Playa Girón: hombres contra bestias
mar. Jul 23rd, 2019

Playa Girón: hombres contra bestias

Los restos del camión y de criaturas inocentes destrozadas cayeron sobre nuestras improvisadas trincheras. La indignación creció en el pecho de todos y elevó nuestra decisión de aplastar a aquellas bestias que invadían Cuba por Playa Girón./Foto: Tomada de Cubadebate

Los restos del camión y de criaturas inocentes destrozadas cayeron sobre nuestras improvisadas trincheras. La indignación creció en el pecho de todos y elevó nuestra decisión de aplastar a aquellas bestias que invadían Cuba por Playa Girón./Foto: Tomada de Cubadebate

Eran hombres comunes y corrientes, cienfuegueros revolucionarios, eso sí, milicianos que lucharon heroicamente en los combates de Playa Girón, aquel abril de gloria de 1961, y que aún ahora recuerdan los sucesos…

“Los mercenarios traían unos reflectores potentes que iluminaban la carretera por donde veníamos avanzando en los camiones desde el central ‘Australia’, en nuestra precipitada salida hacia Playa Larga. El enemigo tenía unas ametralladoras calibre 50, emplazadas de modo tal que barrían la cinta de asfalto. Nos sorprendieron al entrar a una curva donde estaba un gran cartel, una valla del INRA, en la carretera de Australia a Playa Larga. En el primer camión estaba el jefe de la Compañía No. 2, Carlos Clemente Carralero, al que llamaban ‘Oriente’, Quintana y muchos otros. Recibieron el primer impacto brutal de la 50. Los hombres se lanzan a buscar posiciones.

“La compañía de Carlos Cerero la dirige Pedro López, quien trata de alentar a sus hombres, disparando de pie y gritándoles: ‘¡Uno se muere una sola vez!’. Constantemente escuchábamos muy cerca un morterazo, un bazucazo y aquellas 50 que ‘peinaban’ a ras del suelo y nada firme donde parapetarnos. El combate duró toda la madrugada. Ni los mercenarios avanzaban, ni nosotros retrocedíamos, pero era imposible adelantar. No obstante los detuvimos con nuestras pequeñas armas de infantería; los paramos pese a su maquinaria de guerra moderna que utilizaban a plenitud. Por eso dicen mis compañeros que los paramos más con nuestros ‘pantalones’ que con nuestras ‘armitas’. Verdad que no eran tan pequeñas, porque eran subametralladoras checas, pero no bastaban para lo que traía aquella gente. Los reflectores buscaban a sus víctimas.

Foto: Ernesto Fernández
Foto: Ernesto Fernández

“Al amanecer, sin haber aclarado aún, apareció un avión Sea Fury cubano que bombardeó a los barcos enemigos. Allí quedaría embarrancado el ‘Houston’ que Fidel acabaría de hundir el día 19 con el cañón del tanque que tripulaba. Pero eso sería el día 19, porque ahora, amanecer del 17, la cosa estaba muy mala.

“Aparecieron otros B-26 con insignias cubanas que nos ametrallaron a nosotros. Esto nos causaba una enorme confusión, hasta que comprendimos que las insignias eran falsas, era un camuflaje para engañarnos. Ya a las ocho de la mañana, nuestros hombres iban cayendo uno tras otro, muertos o heridos. Cerca de mi matan a Alfredo Placeres y acto seguido José Luis Chaviano corre a tomar la BZ que aquel tenía; dispara la primera ráfaga y también cae fulminado. Viene herido un compañero, está tinto en sangre pero sigue disparando… Allí permanece hasta que lo bajo para que no acaben de rematarlo.

La invasión a Playa Girón trunca los sueños de unos zapaticos blancos

“Viene un camión por carretera que da a Soplillar. Trae sábanas blancas visibles. Son civiles, familias que traen niños y mujeres de la zona. Escucho desde las líneas del enemigo como ordenan el alto al fuego. Se dieron cuenta de que eran civiles y que traían niños en el medio de transporte –pienso– e interiormente les concedo un reconocimiento por ese gesto humanista de respetarles las vidas. El camión continúa su lenta marcha hasta el momento que, cerca de nuestras posiciones, el enemigo les dispara un certero bazucazo. Los restos del camión y de aquellas criaturas inocentes destrozadas, caen sobre nuestras improvisadas trincheras. Todavía no me repongo del hecho, y la indignación creció tanto en el pecho de todos, que elevó nuestra decisión de aplastar a aquellas bestias.

Poco después conocimos que en aquel camión viajaba la familia de la ‘niña de los zapaticos blancos‘, inertes sobre la carretera.

“Poco después resulta mortalmente herido Jesús Villafuerte Vázquez, combatía al lado de su padre, quien tratara de llegar hasta él, sin conseguir alcanzarlo de inmediato. Cuando logró acercársele, el hijo agonizaba. Lo viró ‘de cara al sol’ y poco después pudo sacarlo del lugar para conducirlo al pueblo más cercano, en busca de la madre y demás familiares… ¡Regresó para seguir combatiendo y vengar así el fallecmiento de su hijo!

Combate de ¡Patria o Muerte!

“Los mercenarios traían expertos tiradores. Había uno que estaba cazándome y lo advertí, porque cada vez que me movía de posición sus disparos me rozaban. Logré localizarlo y a partir de ese momento nos disparamos ‘personalmente’. Como las líneas estaban tan cerca, nos gritábamos desde ambos bandos. En un instante, el individuo y yo cogimos tal acaloramiento que perdiendo toda noción de dónde estábamos, nos paramos y corrimos para entablar un combate cuerpo a cuerpo. A él le tocó caer, pero antes logró herirme en la cabeza. El balazo me aturdió completamente pero no caí, seguí disparando de pie y me dieron dos balazos más. Hasta ese momento participé en el combate. Luego supe que donde caí había una niña escondida, tendría unos 11 ó 12 años, era de las supervivientes del camión explotado y fue a pedirle ayuda a los compañeros que me sacaron…”.

(Gregorio González Soriano, combatiente. Entrevista del autor, 1981).

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Les di el alto, gritamos ¡Patria o Muerte! y disparamos

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