Preservando la elegancia y la cubanía en el vestir… a cuatro manos

No hubo grandes pretensiones, salvo aquella que los une hace ya 27 años en decenas de desfiles: influir en el buen gusto por el vestir entre sus coetáneos.

No fue una colección creada especialmente para la fecha, ni requirió de grandes recursos —que por cierto no tenían a mano—, tampoco la maduraron durante mucho tiempo, como suele suceder, sin embargo, una vez más los diseñadores Lourdes Trigo y Frank Álvarez coincidieron (acaso sería mejor decir, insistieron en su propósito formador) en esta ocasión, convocados por la Asociación de Artesanos Artistas, en el Centro Cultural de las Artes Benny Moré, a propósito de la Semana de la Cultura Cienfueguera.

A pesar de trabajar en geografías y ámbitos diferentes —Frank creando vestuarios de época para el Ballet Nacional de Cuba, Lourdes siempre reactualizando ancestrales manualidades, con su proyecto Arte Moda, pero centrada en el presente—, una suerte de comunión los une en cada pasarela que planean juntos: modificar el gusto estético en el vestir de cubanas y cubanos.

Así ocurrió cuando mostraron sus diseños en blanco y negro, durante la Semana de la Moda en La Habana, en octubre pasado. Así explicitan a propósito de este desfile, conformado con piezas que constituyen una especie de recuento de sus colecciones recientes, “de muestrario”, apuntaría la diseñadora cienfueguera, premiada por la obra de la vida en la última edición de FIART 2016.

Frank: “Nos entendemos muy bien. La manera de hacer los moldes de ella, en la confección misma, y cómo armamos ‘el muñeco’, poner de ella y de mí para coincidir en el acto creativo”, resume una especie de curaduría para cada desfile concebido a cuatro manos.

Lourdes: “Yo respeto mucho su estilo, que es muy diferente al mío, por eso creo que llevamos casi tres décadas juntos”.

Frank: “Hago mis propias telas, o sea, esbozo estampados y las entinto, y de ahí parto a elaborar las piezas. Lourdes trabaja con diversidad de tejidos industriales y le pone su creatividad, rescatando tradiciones del crochet, las alforzas, bordados, bieses”, una de las singularidades de sus confecciones por la que mereciera en 2006 el Premio por la Excelencia de la UNESCO.

¿Qué los identifica entonces?

Lourdes: “las tendencias. Ambos creamos por tendencias. Esta colección es una muestra de ello. Es una pasarela informativa, conformada desde lo comercial, y teniendo como propósito el público joven, orientarlo. Comenzó el año y no había podido hacer ningún desfile, y usualmente tengo muchos en mi local de Arte Moda en el Boulevard, que está en un proceso reconstructivo, pero no quería dejar pasar la ocasión de la Semana de la Cultura”, acota la modista.

Sin embargo, los desafíos del vestir no son los mismos desde que comenzaron allá por los 90… ¿Cuáles impone el presente, con toda una apertura del mercado de ofertas importadas en negocios particulares?

Frank: Justamente ese es nuestro trabajo, insistir en estas presentaciones para que los jóvenes, mayores consumidores de la moda, se den cuenta de que lo que hacemos, es lo que se lleva mundialmente, por supuesto adaptado a nuestra economía y clima”.

Pululan “boutiques”, tiendas de ropa “de afuera”, que más que informar, desinforman, que más que vestir, desvisten…

Lourdes: “Por eso concebimos estos desfiles, para demostrar que hay una percepción equivocada de que lo foráneo es lo de calidad, es lo bueno y lo que se usa, cuando en su mayoría está pasado de moda, fuera de los cánones estéticos, ajeno a nuestra idiosincrasia, con letreros, brillos… recargados. La gente tiene que saber que existe un grupo de diseñadores cubanos que hace un gran trabajo, defendiendo la elegancia y comodidad, nuestra identidad, y que perfectamente la industria nacional podría darnos los espacios correspondientes para producir y mostrarnos”.

¿Cuando crea para espacios fuera del escenario, usted tiene la misma percepción?

Frank: “Sí, pero cuesta trabajo que se dejen guiar. La silueta cambia y cuando la toman, ya cambió. Puede ser una cuestión de recursos, pero la mayoría utiliza ese dinero para adquirir lo que venden por ahí, que es un espanto, mientras pueden usarlo en comprar algo bien hecho. La mayoría no va a los desfiles, sino que ven lo que se puso fulano —pantalones enseñando un calzoncillo—, y eso es lo que imitan”.

Lourdes: “Es un problema de mentalidad. Se ha creado el falso concepto de que lo que importa es lo o-ri-gi-nal, de- mar-ca- y no se dan cuenta de que lo verdaderamente único sería impagable para la mayoría de los cubanos, y que lo que hacemos nosotros, que no producimos en serie, sino en piezas limitadas, a veces únicas, eso es lo verdaderamente original. El trabajo es duro, es difícil, pero hay que hacerlo poco a poco, depurar en el gusto estético de la población”.

¿Lo han logrado?

Frank: “Hubo un momento cuando lo logramos en el país. En los años 80 la Plaza de la Catedral impuso una moda cubana, donde se preferían los tejidos nacionales, las guarachas, los entintados y los cintos de cuero y otros accesorios manufacturados”.

Lourdes: “Tuvimos un fuerte movimiento de modistas en Cienfuegos en esos mismos años —1985—, que marcaron tendencia desde el Fondo Cubano de Bienes Culturales. Ahora, de alguna manera, siento que lo estoy logrando. Llevo cinco años en la tienda sede de mi proyecto Arte Moda, y ya tengo clientela, y eso me da la medida de que se puede con tiempo y paciencia… La calidad y la diferencia que nos marcan, van sentando precedentes”.

Para ambos creadores la apertura hacia otros mercados, al mundo, entraña nuevos escollos: el del esnobismo, la presunción de lo extranjero como superior, patrones que se entronizan con la seducción visual-global-mediática, también importada.

Contra todo lo cual, defienden Lourdes y Frank que vestirse no es frivolidad, sino necesidad estética, también confort e identidad. En la capital lo hace Frank, desde los vestuarios con los que el Ballet Nacional de Cuba nos representa en todo el mundo, y con sus colecciones “tendencia”, fuera de los escenarios. Lo hace nuestra Lourdes, tantas veces premiada.

Ambos ahora con este desfile que a propósito del cumpleaños 198 de la ciudad, volvieron a unirse a cuatro manos en defensa del buen gusto en el vestir de los cubanos.

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