¿Por qué Bad Bunny es tan “caro”?
vie. Dic 6th, 2019

¿Por qué Bad Bunny es tan “caro”?

Un Conejito Malo ha invadido cuanto espacio público existe hoy en este archipiélago y, por si fuera poco, con un producto que lleva por título “Caro”, pero que muchos siguen “comprando”. /Foto: Tomada de Internet.

Un Conejito Malo ha invadido cuanto espacio público existe hoy en este archipiélago y, por si fuera poco, con un producto que lleva por título “Caro”, pero que muchos siguen “comprando”. /Foto: Tomada de Internet.

La interrogación quizás resulte pueril, pero no lo es: detrás de ella queda enmascarada una problemática que no solo afecta a los adolescentes, jóvenes y adultos que edulcoran al rapero, sino también a los que se oponen a su bombardeo diario en casas y avenidas. Sí: Bad Bunny designa a un hacedor de rap cruzado con reguetón; uno “malo” (Bad), bajo el fetiche de un conejito (Bunny) en inglés. Pues entérese: un Conejo Malo ha invadido cuanto espacio público existe hoy en este archipiélago y por si fuera poco, con un producto que lleva por título “Caro”, pero que muchos siguen “comprando”.

A la pieza musical del lepórido boricua –quizá no la más soez de su catálogo– hay que cogerla también con pinzas; intentar meter la mano en sus vísceras y sacarla luego, en lo posible, sin las toxinas que estas expelen.

De lejos se nota que mi flow es caro, eh/ Que con nadie me comparo… Así inicia el ametrallamiento; con el usual autobombo y explosión ególatra propia del género. La letra, sola, dice bien poco sin el acompañamiento del video musical; más polémico incluso que la canción, al cual –varios medios de difusión– insisten en aplaudir debido a ciertos elementos estéticamente “raros” colocados allí, impropios del reguetón (la atmósfera afeminada, la diversidad humana y sexual, los gestos, los colores, etc.).

Puede ser un ejercicio muy sano no dejar que nuestra hipocresía moral hable por nosotros, sino detenernos y mirar el fenómeno desde diferentes lugares. ¿No queremos vestir con ropa cara? ¿No queremos ser modelo de revista, aunque seamos sobrepeso o escuálidas? ¿No queremos ser feliz? ¿No ostentamos? Esas preguntas podrían ser un buen comienzo para entender de dónde sale Bad Bunny, quién lo produce y quiénes lo consumimos a él o a otro un poquito más adecentado que nos vende lo mismo, en forma de balada o salsa…”, expresó sobre este asunto Gloria Chávez, una usuaria de la red social Facebook, plataforma de interacción idónea si queremos realizar estudios sobre los efectos del reguetón en Cuba y el mundo.

Ella incluso puede tener razón. Pero, de qué le sirve a Bad Bunny ese “atrevimiento” estético visual cuando prosigue con un: ¿Qué carajo’ te importa a ti? / Vive tu vida, yo vivo la mía/ Criticar sin dar ejemplo, qué jodí’a manía /Por solo ser yo y no como se suponía. Qué tipo de “ejemplo” le da a los que aceptan la diversidad sexual; a los afeminados, al síndrome Down, a la Drag Queen y a todos sus fanáticos, cuando él (como director general del producto) hace núcleo a la lujuria montando un Ferrari. ¡Y aún se atreve a preguntarle a la humanidad en el minuto 2:33 del audiovisual!: Por qué no puedo ser así, / en qué te hago daño a ti/ en qué te hago daño a ti/ Yo solamente soy feliz/ Por qué no puedo ser así.

No se deje engañar por el Conejo: al cachumbambé de su felicidad le está poniendo un precio monetario con mayúscula sostenida; un pasado y un presente que lo define todo, seas afeminado, gay, lesbiana, negro, blanco, síndrome… Antes mami decía: “Está to’ caro”, eh/ Eso’ tiempo’ se acabaron/ Yo soy como Durant, yo la cojo y va pa’l aro.

Para mayor dolor de cabeza, existen medios de comunicación tan poco sagaces como para afirmar que: “Bad Bunny se aleja de los arquetipos machistas del género para normalizar el colectivo LGTBI, empoderar a la mujer (ya lo hizo en otro video, Solo de mí) y visibilizar ese lado femenino que todos los hombres tenemos. Temas tabúes para muchos de sus compañeros de profesión. Esperemos que canciones como esta sean solo el principio de un cambio de mentalidad en el que concibamos el género urbano como un estilo libre de machismo y exclusiones sociales”, sin apuntar ni un solo momento a la superficialidad, la estigmatizada realidad –con un video atiborrado de colores pasteles– metiendo así, a la cañona, una comunidad que está lejos de ser entendida solo de esa forma.

La canción y su compañero visual, a mi juicio, transitan con más penas que glorias; la “sorpresa” que aprecian sus seguidores deviene tan desaliñada y burda, como cualquiera de las otras producciones, suyas y de sus compinches.

En Cuba, este archipiélago que aún defiende su rico legado musical, la tonadilla mercachifle de Bad Bunny no solo es cara: es carísima para todos aquellos que amamos las buenas melodías, los tonos, composiciones; que muchas veces sin nacer de pito o de flauta, no requieren ni pizca de dinero.

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4 comentarios en “¿Por qué Bad Bunny es tan “caro”?

  1. Su música a contaminado el oído de nuestros adolescentes y jóvenes, ya no saben distinguir lo que es una buena música, abria que ver psicológicamente cuanto puede afectar esto a una persona, creo que pudiera tornarla violenta inclusive rebelde, hace que pierda valores y solo por seguir la letra de ” una canción ” que no comunica nada positivo, una letra tan vacía, esperemos que los programas musicales que RTV Comercial ofrece como nueva opción influya para rescatar a estos jóvenes perdidos

  2. Muy bueno el reportaje, pero quieres oir una que da pena y es de nosotros mismos que cuando la escuché me indigné tanto que apagué la radio en su espacio de los domingos de las 11 am que tanto me gusta. Elito Revé y su charangón, “la guagua”. Da pena una canción asi y mas cuando leía el otro día un artículo que despedazaban a Edith Mazola por su autobombo en su cumpleaños.

    1. Sin dudas, mi querida Cienfueguera: la paleta musical que se escucha en las calles hoy día está muy deprimida.
      Además, le digo, el Autobombo de la Massola bien puede clasificar como primogénito del “Caro” de Bad Bunny.
      Seguiré “chapeando” estas letras, para al fin y al cabo demostrar desde dentro hacia fuera, lo que algunos pasan por alto.

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