano); y el presidente de la denominada Pentarqía, Ramón Grau San Martín. /Foto: Archivo
De izquierda a derecha, en foto de noviembre de 1933, el ya para entonces coronel y jefe del Ejército, Fulgencio Batista; Blas Hernández (personaje ambivalente luego asesinado por un capitán del propio ejército republicano); y el presidente de la denominada Pentarqía, Ramón Grau San Martín. /Foto: Archivo

Cuando el pueblo cubano, con su potente y sostenida huelga general provoca el desplome de la tiran√≠a de Gerardo Machado aquel 12 de agosto de 1933, se entroniza el caos en el pa√≠s, porque no hay una fuerza pol√≠tica lo suficientemente fuerte para contrarrestar las maniobras del imperialismo norteamericano a trav√©s de su Embajador en La Habana. Existe enorme desempleo, hambre, ira y dolor en el pueblo cubano por los asesinatos impunes a tantos j√≥venes, y hay huelgas por sectores: azucareros, portuarios, campesinos, estudiantes, que est√°n en pie de lucha, pero no lo suficientemente unidos por un ideal com√ļn ni un l√≠der popular que los nucleara.

En los puertos, es imagen com√ļn ver los buques de guerra de Estados Unidos con sus ca√Īones desenfundados y los marines prestos para desembarcar. Hay indisciplina e insubordinaci√≥n en el Ej√©rcito de la Rep√ļblica y todo eso es una mezcla detonante.

En las filas del Ej√©rcito, un grupo de sargentos y cabos en La Habana han formado una llamada Junta de Defensa, que demandan beneficios salariales. Esa Junta es presidida por Jos√© Eleuterio Pedraza, Pablo Rodr√≠guez, Manuel L√≥pez Migoya, Mario Alfonso Hern√°ndez, Fulgencio Batista Zald√≠var. Son hombres y nombres totalmente desconocidos, salidos de las filas castrenses “de abajo”. Pero son los √ļnicos m√°s o menos organizados y planifican dar un golpe de Estado a sus mandos militares para el 8 de septiembre del convulso a√Īo 1933.

Pero el d√≠a 4, uno de aquellos desconocidos, “un sargento taqu√≠grafo llamado Batista”, como escribi√≥ un peri√≥dico despu√©s, acaso por ser el m√°s audaz y ambicioso, hizo ver que “crey√≥ haber sido descubierto” y se adelant√≥ a los dem√°s, y al amanecer del cuarto d√≠a de septiembre encabez√≥ a un grupo de soldados y se apoder√≥ de los mandos del campamento de Columbia, el m√°s importante de la Isla.

Esa misma madrugada, el periodista Sergio Carb√≥, insta a los complotados para que sumen a ese golpe a los estudiantes del Directorio Estudiantil Universitario y as√≠ darle un matiz m√°s pol√≠tico al hecho de singulares ribetes cuartelarios. Se suman algunas personalidades, entre ellos el profesor universitario Ram√≥n Grau San Mart√≠n, m√©dico cl√≠nico y tisi√≥logo ya de alg√ļn renombre, adem√°s profesor de Fisiolog√≠a de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, quien goza de las simpat√≠as del estudiantado.

Ya para el amanecer siguiente, casi todos los distritos militares de la Isla se han unido al grupo que lidera el sargento Batista. Entonces √©ste disuelve el Gobierno Provisional que encabeza Carlos Manuel de C√©spedes, hijo del Padre de la Patria, sin embargo una persona sin car√°cter, un anodino funcionario p√ļblico que ha sido colocado all√≠ por las “fuerzas vivas” de la Naci√≥n, pero no ha sabido ejercer un mandato como necesita el pa√≠s en momentos tales. A comunicarle que ha sido depuesto por decisi√≥n de los militares, va el profesor Grau con otros pol√≠ticos y civiles. C√©spedes le pregunta con qu√© fuerzas cuenta para deponerlo y Grau le responde: “la Junta Revolucionaria la integran, adem√°s de nosotros, todos los soldados, marinos y polic√≠as de la Naci√≥n”.

Sargento taquígrafo Fulgencio Batista, jefe de la asonada militar del 4 de septiembre de 1933. /Foto: Archivo
Sargento taquígrafo Fulgencio Batista, jefe de la asonada militar del 4 de septiembre de 1933. /Foto: Archivo

As√≠ de sencillo resulta el tr√°nsito del ‚Äúsargento taqu√≠grafo‚ÄĚ desde el campamento de Columbia hasta el Palacio Presidencial. El periodista Carb√≥ propone el ascenso de Batista a Coronel, ya que √©l fue quien encabez√≥ la asonada militar (“y le dio la mala a los dem√°s complotados”, agrega por lo bajito). El militar golpista es nombrado jefe del Ej√©rcito.

Pero se necesitaba superar la fase de Junta Militar golpista y pasar a conformar un gobierno de corte civil, porque una treintena de buques de guerra estadounidenses con sus ca√Īones desenfundados hacen oler en el ambiente una pr√≥xima intervenci√≥n al amparo de la Enmienda Platt. Fue entonces que los h√°biles politiqueros proponen como jefe de ese gobierno al m√©dico y profesor Grau San Mart√≠n, quien se ha destacado por posiciones ‚Äúrevolucionarias‚ÄĚ y ser√° aceptado por los estudiantes y por el pueblo. As√≠ sucede, y Grau ‚Äísiempre astuto‚Äí, nombra al limpio rebelde y verdadero revolucionario Antonio Guiteras Holmes, ministro de Gobernaci√≥n, para alcanzar el respaldo popular. De esta manera nace el Gobierno de los Cien D√≠as ‚Äíque no jur√≥ la Constituci√≥n de 1901 porque conten√≠a la Enmienda Platt‚Äí, y formaliz√≥ sus votos ante millares de cubanos concentrados en la explanada frente al Palacio Presidencial.

Pero ya el Gobierno de Estados Unidos ten√≠a en sus manos lo que necesitaba: el verdadero poder en aquella Rep√ļblica en la figura del jefe del Ej√©rcito. Y f√≠jense si eso fue as√≠, que cuando el Gobierno de Grau ‚Äíy en particular Guiteras desde su puesto como Secretario de Gobernaci√≥n‚Äí aprob√≥ leyes de beneficio popular cuyo alcance laceraba intereses de las grandes corporaciones nacionales y extranjeras, entre ellas las de la mal llamada Compa√Ī√≠a “Cubana” de Electricidad, propiedad norteamericana, el 15 de enero de 1934, al d√≠a siguiente de dictarse el Decreto 172 que dispon√≠a la intervenci√≥n de la conocida por el pueblo como ‚Äúpulpo el√©ctrico‚ÄĚ, la c√ļpula castrense dio otro golpe de Estado que derroc√≥ al Gobierno de los Cien D√≠as. Batista cort√≥ el delgado hilo que sosten√≠a el papalote de aquella Rep√ļblica, y “la Revoluci√≥n del 33 se fue a bolina”, como bien lo ilustr√≥ ‚Äíel para entonces intelectual y revolucionario, luego en tiempos de Revoluci√≥n nuestro Canciller de la Dignidad‚Äí Ra√ļl Roa.

Durante toda la Rep√ļblica mediatizada, a partir de la d√©cada de los a√Īos 30, Batista ser√≠a o Jefe del Ej√©rcito o Presidente de la Rep√ļblica, y ya para su otro golpe de Estado, el del 10 de marzo de 1952, ser√≠a el General y dictador omnipotente, hasta que fue derrotado militar y pol√≠ticamente por la Revoluci√≥n encabezada por Fidel Castro en 1959.

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