Primera Declaración de La Habana

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Foto: Archivos

El documento aprobado por más de un millón de cubanos, en representación del resto del país, en la Plaza de la Revolución habanera el dos de septiembre de 1960, tuvo honda repercusión internacional. El documento se denominó Primera Declaración de La Habana y comenzaba diciendo:

“Junto a la imagen y el recuerdo de José Martí, en Cuba, Territorio Libre de América, el pueblo, en una de sus potestades inalienables que dimanan del ejercicio efectivo de la soberanía, expresada en su sufragio directo, universal y público, se ha constituido en Asamblea General Nacional…”

Resultó un documento jurídico, paso ulterior a la radicalización de la Revolución Cubana, que daba respuesta inmediata y justa, oportuna y viril, a la Conferencia de San José, Costa Rica, de tendencia pro-imperialista, que excluyó a Cuba de la podrida Organización de Estados Americanos (OEA), como primer paso para posibilitar la agresión armada de Estaos Unidos.

En la Declaración de La Habana, que hoy recordamos, se plasmó el rompimiento de Cuba con el Tratado Militar con los yanquis que había sido firmado por la dictadura batistiana, a cuyo ejército derrotamos, y Cuba se declaró independiente del intervencionismo norteamericano.  En el documento se condena la dominación política y económica de Estados Unidos sobre los pueblos de América Latina, varios de los cuales han visto invadidos sus suelos y han perdido parte de su territorio, como México, por la voracidad yanqui, o han sufrido vejámenes de los marines contra sus mujeres e hijos y contra los símbolos más altos de sus patrias.

En la Primera Declaración de La Habana se denuncia que la injerencia de EE.UU. se afianza en su superioridad militar y en la firma obligada de tratados desiguales, y en la sumisión al imperio de los gobernantes traidores a sus pueblos, con lo cual el Imperio nos ha convertido en su traspatio y fuente de enriquecimiento para sus monopolios internacionales de capital norteamericano.

También en esa Declaración expresamos el intento de mantener la Doctrina Monroe, utilizada –como lo previó Martí- “para extender el dominio en América de los imperialistas voraces”, y para “inyectar el veneno de los empréstitos, los canales y los ferrocarriles”, como también previó el Apóstol.

La Asamblea General del pueblo cubano también votó por la aceptación agradecida a la Unión Soviética, por su apoyo solidario en lo comercial y en lo militar”. Se reafirma que “la democracia real no es compatible con la oligarquía financiera, con la discriminación y explotación de los pueblos, el latifundio, la desigualdad, las leyes represivas, porque democracia no es sólo el ejercicio del voto electoral, casi siempre ficticio, sino el derecho de los ciudadanos a elegir libremente y decidir sus propios destinos, y ver realizados sus verdaderos derechos humano a la educación, la salud, la seguridad social, la justicia social…”.

Esa valiosa Declaración pública votada por más de un millón de cubanos, expresó a los pueblos la seguridad de que “Cuba no fallará”. Y ello quedó evidenciado cuando casi sesenta años después… ¡aquí estamos! Y ratificando al mundo que continuamos ese compromiso histórico.

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