¿Por qué fuman donde prohíben fumar?

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¿De qué valen tantas legislaciones o mensajes de bien público, cuando falta rigor en el cumplimiento de lo hasta hoy establecido?/Foto: Tomada de internet.

El humo de su cigarro desacata las restricciones. Las señales prohibitivas sobre paredes y puertas del centro de salud, se evaporan en esas volutas que asaltan, desobedientes, al espacio común. Todo allí le resulta invisible e insignificante, sin reparar en el porqué de la tos desenfrenada que, de pronto, casi asfixia a su enfermo. Nada ni nadie le censuran; mucho menos un simple letrero.

Sucede en escuelas, comercios, centros de servicios, y hasta en los establecimientos donde expenden gas licuado. No importan los riesgos o peligros para la vida. Tampoco las normas que lo impiden. Las bocanadas cargan el aire, en violación, incluso, de las disposiciones emitidas al respecto por el Consejo de Ministros y el Ministerio de Salud Pública en Cuba.

En noviembre de 2005, la resolución No. 360 del Minsap estableció la prohibición de “fumar o mantener encendido cualquier derivado del tabaco en todas las instituciones del Sistema Nacional de Salud”. Este dictamen no solo afectó a sus trabajadores, sino a los pacientes, acompañantes y visitantes que, de forma permanente u ocasional, se hallaran en sus unidades.

Un mes después, el acuerdo No. 5570 del Consejo de Ministros refrendó entonces la normativa anterior, al decretar la misma restricción en locales públicos cerrados sin áreas creadas para tales efectos, con énfasis en los medios masivos de transportación, instituciones educacionales, de la Salud e instalaciones deportivas. Por el cumplimiento de lo dispuesto, quedaron responsabilizados, en ambos casos, directivos y funcionarios de los organismos afines.

Si en realidad se fuera tan apegado a las reglas —como debería ser—, “otro gallo cantaría”. No le basta al país con participar del Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco (CMCT OMS), cuando en la práctica no existe control absoluto sobre las resoluciones y acuerdos aprobados, en respuesta a la lucha mundial contra la epidemia del tabaquismo.

La burla cotidiana a los espacios declarados Libres de Humo, sin mecanismos que sancionen a los infractores, empaña las obligaciones y esfuerzos del Estado cubano en aras de contribuir a la cesación tabáquica y fomentar estilos de vida adecuados a nivel social. Asegurar ambientes 100 por ciento libres de humo de tabaco, no solo pasa por la declaratoria formal y las necesarias señalizaciones; precisa, además, el compromiso de protegerse a sí mismos y a los otros.

Según especialistas del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología (Cephem) en Cienfuegos, alrededor de 570 centros, servicios y departamentos de Salud están reconocidos aquí como lugares Libres de Humo. Otras 217 organizaciones laborales presumen de dicha condición en el territorio y consta el propósito de sumar más al movimiento. Pero de lo que se trata, al margen de las cifras, es de la validez y pertinencia real de estos sitios.

Para los no fumadores pareciera, a veces, no existir salvación en ninguna parte. Datos de la Organización Mundial de la Salud ubican a Cuba en el tercer puesto entre las naciones de América Latina con tasas elevadas en la prevalencia del tabaquismo (35,2 por ciento), solo precedida por Bolivia y Chile. La tendencia, de 2010 a la fecha, se comporta de manera ascendente, con un notable incremento de los adictos al cigarro, sobre todo en edades jóvenes.

No obstante, son los fumadores pasivos los más perjudicados. De acuerdo con estudios de varias agencias y organismos internacionales, el fumador solo aspira el 15 por ciento del humo del cigarro; el otro 85 por ciento lo expulsa y es inhalado por las personas a su alrededor. La OMS completa esta tesis al subrayar en sus investigaciones que el humo que produce un cigarrillo encendido resulta más tóxico que aquel que el fumador consume.

Cáncer, diabetes, trastornos respiratorios y patologías cardiovasculares clasifican entre el medio centenar de enfermedades asociadas al consumo del tabaco, al extremo de constituir un factor determinante en ocho de las diez primeras causas de muerte en el archipiélago. Las estadísticas del Minsap revelan la gravedad del asunto: unos 13 mil cubanos fallecen cada año por padecimientos vinculados a esta adicción y de ellos, casi mil 500 lo hacen por exposición al humo de tabaco ajeno.

Durante los últimos tiempos, mucho se ha discutido en el país sobre la conveniencia de una ley antitabáquica que garantice el desarrollo de cada una de las estrategias derivadas del Programa Nacional de Prevención y Control del Tabaquismo. Se ha señalado, incluso, la ineficacia de las acciones comunicativas. Sin embargo, ¿de qué valen tantas legislaciones o mensajes de bien público, cuando falta rigor en el cumplimiento de lo hasta hoy establecido? Toca, primero, cuidar de aquellos espacios declarados Libres de Humo, no sea que muten, definitivamente, en otra de nuestras muy cubanas formalidades.

5 Comentarios

  1. Lo dijo Albert Einstein: “Nada destruye más el respeto por el Gobierno y por la ley de un país, que la aprobación de leyes que no pueden ponerse en ejecución.”
    Invito a la reflexión ahora y felicito además, al autor de este trabajo.

    • Gracias Delvis, por la parte que me toca, la leyes en Cuba es tema para otro comentario, hoy se intenta resolver todo a base de leyes, como si de veras fuera la solución, cuando apenas respetamos las que existen.

  2. Por la misma razon, ya nadie respeta la ley y mucho menos hay inspectores para hacer que se cumpla, se llama indiciplina social, corrupcion, eso la verdad NO TIENE NOMBRE, porque pasa en cualquier sector de la sociedad CUBANA.

  3. Respuesta a la pregunta del titulo: Por lo mismo que el Rapido del bulevar se llena de delincuentes que desplazan a las familias y personas decentes. Por lo mismo que la gente anda por la calle con bocinas a todo volumen., Por lo mismo que pulula la indisciplina en las colas. Por lo mismo que los revendedores tienen jabas y otros articulos de primera necesidad y las tiendas no. Por lo mismo que la indisciplina y la indecencia (basta ya de llamarle falta de valores) campea donde quiera. Por lo mismo que los carretilleros le triplican el precio a una mercancia. Y lo mismo se llama IMPUNIDAD Y FALTA DE CONTROL.

    • A sus argumentos habría que añadir, más allá de la evidente irresponsabilidad y descontrol de las instituciones encargadas de velar por estos espacios, la vista gorda de nosotros mismos ante este tipo de conductas. Gracias por comentar.

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